Show and spectacle Por El Bardo de la Taurina.

Show and spectacle with symphony, dance, horseshoes and bravery en the Plaza México

El domingo 28 de noviembre del año en curso, en La Plaza México un espectáculo pa’ familias que gustan de la majestuosidad musical, de los ecuestres educados, de los bailables y las rutinas de artistas modo Bellas Artes, sin que falten caballos de rejoneo de esos que no se pandean ante las embestidas de los toros bravos que van por la vida de los Forcados a toma y daca.

¿La Familia Taurina?

El Bardo es un personaje diferente a lo que fueron Don Neto y Titino o más reciente el Pato Nicol que cuando no están en acción pernoctan en la oscuridad de un véliz, ¡no!, él vive en el inframundo y ahí difícilmente se entera de lo banal como eso que llaman La Familia Taurina, que imagino es como la Familia Burrón, La Familia Telerín o La Familia Peluche, de donde desprendo que los carnales por su afinidad, se entienden entre sí. En común tienen el no tener claro lo que abarca y compromete el término amistad, que dicho sea es un lujo y como tal no es pa’ todos, y a pesar de eso una marabunta se han subido al camión del deceso del torero siempre tranquilo, siempre educado Alberto Preciado Meléndez, esa fanaticada a estas horas estarán necesitando el Arca de Noé pa’ que quepan en ella todos los que presentaron su carnet de afiliación a la Familia Taurina, aunque mucho usaron el del Carrusel del Exhibicionismo.

Alternativa ¿Cómo pa’ qué?

Entre todos estos están, los que vertieron halagos y siguen aplaudiendo la presencia que tuvieron en La Plaza México dos novilleros a los que en esa inocencia de quienes pululan en el limbo les van a otorgar un grado superior, aquí nos preguntaríamos y los que por costumbre tiene el pagar por torear ¿tienen tanta lana como que por gusto de sus parientes o mecenas, les suban los costos del hobby?

Ojala de a deveritas puedan leer en la confiable edición De Sol y Sombra (11- 21 -21) la crónica que fue escrita bajo la marquesina de ‘Una partida de borregos’ de la autoría, no de un divo sino de un entendido que responde al nombre de Juan Carlos Valadez, y que en uno de sus rubros a la letra dice refiriéndose a Sebastián Ibelles -Continua atorado en una especie de limbo artístico del que parece no poder salir.

Hipocresía Luctuosa

En la Redes Sociales, de boca a boca, en los blogs a cada rato se acuñan frases algunas chistosas y otras hirientes y hasta ofensivas y dentro de estas últimas está la de Los Teofilitos que ha sido más repetida que el eructar un taco con pápalo quelite.

Y ahora con motivo del deceso del ganadero José Roberto Gómez Canobbio todos esos fariseos han alabado su nombre y su grandeza ganadera, que todos los días mancillaron asumiéndose con ello como los detestables hipócritas, que no lo son nada más por el calificativo que aplicaban a los toros del difunto, sino porque esto lo hacen pa’ sentirse expertos y llamar la atención, pero lo recuas que son jamás se les quitara porque la hipocresía es cosa de calaña muy baja.
Ahí me avisan cuando vayan a palmar pa’ que les mande una corona de alfalfa la cual introdujo a la Nueva España un ancestro del ganadero Ernesto Cuevas.

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