Morante, el broche de oro del número uno.

El torero de la Puebla sale a hombros con Emilio de Justo y Diego Urdiales en el cierre de su gran temporada.

Por Gonzalo Bienvenida.

La Peña Morante de la Puebla de Arenas de San Pedro le dio al maestro en la última corrida de su temporada más redonda un trofeo de metacrilato en forma de número 1, que no habrá estantería que lo soporte. Como no se puede aguantar la inmensa torería de Morante en cada gesto, en cada lance, en cada uno de sus pasos en el ruedo. Morante cerró su temporada española entre la genialidad y la polémica. Apostó con un primer toro de Torrestrella, nada fácil. Lo recibió rodilla en tierra, quitó con las vueltas del capote y le buscó las vueltas con toda la gracia del mundo. El intenso arranque con ayudados por alto vino de soberbios naturales con mando, con ajuste. Por el derecho se vencía pero no se cansó el cigarrero ganándole la cara, ignorando los derrotes a destiempo. Concluyó con unos molinetes muy personales, con una rodilla en tierra (dos orejas).

Se devolvió el cuarto, de San Pelayo y salió un sobrero del mismo hierro que arrastró las patas traseras. El presidente, con sus prisas, decidió devolverlo también ante la incredulidad de profesionales y aficionados. No conseguían meter al toro en los chiqueros, entonces Morante decidió salir a ver si se le había pasado el calambre. Embistió con vibración a las telas del sevillano que lo condujo a chiqueros sin efecto. Morante empezó a hacer gestos al presidente para lidiar al toro y le indicó gráficamente: echó mano al pañuelo de su chaquetilla y escenificó de forma versallesca la aparición del pañuelo sobre el palco. Entre risas, el presidente hizo caso. Apareció la caballería para continuar la lidia como si nada. Toda la espera, pa’ná Se dobló con él, como para quitarle las moscas pero algo vio en la mansedumbre para cambiar el estoque por la ayuda y ponerse con todo su aplomo, con toda su verdad. Se fajó con él, como enésima muestra de su compromiso en este 2021. Le consintió muchísimo (oreja).

La temporada de Diego Urdiales ha sido la más extensa de su carrera. El riojano ha conseguido entrar en muchas plazas hasta ahora bloqueadas para su pureza por los bajos intereses del toreo. Muy seria fue su actuación ante el rebrincado segundo de Torrestrella, al que trató con una suavidad inmerecida (oreja) . Encontró el pulso al informal quinto, del Capea, que no tuvo dos embestidas iguales. Al natural logró momentos de extraordinario poso. Faena basada en ese pitón, complementada con preciosos detalles toreros (dos orejas tras aviso).

Emilio de Justo recuperó la tradicional imagen que se daba en la Feria del Pilar: el matador brindó a toda la cuadrilla el último toro de la temporada. Además, ha sido crucial para su carrera con las dos Puertas Grandes de Madrid y las dos orejas al victorino de Sevilla. Aquel último, de la familia Gutiérrez Lorenzo, fue el más enclasado de la tarde. De Justo lo toreó a placer, especialmente con la mano izquierda. La contundencia estoqueadora que ha desarrollado este año no le acompañó esta vez (palmas). Sí lo hizo en la redonda faena al bravo tercero, que fue un torrente de acometividad. De Justo, muy encajado, lo cuajó sobre la mano derecha en una faena que abrochó por manoletinas (dos orejas).

El corazón del Tiétar se estremeció con el broche eterno de la temporada para enmarcar de Morante de la Puebla.

Publicado en El Mundo.

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