La Suerte de Varas evoluciona para bien con la nueva puya.

 

Por José Mª Moreno Bermejo

Quizás haya que revisar parte de lo publicado hasta ahora sobre la suerte de varas, y considerar los nuevos estudios que sobre la misma que se están realizando. Es lógico y necesario que los aficionados nos involucremos en la realidad que nos ofrecen nuevos conceptos y resultados derivados de la intensidad investigadora de personas calificadas, tenaces y honestas que buscan el beneficio no propio, sino general de la fiesta brava.

Debemos estar de acuerdo en que la actual situación de la corrida está muy deteriorada por varias causas, toros febles que no admiten, lo que debería ser un examen previo, un mínimo castigo necesario para el ahorme y adecuación de la embestida, porque se caen sólo con topar contra el peto. Toreros de nula responsabilidad que permiten la acción inadecuada de sus picadores para reducir el poder de la res. Jueces de festejos que toleran la ejecución casi letal que se produce en encuentros violentos sin medida, arte, técnica e incluso sin sometimiento a los reglamentos. Público que se deleita en los marronazos de los picadores, que no sabe dónde hay que picar, cuánto hay que picar y para qué sirve la suerte de picar…

Dada la pérdida de poder de los toros que actualmente se crían, y que están logrando los ganaderos que se someten a las órdenes del mundo del taurineo (apoderados, toreros, empresarios egoístas), la suerte de varas parece que no tiene más salida que la de cambiar suficientemente para adaptarse a los tiempos sin abjurar de sus fundamentos. Por ello parece conveniente considerar la nueva puya en todas las plaza que evite el deterioro que provoca la actual, por la mala utilización de la misma, principalmente. Nos referimos a la puya piramidal de base cuadrada, que muestra bastantes ventajas sobre la de base triangular.

PUYA DE BASE PIRAMIDAL CUADRADA

Picadores de antaño me hicieron notar cómo rehuían la colocación de la puya en el morrillo ya que ahí era más difícil clavar por la dureza de la piel. Esa circunstancia es una de las que inciden en la colocación del puyazo fuera de ese entorno natural en el que debería situarse siempre la acción del castigo a la res. El picador teme no «meter las cuerdas» y se va a una diana más generosa. Recordemos que el puyazo no debe aplicarse en la zona llamada de la cruz, ni, lógicamente, más atrás de ella, ya que el castigo afectaría a los músculos que regulan el movimiento del toro, produciendo molestias que impiden la armónica traslación de sus embestidas.

Hay que tener en cuenta que para realizar una suerte artística no sólo me refiero a la colocación de la puya, sino que contemplo otros muchos puntos de importancia: cita, recibo, temple, largada, medición del castigo, etc. Ahora mi parecer sobre la nueva puya, porque creo que es una opción que beneficiará a la actual suerte de varas, y porque su aplicación no debería producir rechazo alguno entre los gremios de toreros y picadores. Bueno, de los toreros nos podemos esperar cualquier cosa, como las desafortunadas opiniones de algunos matadores que están en contra de ellas. Lamentablemente los matadores que lideran el escalafón, que se arrogan el derecho a determinar que la faena de muleta es la base del toreo actual y que lo demás sobra; un tercio solo, el de muerte, el que va preterido por unas interminables y anodinas faenas de muleta, la mayoría de ellas a toro muerto (sin poder alguno) no se dan cuenta de que esos muletazos, aunque a veces sean artísticos, largos y templados, no emocionan a la mayoría de los aficionados (o a muchos), que nos aburrimos viendo pasar a un animal medio muerto, cuasi domesticado, que ha sido tratado con rigor (y a veces sin medida) en varas para evitar la necesaria lidia y permitir esos mil muletazos que denigran la génesis de la corrida. 

¿Qué aporta la puya piramidal de base cuadrada? ¿Cumple esta puya los requisitos necesarios para realizar una Suerte de varas adecuada? Estas son las preguntas que hay que hacerse para justificar un cambio. Tras oír las explicaciones de varios ganaderos, picadores e incluso toreros, hemos quedado convencidos de que el picar con la puya de base cuadrada sólo aporta beneficios a la lidia, a la integridad del toro y a la estética de la corrida; y evita sangrados alarmantes, daños musculares, otros en el sistema nervioso, y los que a veces se provocan de índole neumológico. Y pensamos, además, que también afectaría positivamente al psiquis de la res por recibir un castigo menos violento y más fácilmente regulable.

Si aceptamos que la secreciones de opiáceos, endorfinas y demás anodinos que evitan, o palían, el dolor al burel durante la lidia, se produce no sólo por la acción de puyas y banderillas, sino que empiezan a aparecer por requerimiento del estrés que soporta el toro desde que sale a la plaza (y antes, claro); si como han investigado algunos veterinarios la secreción más intensa aparece al herir la piel, donde se concentran receptores nerviosos, es lógico que no haya necesidad de ahondar la herida producida por el puyazo, por lo que acortar la puya puede ser una innovación muy aceptable ya que no permitiría deteriores importantes en el poder de la res; evitaría el lamentable espectáculo de los sangrados alarmantes; sería más difícil afectar músculos locomotores, vértebras y riego sanguíneo; facilitaría la dosificación del castigo y el incremento del número de entradas al caballo (posibilitando el tercio de quites). En resumen, permitiría una lidia menos cruenta sin disminuir su belleza, efectividad y emoción.

El gravísimo problema de la actual manera de picar estriba en las afecciones que los puyazos producen en músculos, vértebras y en la psiquis del toro. No sólo se deja de picar en «su sitio» (el morrillo), sino que al picar trasero se llega a afectar miembros que el animal necesita para desarrollar un movimiento armónico durante la lidia. La reducción del tamaño de la puya es necesaria, y según los estudios, puede realizarse sin menoscabo alguno de la función para la que la suerte de varas fue creada. La pirámide de base cuadrangular evita el rasgado de la piel, porque clava mejor, y facilita el apoyo del piconero, su toreo a caballo, la medición del castigo y la afección de los músculos extensores de la cabeza, con lo que se facilita la humillación del burel.

Como escribimos antes, no sólo la posición del puyazo es importante para que una suerte sea correcta. Desde el enjaezado del caballo, su prueba en el patio de arrastre, la salida «caballerosa» a la plaza; la colocación junto a tablas para no influir en la puesta en suerte; la elección del sitio correcto para realizar la suerte, una vez que el toro rehuye la de contraquerencia; la cita ortodoxa que precede al encuentro; la llamada vehemente y el largado de la vara en su momento; el temple de la embestida resistiendo para evitar el choque violento en el peto; la despedida rápida del burel para que no se «rompa» en el peto durante demasiado tiempo; la medición del castigo…; son acciones que hay que tener en cuenta para mejorar la suerte de varas, algo absolutamente necesario para poder sostener nuestra tauromaquia, demostrando a todos que no esta inmersa en una reglamentación anticuada, y que la adecuación del toreo, en general, a las sensibilidades de la sociedad, evolutiva, son premisas a conseguir si queremos conservar nuestra tradición taurina. 

Recordemos lo que decía Emil Herzog «Andrê Mauriax»: <Las tradiciones no se heredan, se conquistan>.

Por todo esto, bienvenidas sean las puyas nuevas, cuadrilongas en su base piramidal, porque con ellas se pica mejor, se regula el castigo y se evitan deterioros dañinos para el toro y para la vista de los aficionados. Porque con ellas se puede lograr lo que de la suerte de varas se espera en la Corrida. Y porque con ella se acabarían muchos de los abusos que hoy se infringen al toro bravo. Y nosotros, los aficionados, sigamos defendiendo el puyazo en el morrillo, hasta el final de éste, porque estamos convencidos de que la afección del castigo en los músculos epiaxiales facilita el ahormado de la embestida, la humillación y la reparación de las trayectorias aleatorias que suelen aparecer en muchas reses. 

El picar bien es un complemento primordial para la Lidia; y por ello los efectos de los puyazos deberían ser mejor estudiados por picadores, toreros, ganaderos y aficionados, para que se pueda delimitar siempre el comportamiento que atañe a la calidad del toro y lo que corresponde a los efectos, buenos o malos, de cada suerte de varas.

Publicado en escaleradelexito.com

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