Feria de Otoño: Ferrera y Adolfo, petardo en una plaza de talanqueras.

Por Alejandro Martínez.

Esta es la crónica de un final anunciado. El amargo relato de una plaza, antaño referencia, que ha acabado convertida en una plaza de pueblo. Si el pasado jueves era el crítico taurino de este diario, Antonio Lorca, el que titulaba La Maestranza es una portátil, tras la undécima corrida de la Feria de San Miguel de Sevilla, esta tarde fue el turno de Madrid. Las Ventas ha degenerado de tal forma que cuesta diferenciarla de una plaza de talanqueras.

Y es muy triste. Y grave, muy grave. En un momento como el actual, en el que la fiesta de los toros comienza a ver la luz, tras la estocada casi mortal de la pandemia, la tauromaquia no puede permitirse perder su faro de referencia. Pero quizás ya es demasiado tarde. Porque poco o nada queda de aquella plaza que daba y quitaba, de esa que medía con rigor y exigencia a los distintos protagonistas de este espectáculo.

Ahora Madrid lo jalea y aplaude todo. Da igual cómo esté colocado el torero o la forma en la que ejecute los lances y muletazos. O cómo se pique, banderilleé o se mate al toro. Todo vale. Los aficionados entendidos y exigentes han desaparecido, y su lugar lo ocupa un público que busca la diversión y el triunfo fácil.

Todo esto explica el que Antonio Ferrera se marchara con una oreja y entre aplausos tras fracasar estrepitosamente en su encerrona con los toros de Adolfo Martín. En otros tiempos, tras semejante actuación, lo que habría escuchado de camino a la furgoneta habría sido una bronca.

Porque el trofeo que obtuvo en el tiempo de descuento no puede ni debe maquillar el petardo que protagonizó. Un petardo compartido, eso sí, con el ganadero Adolfo Martín. Ni uno solo de los seis toros que lidió aprobó el examen de la lidia. ¡Qué falta de casta!, ¡qué sosería!, ¡qué vulgaridad! Una corrida que fue de menos a nada, y que terminó con un quinto toro que se derrumbó al inicio de la faena y un sexto que se acabó rajando con descaro.

Pero ahí no acabó la historia. Entre la sorpresa general, y con la noche ya cerrada, a Ferrera se le ocurrió pedir el sobrero (después pediría también el segundo, ante la negativa presidencial). No había tenido bastante con seis. Así que salió el séptimo, con el hierro de Pallarés, y lo recibió con un puñado de telonazos que el público acogió con regocijo. Y, tras un discreto tercio de varas, cogió las banderillas y las compartió con varios miembros de su cuadrilla: Fernando Sánchez, José Chacón y Joao Diego Ferreira, que clavó un par monumental.

Con la muleta, y ante un animal noble y soso, toreó a media altura, con la muleta casi siempre retrasada, muchas veces descolocado. No remató ni un solo muletazo, pero dio igual. Como igual dio que la estocada no fuera perfecta. No podía marcharse de vacío.

Antes, frente a los seis titulares, solo había conseguido saludar una ovación tras la lidia del segundo, un astado noble, descastado y de corto recorrido, como todos. Situado junto al tendido tres, Ferrera se colocó de frente y citó siempre con la muleta muy retrasada. Y, así, al unipase construyó una labor en la que únicamente destacaron un puñado de naturales limpios y templados. Tres. A lo sumo, cuatro.

El resto fue la nada más absoluta. Un desierto de emociones en el que se lucieron los hombres de plata. Fernando Sánchez, Javier Valdeoro, José Chacón, José Manuel Montoliú y Joao Diego Ferreira tuvieron que desmonterarse tras brillar con los palos. Y alguno de ellos casi lo paga caro. Fue el caso de Montoliú, que, tras un gran par de Sánchez, y en un gesto de amor propio, se la jugó de verdad ante un toro parado que le acabó cogiendo de mala manera, afortunadamente sin consecuencias. Torería, que se llamó siempre…

Adolfo Martín / Antonio Ferrera

Toros de Adolfo Martín, desiguales de presentación, serios por delante, pero algunos muy justos de remate, y muy descastados; y un sobrero (7º) de Pallarés, correcto de presentación, noble y soso.

Antonio Ferrera: dos pinchazos, estocada corta perpendicular y atravesada y dos descabellos (silencio); (aviso) bajonazo (saludos tras leve petición de oreja); dos pinchazos y estocada caída (silencio); pinchazo, pinchazo hondo caído, cinco descabellos (aviso) y otro descabello (silencio); dos pinchazos (aviso) y estocada ligeramente tendida y atravesada (silencio); pinchazo, pinchazo hondo (aviso), dos pinchazos y tres descabellos (silencio); media estocada algo tendida y atravesada (oreja).

Plaza de toros de Las Ventas. Domingo, 3 de octubre. 6ª de la Feria de Otoño. Unos tres cuartos de entrada (sobre un aforo máximo permitido del 50%).

Publicado en El País

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