El sitio de Ureña.

El torero murciano fue uno de los triunfadores del último año que hubo una temporada completa y está ausente en las primeras ferias de 2022.

Por Jaime Roch.

Cuando Paco Ureña salió de la enfermería para lidiar al sexto de Algarra en la Feria de Julio de 2017, transfigurado, exhausto, con el vestido destrozado y la dignidad de coronel condecorado, y sonrió tímidamente a los tendidos enardecidos, ya había entrado en el corazón de València, su plaza talismán. Pocos aficionados han olvidado esa demostración de pureza y valor, revestido de héroe antiguo en blanco y negro, como una celebridad no indigna de las páginas de la literatura.

Luego vinieron dos años consecutivos como triunfador del ciclo en honor a san Jaime y, en 2019, logró el premio a la mejor faena de las Fallas en la misma tarde que reapareció del grave percance quele dejó sin visión en su ojo izquierdo.

Además, ese año cortó cinco orejas en València -entre Fallas y Julio-, cinco en Las Ventas -con la puerta grande incluida en la Corrida de la Cultura- y cuatro en Bilbao en una histórica tarde pero, tras el coronavirus, Ureña se ha quedado fuera de las primeras ferias de 2022. Hubo negociaciones para estar en Valdemorillo, València y Castelló, pero ha tenido que viajar hasta México para reaparecer de su cogida en Abarán, que le ocasionó la rotura de la vértebra C4 y una rotura parcial del ligamento interno de la rodilla derecha.

Tras dos meses largos con un collarín durante 24 horas, que le obligó a comprar un sillón especial para poder dormir, mañana en la Ciudad de León volverá a vestirse de torero frente a la ganadería de Xajay. Luego, a finales de mes, hará lo propio en Autlán de la Grana y, a principios de marzo, en Guadalajara (México).

La primera plaza española en la que podría reaparecer Ureña sería la Maestranza, aunque su contratación sigue sin estar cerrada. Pudo ser en un pueblo de València en marzo, pero sus compromisos americanos le han obligado a declinar la opción. Su idea en Las Ventas es lidiar dos o tres corridas, entre las que están Victorino o Adolfo Martín, divisas tan importantes en su carrera y en las que le gustaría hacer algo especial. Pero tampoco está nada cerrado.

Su ausencia en las primeras ferias demuestra la falta de sensibilidad que abraza al mundo del toro hoy en día. El problema no es la ganadería, el cartel o el dinero, sino el sitio que ofrecen a Ureña dentro de las ferias, ganado a base de dolor y gloria, de sacrifico y humildad. Fue uno de los triunfadores en el último año que hubo una temporada completa taurina, previo a la pandemia. No puede ser casual que en un mundo en el que se erigen las más hermosas estatuas de héroes sea también el más fértil en olvidarlos. Ver para creer.

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