Una oreja para cada espada en Cinco Villas, ante un ganado descastado.

El español Curro Díaz y los mexicanos Diego Sánchez y Juan Pedro Llaguno cortaron una oreja cada uno en la Corrida de la Primavera de Cinco Villas en Santiago de Cuautlalpan, en el Estado de México.

Los cinco toros de Cierro Viejo correctos de presentación y descastados. El de Maravillas sin trapío y algo de casta. Se registró tres cuartas de entrada.

Una corrida marcada por la falta de bravura y de movilidad de los Cierro Viejo, de pobrísimo juego en el caballo, que tuvo por otro lado buenos momentos de toreo de Curro Díaz y Juan Pedro Llaguno, aunque el primero con las ideas muy claras sobre su tauromaquia y el segundo, recientemente doctorado, con evidente confusión sobre el torero que debe ser.

Curro Díaz con su primer toro, un astado sin recorrido, logró mantener al de Cerro Viejo en la muleta con una faena al paso de algunos pases sueltos vistosos y ortodoxos.

Siempre por encima del toro, Curro Díaz mató de estocada caída y obtuvo el primer premio de la tarde. Con el cuarto el espada realizó una tanda de mucho temple rematada de manera pictórica y dándole al animal la media altura que requería, pues no toleraba un solo pase humillado.

A parte de esa tanda, la faena estuvo más en la composición estética de pases sobre un cúmulo de carne que en torear. Falló con los aceros y perdió una oreja que le hubiese facilitado la puerta grande de Cinco Villas. Dio la vuelta al ruedo entre los aplausos de los aficionados.

El mexicano Juan Pedro Llaguno logró su apéndice con el que cerraba plaza pero lo más destacado lo ejerció con el tercero de la tarde, el único Cierro Viejo que se empleó al caballo en una vara de cierta importancia, única del festejo destacable. Llaguno, tras perder el tiempo en quites más que prescindibles de capote y un tercio sin sentido de banderillas, entendió que el toro solo mostraba codicia por el pitón izquierdo.

Una faena sobre la mano izquierda siempre es una labor que el aficionado agradece. Toreó algo aliviado pero con quietud y mandó al Cierro Viejo, sobre todo en dos tandas de naturales con decisión y temple.

La falta de casta del toro y la imperfecta colocación de Llaguno deludieron la faena y el toro acabó suelto. Falló con los aceros. La oreja de Llaguno en el sexto de la tarde, tras matar al segundo intento, no tuvo más excusas que un par de banderillas al quiebro y una excelente primera tanda de derechazos al inicio de la fase de muleta.

Luego abandonó la senda del clasicismo para improvisar sin éxito con la derecha y con la mano izquierda no se dio su tiempo por lo que el toro se desentendió de la muleta.

Diego Sánchez toreó al segundo de la tarde, un astado del hierro de Maravillas al que colgaban las carnes pero que fue el más fijo en la muleta del encierro, siempre con la pierna contraria escondida y citando con el pico. Los pases salían templados pero más por la clase del animal que por el sitio del torero. Oreja para Sánchez y arrastre lento para el de Maravillas.

Sánchez con su segundo, un animal muy parado, poco pudo hacer más que unas tandas de circulares delanteros ya con el estoque de matar en la mano y en tablas, pues la mansedumbre del Cierro Viejo obligaba a lidiar en esos terrenos.

Por Borja Ilián para Swissinfo

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