Ocho con Ocho: Ferrera apasionado Por Luis Ramón Carazo.

En el ruedo, con el quinto de la tarde “Ayate” de Bernaldo de Quirós -sustituto del titular- se ha volcado la imaginación de Antonio Ferrera y desde que logró convencer de cambiar al astado titular al juez de plaza, su actuación con “Ayate” se tornó en un mar de pasión, misma que lo llevó a realizar lo inédito -salvo un recuerdo de El Calesero en los cincuenta del siglo pasado (por otro motivo)- de picar al astado que le correspondió y que recibió al final por su cadenciosa embestida, el homenaje de la vuelta al ruedo.

Su nueva apoderada, la matadora Cristina Sánchez tras bambalinas, fue artífice con él en el cambio de burel -por aparente defecto en la visión- que permitió al torero su catarsis en el capote; de varilarguero; con las banderillas -que fueron brindadas por Antonio, inusualmente (enviándole la montera a sus manos) a quién, fue un gran ídolo de los ruedos, el valenciano Vicente Ruiz El Soro– y con la muleta; en donde hubo una gran variedad de pases; cerrando con la suerte suprema ejecutada en su peculiar estilo -de caminar varios metros espada en ristre y logrando una efectiva estocada- conjuntando, una volcánica actuación, propiciando la petición de rabo popular, unánime y que inexplicablemente, el juez solamente premió con dos trofeos, sin tomar en cuenta, el impacto en el público -de la faena atípica- que llenó el numerado, haciendo gran entrada, en las localidades generales.

En el serial de festejos para reabrir La México, un aspecto a resaltar es, la asistencia que en todos fue muy importante.

Morante de la Puebla, puso voluntad para conseguir algunos bellos detalles, con astados con nula acometividad.

Diego Silveti, en su primero de Fernando de la Mora, tuvo emotivos y bellos pasajes de capote y muleta que, le valieron para obtener un trofeo así como su tocayo San Román, con gran actitud y detalles de buen gusto, en su tarde de alternativa se dio un arrimón.

Emulando tal vez el estilo del papá de su tocayo, o el de Jorge Gutiérrez en los noventa, pasándose a milímetros de la faja a los astados y aunque en su primero de alternativa: “Cumplido” De Bernaldo de Quirós, falló en la suerte suprema, no fue así en el octavo y de esa manera conseguir un trofeo, demostrando que está listo para iniciar su carrera de matador de toros, en forma brillante.

Por cierto, Diego San Román, es el matador número 35 que, se unge en esa categoría en La México; el primero lo fue el 23 de noviembre de 1947, Pepe Luis Vázquez, de San Luis Potosí de manos de El Espartero, con un toro de Lorenzo Garza de nombre “Piel Roja”

Por mucho “Ayate” fue el toro de la tarde, los de Fernando de la Mora y Bernaldo de Quirós restantes, excelsos en nobleza (por ratos sosería), muy bajos en emotividad, tal y como los criadores de toros de lidia -en su gran mayoría- ahora privilegian y que sería tema de un análisis a fondo, esto es el ganar en estética y perder en emotividad, sin embargo, eso quedará para más delante.

Continuando, desafortunadamente en el cuarto de la tarde -el de Diego Silveti- en banderillas resultó cornado en el muslo, el subalterno Juan Ramón Saldaña y también, sufrió una fractura en su dedo meñique. Le deseamos su pronta recuperación.

Pequeñas briznas de un día especial en mi existir, pues traigo el recuerdo vivo de mi querido padre, José Luis Carazo Vega –conocido como cronista Arenero – pues el pasado 9 de diciembre, hubiera sido su centenario de nacimiento, en la Gloria seguramente lo celebró, recordando una y mil historias al conjuro de la fiesta de toros que, practico como novillero y que amó con gran intensidad, así como a su Guadalupana.

En La México rememoré que, desde niño, fuimos mis hermanos y mi hermana –conforme iban naciendo, en mi caso soy el mayor- con él, quién, se iba al callejón mientras nosotros buscábamos donde ubicarnos y de eso ya pasa más de un cincuentenario, dos de ellos ya con él en la Gloria, seguramente celebraron la fecha.

Y con esos recuerdos, cierro estás breves líneas, de una tarde que empezó con una ceremonia emotiva, en dónde el público a coro con la banda de guerra, interpretó el himno nacional y poco antes, devotamente se escuchó el Ave María y se brindó un minuto de aplausos a la memoria del gran varilarguero, como lo fuera Benigno González Carmona y también Vicente Fernández– quién el 15 de septiembre de 1984 convocó a una gran audiencia en La México y fuera amigo entrañable de Manolo Martínez– hoy los tres en la Gloria y en el recuerdo, de quienes en este mundo pandémico amamos y deseamos la continuidad de la tauromaquia.

Pronto la empresa de La México, anunciará cuando continúan los festejos el próximo 2022, seguramente en el rumbo esperanzador de los del 2021 y estaremos atentos a lo que esperamos sean realidad, a finales de enero o principios de febrero, en el aniversario 76 de la inauguración, de la Monumental de Insurgentes, sitio entrañable de la tauromaquia universal y que tuvo una reapertura exitosa, que así siga, es nuestro deseo.

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