Feria de Otoño – Ferrera se estrella en su encerrona en Las Ventas: una oreja, siete toros, un fracaso.

Ferrera se estrella en su encerrona en Las Ventas: una oreja, siete toros, un fracaso. Sólo consigue una oreja en el sobrero de regalo e intentó regalar uno más que la Autoridad le negó.

Por Gonzalo I. Bienvenida.

Con paso ligero, casi militar, enfiló el paseíllo solitario Antonio Ferrera. La lluvia del mediodía dio paso a un día inestable, en el que los claros se colaban entre los nubarrones. La sonada apuesta salió al revés. Era difícil otra cosa. Aquella primera ovación, compartida con los componentes de las tres cuadrillas, sólo sería igualada durante la tarde gracias a algunos subalternos. El picador Antonio Prieto en el segundo, José Manuel Montoliu -que se libró de milagro de un percance mayor- y Fernando Sánchez.

Trató de salvar los muebles en el sobrero de regalo, de la ganadería de Pallarés. Le hizo las cosas a favor en el capote y fue con el único con el que cogió las banderillas -sólo un par- ya que compartió el tercio con Fernando Sánchez, Joao Ferreira y José Chacón. El santacoloma iba y venía con son pero sin mucha acometividad. El extremeño le dio distancia, lo toreó a su altura y firmó la tanda sobre la derecha más lograda de la tarde. Cambio de pitón en otra buena serie, con detalles por bajo hacia los adentros muy jaleados. Los muletazos por alto, a dos manos, tuvieron poso e inteligencia por ganar terreno hacia las tablas. Final compacto y medido en el que el bonachón pallarés se entregó. Descolgó en la estocada corta al encuentro. Ferrera se agarró a la oreja cárdena como si fuera un salvavidas.

Atrás habían quedado dos horas y medias de sopor. En ocasiones porque sus locas ideas en Madrid no caen bien como pretendió que el caballo de la puerta no saliera o que alguno de los toros se arrancara desde el burladero del 10. En otras por su desacertado manejo de los aceros. La sensación era que el gran espectáculo que nos habían vendido quedaba deslavazado, desordenado y sin argumentos.

La corrida de Adolfo Martín -bien presentada, prácticamente cinqueña, seria por delante- tuvo tres toros complicados que fueron primero, tercero y cuarto. Tobilleros, orientados y duros. Abrevió AF con buen criterio. También hubo dos toros notables, el segundo con el que Ferrera estuvo centrado pero la espada se le fue baja, quizá en este habría cortado una oreja. El otro fue el quinto, con el que empezó bien pero en cuanto quiso torear sin la ayuda, empezaron los enganchones, los cambios de terreno, las dudas y los pases sin ton ni son. El sexto no tuvo mala condición pero cantó demasiado pronto la gallina. Una broma de cámara oculta pareció cuando Antonio Ferrera pidió el segundo sobrero, a lo que la Autoridad con buen criterio le puso cabeza frenando la salida del octavo toro, que se llegó a anunciar con la tablilla.

Publicado en El Mundo

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