Morante, con seis tardes, eje de la temporada taurina sevillana.

El diestro de La Puebla abrirá el abono de la plaza de la Maestranza el Domingo de Resurrección antes de torear tres corridas en primavera y otras dos en la feria de San Miguel.

Por Álvaro R. del Moral.

Seis tardes. Es el número de corridas que Morante –recién llegado de México- habría apalabrado con Ramón Valencia en el abono de la plaza de la Maestranza. El diestro de La Puebla consagraría así su intención de multiplicar su presencia en los principales ciclos de la temporada comenzando por Castellón, donde hará doblete y siguiendo, después de Sevilla, por la feria de San Isidro en la que podría sumar hasta cuatro tardes más. Pero hay que centrarse en el coso del Baratillo: el torero ya habría reservado las corridas de Hermanos García-Jiménez, Jandilla y Núñez del Cuvillo además de apuntarse expresamente a la de Torrestrella, un hierro de prestigio que no figuraba en los últimos años dentro de las preferencias de la clase alta del escalafón. Morante también ha pedido los toros de Juan Pedro Domecq que, según algunas fuentes, estoquearía por partida doble: una corrida en primavera y otra en San Miguel, dejando así aparcado el rumor –todo está por ver mientras los carteles no gocen de oficialidad- de asumir un gesto resonante con una ganadería de las etiquetadas como “duras”.

Morante repartirá esos seis paseíllos entre la corrida del Domingo de Resurrección -en la que sería estrella indiscutible-, las tres tardes que afrontaría en el ciclo continuado de la Feria de Abril y los dos últimos compromisos que, según las últimas filtraciones, asumiría en la Feria de San Miguel. Pero el serial otoñal podría experimentar algún retoque sobre su formato más habitual a tenor de los resultados de la última edición que sumó los carteles previstos al programa suspendido en primavera, trasladado en bloque a septiembre y octubre.

Además de las corridas escogidas por Morante, habría reseñados otros encierros de Victorino Martín, Victoriano del Río –que podría hacer doblete- Santiago Domecq, Garcigrande y Miura además de un envío de San Pelayo para la carga ecuestre. Hay dudas en torno a la inclusión de una corrida de Alcurrucén u otra de Puerto de San Lorenzo atendiendo a los avances de distintos medios. La gran novedad, eso sí, es el debut con corrida de toros de la divisa de El Parralejo. A partir de ahí siguen las quinielas mientras la empresa Pagés, comandada por Ramón Valencia, continúa poniendo el pie la arquitectura principal de la temporada hispalense.

En caso de seguir puntualmente el esquema que quedó varado en 2020 –los carteles se presentaron pero el covid obligó a cancelar la temporada- el abono se iniciaría el 17 de abril con la tradicional corrida del Domingo de Resurrección en la que, además de Morante, gravitan los nombres de otros toreros como Pablo Aguado o Juan Ortega sin olvidar al riojano Diego Urdiales. Seguiría, siempre según ese guión, una corrida de oportunidades el domingo 24. El ciclo continuado, finalmente, comenzaría el día 27 de abril concluyendo el día 8 de mayo con la habitual corrida de Miura. Hay que recalcar el dato: a pesar de ser el esquema habitual de los último años pre covid, Ramón Valencia podría poponer algún ajuste que, en cualquier caso, estaría sujeto al consenso con la propiedad del coso, la Real Maestranza, con la que no atraviesa el mejor momento en unas relaciones que están cercanas a cumplir 90 años.

El torero del año y de muchos años…

La gran temporada 2021, que le ha colocado a la cabeza del escalafón por calidad, cantidad y trascendencia de sus triunfos, ha convertido al diestro cigarrero en el torero más deseado. Fue un año de prodigios que marcó su cima en la emocionante y desgarrada faena al toro de Juan Pedro Domecq del pasado uno de octubre, cumbre de la Feria de San Miguel de Sevilla y, posiblemente, de toda la temporada.

Morante tuvo que esperar hasta el 14 de mayo para comenzar su particular temporada embelesando en el ruedo madrileño de Vistalegre en un serial caro y desabrido –resuelto en un clima desolador- y organizado por sus apoderados, los hermanos Matilla. Al día siguiente marchó a Córdoba para torear mano a mano con Finito de Córdoba. Más allá de la faena de pinturas que cuajó con un mal encierro de Juan Pedro Domecq trascendió el comentadísimo brindis al empresario José María Garzón. Los más avezados en los secretos del toreo supieron adivinar que el tiempo de Matilla –miembro de la cúpula de ANOET que había cocinado el frustrado derribo del empresario sevillano- había tocado a su fin. En sólo una semana se supo que la unión profesional estaba rota. Morante pasaba a dirigir él mismo su carrera.

A partir de ahí, el torero no dejó de dictar titulares a la vez que afrontaba la temporada con una inédita regularidad triunfal. “Estoy aburrido de ‘juampedros’ y ‘garcigrandes’” espetó en una célebre entrevista concedida a Zabala de la Serna en El Mundo que sirvió de anuncio de su intención de abrir la baraja ganadera a la vez de altavoz de un gesto lleno de riesgos: iba a matar seis toros de Prieto de la Cal en la plaza del Puerto de Santa María. Pero antes de llegar a la quimérica meta del Puerto, Morante pasó sembrando recuerdos en la mayoría de las ferias de la primavera y el primer verano, incluyendo las cercanas plazas de Jerez y Huelva. Morante era el líder en los números; pero también en el halo, el poso, el recuerdo de sus faenas…

El pretendido acontecimiento del Puerto de Santa María se había preparado para una semana después de pasar por La Merced pero, a pesar del cuidado de todos los detalles acabó naufragando. Fue el único baldón de su histórica temporada. La corrida de Prieto de la Cal no podía unirse a la fábula… Pero el viaje de la temporada continuaba y el diestro cigarrero pasó, entre otras plazas, por Dax, Gijón –donde no se libró de la mendacidad animalista-, Almería, Cuenca, Linares, Palencia, Valladolid, Albacete… también por Salamanca donde se apuntó a los ‘galaches’, volviendo a colocar la prestigiosa ganadería charra en el mapa y cuajando una faena para el recuerdo.

En Sevilla le esperaban cuatro tardes, empezando por la apertura del ciclo el día 18 de septiembre, que implicó reabrir la plaza después de casi dos años de sequía taurina. Morante logró alumbrar con luz propia ese festejo inaugural, el mismo día que la rodilla de Aguado dijo basta. En esa tesitura y con Pablo en el dique seco, la cita del día 24 de septiembre no admitía otra componenda que un mano a mano entre Morante y Juan Ortega. Y el papel volvió a agotarse aunque Morante no barajó demasiadas opciones y encaró su tercer compromiso, con otro envío de Juan Pedro, resuelto a no fallar. Su capote hizo nuevos los lances antiguos –cambios de rodillas, tijerillas- y sublimó el mejor toreo a la verónica. De su muleta surgió la faena más desgarradoramente bella y emocionante del ciclo –no faltó una tremenda voltereta- rematada con un gran volapié. Le quedaba ración de ‘miuras’. Al primero, vacío de todo, lo toreó con la gorra pero no pudo lidiar al esmirriado e inválido cuarto que tuvo que ser sustituido por un sobrero de Virgen María al que cuajó otra bella faena de arte y ensayo. Eso sí: había ido a otra cosa…

Aún tuvo arrestos de pasar por Madrid, apuntado a los ‘núñez’ de Alcurrucén en la tarde del 12 de octubre con todo el papel agotado. No pisaba Las Ventas desde 2017 y aunque los máximos titulares los acaparó la salida a hombros de Ginés Marín, el de La Puebla volvió a bordarlo en una tarde de gran maestro. También acudió a Jaén por San Lucas, cuajando una faena de diabluras con un inesperado sobrero de Sancho Dávila. El cierre, triunfal, fue en Arenas de San Pedro con Urdiales y de Justo. Ahora acaba de llegar de América después de acaparar algunos titulares.

Publicado en El Correo de Andalucía

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