Opinión: Tomemos lección

Por Luis Pla Ventura.

Nunca en la vida podríamos sospechar que sería Francia, el país que nos daría lecciones en muchas cosas, entre ellas, como paradoja, es el mundo de los toros donde deberíamos aprender de nuestros vecinos galos que, de justicia y equidad saben mucho más que nosotros y, no es que sepan, lo aplican que es lo más noble y, sin duda, elogiable.

Cuando en España el mundo de los toros funciona, en su gran mayoría, respecto a los toreros, con un maldito cambio de cromos; el tuyo por el mío y viceversa. En Francia se respeta a los toreros y, el que triunfa repite. ¿En qué país encontró acomodo y justicia el diestro Emilio de Justo? En Francia, por supuesto y, a partir de ahí empezaron a lloverle los contratos, todo ello por la semilla que había plantado más allá de los Pirineos.

Pero De justo no es la excepción de lo que digo puesto que, esa dádiva justiciera que allí se imparte ha llegado a muchísimos toreros y ganaderos que, en su momento no eran nadie en nuestro suelo patrio y desde allí se les empezó a reconocer, que se lo digan a Manolo Escribano, Octavio Chacón, Fernando Robleño, Gómez del Pilar y una larga lista de hombres que, olvidados entre nosotros allí son héroes reconocidos por la afición.

Hace muy poquitos años, uno de los componentes de la comisión taurina de Céret –y esto que cuento es curioso y bellísimo- presentía que su muerte estaba cerca y, les propuso a sus compañeros contratar al diestro Carlos Escolar Frascuelo, al que este señor había visto triunfar en otra plaza francesa y, como no podía ser de otro modo Frascuelo fue contratado para dicha ciudad. El diestro de Madrid toreó en Céret, plasmó una faena bellísima y, aquel hombre, ya en el lecho de muerte dijo como últimas palabras: “Ya puedo morirme tranquilo, he visto torear como siempre soñé” Como vemos, el romanticismo se lleva a gala en Francia, el hecho que he contado viene a demostrar la veracidad de mis palabras.

Istres que ya ha programado su feria ha contado con los triunfadores del año pasado, entre ellos, Jesús Enrique Colombo, algo que es de justicia y que llena de convicciones a todos los toreros que allí actúan porque tienen la certeza de que en festejos venideros serán repetidos. Y esa misma dicha es la que se torna en quimera en España cuando, una gran mayoría de los toreros, tras triunfar son olvidados de mala manera porque, como antes dije, tiene más peso el intercambio de cromos que los triunfos de los toreros válidos.

Nosotros, España, pioneros en la lidia del toro y de su muerte, han pasado cientos de años y todavía no hemos aprendido la lección; es decir, a medida que pasaba el tiempo lo que ha triunfado ha sido la picaresca de los españoles que, para ello, en cualquier actividad somos verdaderos especialistas.

Si nos retrotraemos unos años atrás, por ejemplo, un triunfo en Madrid era una mina de oro; es decir, valía para darle varias vueltas a España por parte del triunfador. Ahora todo cambió, pero para mal. Un triunfo en Las Ventas sirve si te apodera uno de los que intercambia cromos, si ese éxito se ha logrado por libre, que Dios les pille confesados, caso de Ginés Marín que, triunfado por lo grande el pasado año en Madrid se ha quedado compuesto y sin novia.

En la imagen vemos a Gómez del Pilar en un bello trincherazo a un toro de Saltillo, el que habitualmente se lidia en Céret.

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