La Fiesta está viva: 700 días.

¿Cuando piensan abrir la Monumental Plaza México?

Por Rafael Cué.

Tuvieron que pasar más de setecientos días para que la Real Maestranza de Caballería de Sevilla abriera sus puertas, una vez más, para celebrar una corrida de toros. Conocemos de sobra que el primer cierre, en 2019 no tenía objeción, el Covid nos abrumó, ultrajó y quitó la vida a muchos seres humanos. Lo más importante en ese momento era la salud, la perspectiva del valor de la vida nos hizo priorizar.

Llegaron las vacunas, la cotidianeidad comenzó a ajustarse a la imperiosa necesidad de retomar la vida con la mayor normalidad prudente posible. Sorprendente y desilusionante fue la cancelación de la Feria de Abril de este año, si bien había reducción de aforo, fue un atentado hacia el aficionado y el toreo no darla. Si las figuras no hubiesen “jalado” la baraja está llena de toreros capaces, con calidad que merecen entrar en Sevilla. Pero como el “hubiera” no existe y la Feria de Abril no se dio, no tiene sentido ponernos pesados en el tema.

De alguna manera el anuncio de la Feria de San Miguel resarció la herida emocional de 700 noches con el albero en penumbra. Menuda feria, carteles cuajados, bien combinados, lo mejor de lo mejor en toros y toreros. Doce corridas de toros y dos novilladas.

El sábado pasado se abrió el cerrojo, tarde preciosa sevillana, sol, calor y color. Ambientazo de toros, la reventa por las nubes y el “No hay billetes” en las taquillas. Hispanos, mexicanos, peruanos, colombianos, ecuatorianos, franceses y alguno que otro japonés con arte adornaron los tendidos. El paseíllo se detuvo a medio ruedo, solemnes se desmonteraron los toreros, se escuchó el himno de España, orgullo a flor de piel para los hispanos que no rehúyen sus orígenes ni tradiciones y mucho menos su cultura. Continuó el desfile de toreros y al llegar a la barrera se guardó un minuto de silencio por las víctimas de Covid. Emocionante, todos hemos perdido seres queridos, no faltó el tonto de turno que rompió el silencio, pero no el momento. Tras el homenaje a los fallecidos, sonó la banda, la que mejor suena en plazas de toros, no hay nada igual, aunque este año el director que tiene potestad de parar la música si la faena decae, ha tomado un protagonismo absurdo, dejando ver que es buen director pero mal aficionado.

Morante de la Puebla, Andrés Roca Rey y Pablo Aguado hicieron los honores y dieron una gran tarde ante toros de Victoriano del Río. La devoción que tiene la afición sevillana por Morante es palpable, y cómo no tenerla, si el de la Puebla es un genio de nuestra época, que tiene la tauromaquia dentro y la interpreta a su manera evocando las distintas épocas del toreo. Artista, poderoso, valiente y natural; con su primero nada pudo hacer salvo demostrar que nada había qué hacer ante las condiciones de ese toro. A su segundo le tuvo confianza y con eso elevó la fe y devoción de los buenos aficionados del mundo. Se llevó el toro a los medios y ahí dibujó el toreo, encajado, firmes los talones en el dorado albero maestrante. Con la cintura, templa; con la palma de la mano, acaricia tanto a su muleta como a la bravura de los toros. No hay quien componga con más profundidad y empaque en el toreo. Lo suyo, es hacernos felices viéndole torear, salgan o no las cosas, pero es que cuando salen arrebata el alma, estruja el corazón. Pocos toros le embisten, sin embargo Morante siempre torea.

Roca Rey es la máxima figura del momento, es quien bajo el conjuro de su nombre agota las taquillas. Buen lote, mala espada. Su primero un toro de bandera, lo cuajó, lo toreó por bajo de aquí hasta allá. Su toreo puede tener más seguidores de “despeñaperros pa´rriba”, pero no deja de ser rotundo y placentero. Con su segundo que no valía nada se pegó un arrimón de miedo, de ponerse de pie. Eso es ser figura.

Pablo Aguado es un torero distinto, su naturalidad inunda de clase y buen gusto los ruedos. Desgraciadamente en un toro ajeno, al cortar el viaje del animal sufrió una lesión de rodilla que le aquejaba hace tiempo. Le infiltraron y mató sus dos toros. Actitud sin suerte, detalles que no se olvidan. Ha cortado la temporada.

El domingo hicieron el paseíllo “El Fandi”, que pasó sin pena ni gloria. Manzanares que cuajó una buena faena a su primero y con su segundo echó mano de oficio. Qué personalidad tiene el alicantino, torero de Sevilla, torero universal. El trianero Juan Ortega con siete años de alternativa debutó en la Maestranza y tan sólo con el recibimiento a su primero por verónicas, detuvo el tiempo, renació la esencia del arte del toreo y todos recargamos el alma con el incomparable placer de ver torear de esa manera. Elegante, fino, artista y muy templado. Torea como los ángeles. Pureza en sus formas, la sencillez y rotundidad de prescindir de efectismos. El toreo en estado puro.

Hoy reinicia la actividad sevillana, mientras en México seguimos preguntándonos ¿cuándo piensan abrir la Monumental? Los novilleros mexicanos triunfan en España y queremos verlos en su tierra: Isaac Fonseca, Miguel Aguilar, Arturo Gilio, Diego San Román. Aquí están esperándolos con el cuchillo entre los dientes: Héctor Gutiérrez, Juan Pedro Llaguno, Juan Querencia, Sebastián Ibelles, Cristian Antar, José Miguel Arellano, Eduardo Neyra, José Sainz, Alejandro Adame, Alberto Ortega, Julián Garibay, José María Mendoza… ¿Sigo?

Publicado en El Financiero

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