Opinión: Qué hacer con la Plaza México.

Por Julio Patán.

La 4T es un motor de ideas. Es admirable: no paran. Lo único es que son ideas cursis y digamos –por aquello del espíritu navideño, con toda la onda de concordia que le es propia–, que ostentosamente perfectibles. Hace unos meses alguien, subida en el espíritu de “Gracias al Presidente todes somos más buenes”, tuvo la idea de que la clase business, en los vuelos, en vez de venderse, se designara a la tercera edad. Pero hay ejemplos más recientes. Uno es el del árbol de Navidad del Senado, ese que, donde habitualmente van las esferas y los santocloses, tiene unos penachos tipo exposición de manualidades en la primaria, tema: “Nuestros antepasados”, y una culebra en plan “Como que la ayahuasca no pegó bien, ¿verdad, carnal?” Bueno, pues nos enteramos de que la persona que lo concibió quería agarrar una tradición alemana filtrada por otro tipo de cursilería, la gringa, o sea la Navidad, y meterle a la receta una taza de aztequismo, que ya saben que se ha vuelto requisito, con, nada menos Quetzalcóatl, que si ve eso va a venir a descargar su furia. Neta: respeten a los dioses.

Pero el ejemplo más claro es el de la Plaza México. No tardaron: se anunció que se acababan las corridas de toros y ¡bum!: a ponerse creativos. Que estaría buenísimo agarrar ese predio y construir unos depitas para que por fin pudieran vivir en la Colonia Nápoles los que “no han tenido oportunidades”, dijo uno, porque ya sabemos que por el bien de todes… “Vivienda accesible”, le llamó. Bueno, me temo que es solo el principio. Los veo venir: que lo convirtamos en el mercado artesanal más grande del mundo para que conozcamos la variedad de nuestros huipiles, que le armemos una superpista de baile a los danzantes del Zócalo ahora que el Presidente prefiere que nadie ande por ahí, que unamos a la Plaza estadio con el proyecto cultural de Chapultepec.

El proyecto de los asientos de avión y el de la México comparten un defectito: no consideran que tanto las líneas aéreas como la México están en manos privadas. Así que o propones un modelo de negocios viable, cosa francamente improbable en ambos casos, o expropias.

«Algunos quisieran convertir la antigua plaza en un moderno centro comercial.»

Cosa que, hoy por hoy, no podemos descartar. No importa. Amigues de lo cursi, no se hagan ilusiones, o sea, perdón por la vulgaridad, chaquetas mentales. Ustedes y yo sabemos que el Presidente, en ese escenario, agarra la México, le suma el Estadio Azul y hace o una refinería, o dos parques de beis, o un enorme Centro Cultural Nayarit. Lo que sea, administrado por el Ejército.

Publicado en 24 Horas

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