Dos siglos de Caganchos.

Por Manuel Bohórquez.

El pasado 23 de enero se cumplieron doscientos años del nacimiento de Antonio Rodríguez Moreno, Tío Antonio Cagancho, cantaor y esquilador gitano, padre del también cantaor Manuel Cagancho y bisabuelo paterno del torero trianero del mismo remoquete artístico.

Desconozco si en Triana han conmemorado o van a conmemorar esta efemérides, los dos siglos del primer Cagancho de la historia del cante andaluz, gitano o flamenco. En noviembre habrá unas jornadas en Triana sobre la soleá y no sé si se habrán acordado de Tío Antonio Cagancho, que aunque no fue un Silverio o un Chacón, sí fue quien inició la dinastía cantaora de esta familia de herreros de la Cava Gitana trianera. Es de los cantaores más primitivos del arrabal sevillano. Emparentado con los cantaores Juan el Pelao y Francisco la Perla, este Cagancho fue un gitano muy apreciado en el barrio hasta su muerte, en 1890.

Murió justamente el año del nacimiento de la Niña de los Peines, luego era muy antiguo. Dicen que fue discípulo de Frasco el Colorao, pero lo cierto es que, según mis investigaciones, no tuvo contacto con él hasta los 24 años, luego ya cantaría y tendría un estilo. No se conocen cantaores en Triana, salvo el Fillo, en los años en que Tío Cagancho se estaría formando como cantaor. El Planeta y el Fillo pudieron tener alguna influencia en su formación cantaora, pero es algo que no se puede asegurar. Evidentemente el patriarca de los Cagancho aprendería en su propia casa y en las tabernas y fiestas del barrio. Cuando el flamenco empezó a asomar la cabeza, a mediados del siglo XIX, vino al mundo Manuel Rodríguez García, Señó Manué Cagancho, gitano fragüero que alcanzó mucha fama en el barrio y fuera del arrabal. Fue uno de los grandes seguiriyeros de su tiempo, de la altura del jerezano Manuel Molina y el portuense Tomás el Nitri.

Chacón solía ir a escucharlo con su amigo el torero sevillano Antonio Fuentes, porque crujía por seguiriyas y tenía un metal de voz impresionante. Existen dos cilindros de cera de Manuel Cagancho, uno con una soleá y otro con una seguiriya, y ahí se puede apreciar bien su calidad cantaora. Así que si el hijo de Tío Antonio cantaba más o menos como su padre, está claro que el patriarca tuvo que ser fantástico. Cuentan que su nieto el cantaor Joaquín Cagancho, hijo de Manuel y padre del torero, tenía su metal de voz, un sonido metálico que se metía en los huesos.

Por tanto, está por hacerse un estudio en profundidad del cante de esta familia de gitanos trianeros, y a lo mejor podría haberse programado algo en honor de ella en las jornadas dedicadas al entrañable Ángel Bautista, que tendrán lugar en noviembre.

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