Pandemia taurina (2): el drama del toro bravo es que hoy no vale lo que cuesta criarlo.

Los ganaderos, ante un serio dilema: lidiar a precios indignos o enviar sus productos al matadero.

Por Antonio Lorca.

Un conocido ganadero de reses encastadas se debate en la amarga disyuntiva de enviar sus toros al matadero o venderlos por los 1.500 euros que algunos empresarios de plazas de tercera le ofrecen. Le parece indigno cobrar 9.000 euros por una corrida que le ha costado, como mínimo, 27.000 euros (4.500 por cada animal) criarla y mimarla durante cuatro años.

El asunto le ha provocado un hondo desánimo, y por primera vez en su larga vida como taurino honesto dice que se plantea con seriedad tirar la toalla.

Pero la queja del ganadero desanimado va a más: de los 9.000 euros que le ofertan debe pagar el 4 por ciento al veedor, práctica habitual en el negocio taurino, a lo que hay que añadir la incertidumbre que con frecuencia se plantea a la hora del cobro, cuando el empresario exige una rebaja en lo pactado alegando razones de una taquilla poco frecuentada por el público.

Pero hay un ejemplo, entre otros muchos, más despiadado.

Javier Núñez, ganadero de La Palmosilla, cuenta su historia:

“Solo he lidiado una corrida este año porque lo que me han ofrecido ha sido a un precio tan bajo, tan bajo, que no he podido aceptar por dignidad; mi postura es inflexible, pero es muy duro rebajarte a las pretensiones de ese canibalismo”.

Pregunta. ¿Le han llegado a ofrecer 9.000 euros por seis toros?

Respuesta. “Nueve mil euros y menos; ocho mil, siete mil y hasta seis mil euros…”

Prosigue Núñez que el año pasado mató 180 animales entre cinqueños, cuatreños y utreros. Algunos los probó en el campo y eligió 14 sementales, y el resto lo envió directamente al matadero.

De hecho, para esta temporada solo cuenta con tres corridas, de las que solo ha lidiado una, y para 2022 contará con ocho y la esperanza de que el sector se normalice.

“Las circunstancias económicas de las ganaderías son nefastas”, añade, “y es una empresa absolutamente inviable si no se cuenta con otros ingresos”.

Antonio Bañuelos, presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia (UCTL) reconoce que, por desgracia, estos no son casos aislados, y ofrece una explicación coherente.

“La oferta de toros sigue siendo mayor que la demanda; hay muchos toros en el campo, y ganaderos presos de la desesperación y el nerviosismo, lo que provoca que las negociaciones de venta se puedan plantear a muy bajo coste”.

“A principios de año”, continua, “hubo un planteamiento de la Unión de Villas Taurinas francesas en el que los ganaderos se comprometían a rebajar sus honorarios de 2019 en la proporción en la que se redujera el aforo en el momento del festejo. Y el acuerdo se ha cumplido. En nuestro país impera un desorden total”.

“Algunos criadores quieren simplemente ver lidiar sus toros en la plaza”, prosigue, “y para ello aceptan precios irrisorios antes que llevarlos al matadero”.

El exceso de oferta y los bajos precios son consecuencia directa de la pandemia, agravada ahora por la limitación de los aforos de las plazas.

“La incidencia es muy grave”, insiste Bañuelos, “aunque es difícil de cuantificar porque cada día se produce una negociación diferente; de cualquier modo, me atrevo a afirmar que la rebaja actual del precio de un toro está por encima del 50 por ciento de su valor”. Y concluye: “Hoy no se paga en España ningún toro por la cuantía real de su coste”.

Victorino Martín, presidente de la Fundación Toro de Lidia (FTL) y uno de los ganaderos más afamados, tercia en el debate y añade nuevos vértices. “La repercusión económica es muy seria porque los ganaderos llevamos casi dos años sin ingresos regularizados”, afirma, “y ha vuelto la actividad, pero no la normalidad”. Insiste Victorino en los ecos de la pandemia y la fuerte crisis actual, “que hacen que se pierdan los hábitos, y que el público tenga miedo y tome precauciones a la hora de asistir a grandes eventos, como es un festejo taurino”.

Coincide con Bañuelos en el exceso de oferta, y aclara que “en la mejor de las circunstancias, no cobras igual con los tendidos llenos al cien por cien que a la mitad, aunque no hay un patrón fijo y cada negociación es particular en función del cartel, el hierro ganadero y la categoría de la plaza”.

Publicado en El País

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