Obituario: Luis Espada, un defensor de la integridad del toro.

Su etapa en el palco, de 1986 a 1997, se convirtió en un movimiento social en defensa de la integridad del toro.

Por Antonio Lorca.

A los 43 años se convirtió en el comisario más joven de España; en la localidad menorquina de Ciudadela presidió su primer festejo, y también ejerció como autoridad taurina en Toledo antes de ser destinado a Madrid, donde asumió la jefatura de espectáculos taurinos y fue nombrado presidente de Las Ventas en 1986.

En octubre de 2019 reconocía en este periódico que no había visto muchos festejos cuando subió al palco madrileño, y que era aficionado, “pero no un gran aficionado”, añadía. Pero tuvo claro desde el principio que su cometido era defender los derechos de todos los integrantes del sector desde el principio básico y fundamental de que el toro es la base principal del espectáculo, “y si carece de la dignidad requerida se resiente la fiesta al completo”, decía.

Así, con este sencillo y exigente planteamiento de salida, Luis Espada se erigió pronto en el referente que la fiesta necesitaba en la plaza más importante. Fue el creador y organizador de las jornadas para presidentes y delegados gubernativos, aún vigentes. Ejerció como escritor, conferenciante y tertuliano reclamado por peñas, asociaciones y universidades para hablar de toros. Recibió muchos reconocimientos y premios por su labor; entre ellos, el Luis Mazzantini, en 1997, que le otorgó el círculo universitario del mismo nombre, que preside Javier López-Galiacho.

Riguroso con los ganaderos y con los toreros, Espada contó muchas tardes con el beneplácito de la afición, y otras aguantó las broncas del público, discordante con sus decisiones. Como aquel 23 de mayo de 1996, en la decimotercera corrida de San Isidro, la famosa tarde de los quites entre Joselito y Enrique Ponce, en la que le negó la oreja en el último toro a Rivera Ordóñez, quien confirmaba la alternativa. Mientras el tendido 7 y la andanada del 8 cantaban “Eso es un presidente, eso es un presidente”, la crispación del resto de la plaza subió de tono, y el presidente tuvo que ser escoltado por la policía para salir de la plaza.

Partidario de Paco Camino, recordaba con admiración a Victorino Martín, Antonio Ordóñez, Rafael de Paula, Julio Robles, y de los toreros actuales, a Curro Díaz y Diego Urdiales.

Luis Espada pasó los últimos años de su vida alejado del mundo de los toros, pero con las mismas convicciones que lo hicieron famoso: “Llegué al palco convencido de que este espectáculo tan grandioso pierde su identidad si el protagonista es un inválido. Sin toro no hay fiesta”, decía en 2019. En la hora del adiós, quede el homenaje de respeto y admiración a un presidente íntegro, cuya labor marcó una época en la reciente historia del toreo.

Publicado en El País

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