En la primera de El Relicario, cuatro orejas de “Black Friday”

El Galo.

Por Jaime Oaxaca.

En la reapertura de El Relicario se han jugado ocho toros, dos de la dehesa de Real de Saltillo, digamos que bien presentados, fueron descastados, correspondieron al rejoneador Emiliano Gamero.

Seis más para lidia a pie de la ganadería de El Batán, todos descastados, anovillado el lidiado en segundo lugar, fue levemente protestado, el tercero más hecho pero escaso de cuerna, el sexto un novillo con una cornamenta pequeña que si crece más se hubiera picado los ojos; “apretada”, la definieron en la reseña, más bien los cuernos estaban como arrugados y encogidos, haga usted de cuanta como charamusca, también fue levemente pitado por el público que llenó la mitad del aforo del coso angelopolitano.

Total, de los ocho lidiados, no se hacía uno.

Los premios concedidos seguramente tuvieron que ver con el “Black Friday” que se manejó ayer en los Estados Unidos, en que abundan las ofertas locas, porque de otra forma son inexplicables que al “Payo” y a Sergio Flores les dieran cuatro “orejas locas”, También hubo arrastre “lento loco” a los despojos del toro de la cuerna charamuscada que fue huidizo.

Sin ser más papista que el papá, ningún premio debió concederse. Los toreros hicieron su esfuerzo para complacer al gentío, porfiando, tratando de agradar, pero de eso a los premios… No entiendo que sucedió en el palco del juez de plaza a cargo del matador José Antonio Gaona. Fue una corrida más, que debió terminar sin premios; sin embargo, hubo salida a hombros de dos toreros como si se tratara de algo excepcional.

El rejoneador Emiliano Gamero, que gusta vestir a la usanza charra y usar bigote, mató primero y quinto. Al abreplaza nada le pudo hacer, porque “Ganaderazo” fue un petardazo, ignoraba al caballo y a veces huía de él. Le puso dos rejones de castigo banderillas casi aventándolas, se tardó en matar y le sonaron dos avisos.

Los Forcados Amadores de Puebla realizaron la pega de cara al segundo intento por medio de Jorge Ferral.

Su otro toro tampoco fue un dechado de virtudes, pero al menos en el tercio de banderillas despertó “Querido Beto”, destacaron un violín, un quiebro y un par de piruetas emocionantes. Nuevamente se puso pesado con el rejón de muerte, echó pie a tierra para descabellar, le sonaron un aviso. Dos intentos de los forcados sin lograr la pega.

Octavio García “El Payo” se llevó dos novillos en el sorteo, segundo y sexto. A su primero unas verónicas de trámite, piquetito de Omar Morales en la suerte de varas. Un buen par de palitroques de Francisco García Mena. Con la pañosa algunos muletazos al zancudo animal, nada en especial. Literalmente un pase por el lado izquierdo y el torete huye. Es innegable la voluntad del diestro queretano. Deja media estocada tendida que tumba, un aspirante a puntillero lo levanta, suena un aviso.

El Payo con su primero.

“Sevillano” fue el nombre del novillo de cornamenta vergonzosa. Es increíble que un bicho así se lidie en una corrida formal, es para un festival, no para toreros con alternativa vestidos de luces. Todos somos culpables que esto suceda. El empresario por comprarlo, el ganadero por venderlo, el juez de plaza por aceptarlo, los matadores y apoderados por permitir que se sorteara, el público por no protestar y armar una bronca.

¡Todos lo aceptamos, todos somos cómplices… todos nos jodemos!

El toro de la polémica.

Además de la vergonzosa presencia, el torete huía, el mérito del matador fue evitar que se fuera después de cada pase. Para animar al cotarro “El Payo” pidió “Qué Chula es Puebla”, la banda no obedece el, torero la exige; todo mundo sabe que con esa cancioncita el público se anima, los olés son más fuertes. Luego de la estocada, se conceden al diestro las dos orejas y el arrastre lento al novillo correlón.

Son pocas las protestas cuando el coleta recibe los premios. En el colmo de la cachondería, “El Payo” invita a los ganaderos, los hijos del matador Gabino Aguilar, fallecido en marzo pasado, a compartir la vuelta al ruedo. Los hijos, ahora propietarios de El Batán, llevan un portarretratos con la foto de su padre

¿Pensarán que lo honraron?

Sergio Flores.

Sergio Flores le cortó una oreja a cada uno de sus ejemplares. Al primero, es cierto, se tiró a matar con ganas de meter la espada, pero la estocada fue baja. Aun así, lo premiaron. Con su segundo, el apizaquense le entró al aro, nunca lo había visto en plan de dar coba al público. Mató de un bajonazo, le concedieron la oreja. Decir que le dio pases por acá, por allá, no tiene caso. Por supuesto, no faltó la interpretación “Qué chula es Puebla”, la cuerda que la gente necesita para ponerse contenta y generosa.

André Lagravere, mató cuarto y octavo. se le notan avances con relación a sus actuaciones anteriores.

A su primero lo recibió con un lance de rodillas en la zona de tablas, “Venteño” es el único que más o menos fue al caballo y empujó, tampoco crea usted que la gran maravilla; picó Fermín Salinas; Por cierto, ya se pica con las mini puyas.

Luego de la suerte de varas, el joven yucateco quitó por navarras. Coge los palos, dos cuarteos y el violín. El toro carece de clase, pero se mueve, el gas se le acaba pronto, el diestro logra otros muletazos sin trascendencia. Dos pinchazos y media estocada.

Al cierra plaza lo recibió con un ramillete de buenas verónicas, el propio André coloca al toro para que Erick Morales deje un puyazo, el varilarguero picó fuera de los círculos concéntricos, a esas alturas de la corrida a quién le importa. “El Galo” realiza un quite por chicuelinas. Nuevamente con las banderillas dos cuarteos y el infaltable violín.

En el último tercio, muy pronto se raja el toro, hay que llegarle a la gente, ¿cómo?, ¡claro!, la solución es “Qué Chula es Puebla”. Han transcurrido cuatro horas, se han echado sus tragos. Pinchazo y estocada. A las 11:58 dobla el octavo de la noche, el clima frio en su punto, así termina la corrida de aniversario.

El matador Sergio Flores brindó el primero de su lote a Gabriela Ferrer, pintora poblana, y a Liliana López Zamora, hija de José Ángel López Lima, el señor que regaló la plaza de toros a los aficionados poblanos hace 33 años.

La empresa mencionó que era la corrida del aniversario, no obstante, jamás hizo algo para que los asistentes captaran que se trataba de un festejo conmemorativo.

Publicado en E-consulta

Fotos: Juan Ángel Sainos.

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