La Feria de Otoño, un atípico ciclo taurino en una temporada lastrada por la pandemia.

Las plazas de Madrid y Sevilla abren sus puertas tras casi dos años de cierre total.

Por Antonio Lorca.

Comienza este viernes en la plaza de Las Ventas la Feria de Otoño, un ciclo atípico en esta extraña temporada de la era poscovid. Seis corridas y tres novilladas durante tres fines de semana culminarán un largo tiempo de sequía taurina en la capital, que comenzó en octubre de 2019 y se extendió hasta el pasado 2 de mayo, cuando la Comunidad de Madrid organizó un festival.

Estos festejos madrileños coinciden en el tiempo con la Feria de San Miguel —del 18 de septiembre al 3 de octubre— en la Maestranza, también cerrada durante dos años.

Madrid y Sevilla son la parte más visible de la peor cornada que ha sufrido la tauromaquia en toda su historia. Ha habido festejos este año, (“Ha vuelto la actividad, pero no la normalidad”, repite Victorino Martín, ganadero y presidente de la Fundación Toro de Lidia), pero la fiesta no ha despertado de verdad hasta que la brisa del río Guadalquivir no ha entrado por la Puerta del Príncipe, y desde la calle de Alcalá se vislumbran los tendidos de Las Ventas.

Se dice que ha pasado lo peor; que el enfermo, tan achacoso por patologías propias, ha salido de la UCI tras la aparatosa y dañina voltereta de la pandemia. Pero aún no se sabe cuánto durará la rehabilitación y si la recuperación será total y definitiva.

De momento, en 2021 se volvieron a suspender los principales ciclos taurinos: las Fallas, la Feria de Abril, San Isidro, los Sanfermines, las Corridas Generales de Bilbao y, recientemente, se ha anunciado que tampoco se celebrará la feria taurina del Pilar de Zaragoza.

Y lo peor no es eso. Lo más grave es el daño profundo que la pandemia ha asestado a la tauromaquia en el ánimo y en los bolsillos de todos sus integrantes: toreros, ganaderos, empresarios y aficionados.

Así, el futuro es una incógnita. ¿Volverán los toros a ser lo que eran en 2019, cuando ya sufrían los avatares de los muy serios problemas internos, los ataques de los antitaurinos, el avance acelerado de los animalistas y el abandono o el silencio pasivo del Gobierno central y muchas administraciones autonómicas, provinciales y locales?

Nadie lo sabe. Lo único cierto es que la fiesta de los toros ha vuelto cuajada de achaques y disminuida por la limitación de aforos y la crisis económica.

Los primeros damnificados han sido y siguen siendo los ganaderos. Los datos son estremecedores, y dan una idea muy aproximada de los efectos del devastador tsunami que ha supuesto la pandemia. En 2020, se celebraron en España 99 festejos mayores (corridas, novilladas, rejoneo y festivales) frente a los 1.425 del año anterior, lo que supuso una bajada del 90%, y el número de reses lidiadas pasó de 7.200 a 549, según datos de la Unión de Criadores de Toros de Lidia (UCTL).

Si se tiene en cuenta que la crianza de un toro oscila entre los 4.500 y 5.000 euros y el precio de la carne no alcanza más allá de un euro por kilo, las pérdidas económicas se presumen muy abultadas.

El presidente de la UCTL, Antonio Bañuelos, no ha dudado en calificar la situación de “ruinosa”, si bien aclara que los ganaderos deben equilibrar la oferta a la demanda, “y es el momento de reducir la cabaña brava”.

Esta situación ha supuesto una durísima sacudida para las 347 ganaderías de la UCTL, las más reconocidas del mercado, y las 750 restantes, integradas en otras cuatro organizaciones diferentes.

Bañuelos se lamentaba recientemente de que “hoy, no se paga ningún toro por costo real de su crianza”, y algunos ganaderos se ha quejado en este periódico de los precios que les habían ofrecido por una corrida: desde 9.000 hasta los 6.000 euros, lo que da una idea del problema real del sector, que en su mayoría ha optado por enviar los toros al matadero.

Los toreros

Otro sector muy afectado es el de los toreros, muchos de los cuales no han vuelto a vestir el traje de oro o plata desde el inicio de la pandemia; y los que han tenido la oportunidad de hacer el paseíllo han debido aceptar condiciones económicas desconocidas hasta el momento.

La limitación de los aforos de las plazas, impuesta por la situación sanitaria, ha mermado los ingresos por taquilla, y, en consecuencia, los emolumentos de los toreros. En líneas generales, todos han debido reducir sus salarios un 50%, y muchos de ellos deben conformarse con los mínimos que establece el convenio nacional taurino; y aún quedan algunos, que no son pocos, que torean gratis o corren con sus propios gastos.

José Pedro Prados El Fundi, presidente de la Unión de Toreros, aseguraba hace unos días en este periódico que la limitación de aforos está afectando “muchísimo al caché de los toreros”. “Las figuras deben rebajar sus pretensiones, y los que más torean es porque se ajustan a las circunstancias, y eso es lo que hay”, añadía.

Los empresarios, por su parte, están convencidos de que este no es un momento para ganar, sino para no perder y garantizar el futuro.

En estas circunstancias, las empresas de Sevilla y Madrid han abierto sus puertas convencidas de que la crisis económica y el recelo que aún provoca la pandemia dificultarán que se acabe el papel en las taquillas a pesar de que La Maestranza pone a la venta el 60% del aforo, y el 50% en Las Ventas. Se da la circunstancia de que en ambas comunidades está permitido el 75%, que las empresas no pueden aplicar al estar distribuidas las entradas sobre el aforo autorizado en el momento de su puesta a la venta.

Así, hoy comienza la Feria de Otoño y continua la de San Miguel, aunque el tiempo dirá si las aguas vuelven a su cauce en 2022 o se cumplen los negativos augurios de Ramón Valencia, empresario de La Maestranza: “La Feria de Abril del próximo año deberá quedar reducida a poco más de una semana de toros”, decía en una reciente reunión con medios de comunicación; y añadía que “esto [el negocio taurino] tiene que ir a menos porque tantas corridas no se sostienen económicamente”.

Lo que no dice Valencia ni ANOET, la patronal que agrupa a los organizadores de festejos, es qué medidas van a poner en marcha para evitar la huida de los aficionados de las colas de las taquillas.

Todo hace pensar que cuando la pandemia sea historia, permanecerán los muchos y graves problemas que aquejan a la fiesta de los toros y ponen en peligro la recuperación y el futuro.

Publicado en El País

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