Opinión: Viva siempre el toreo y los toreros.

Por Luis Carlos Peris.

Primera fila con la que se podía hacer una Feria con Domingo de Resurrección incluido. Curro, Espartaco, Ruiz Miguel, Pepín Liria, El Cid, Pepe Luis Segura y Eduardo Dávila Miura acudían a la llamada de un compañero en la cuenta atrás de una cita con el heroísmo. Manuel Escribano, ese ejemplo de torero macho lleno de cicatrices, cierra la Feria matando en solitario la temida corrida de Miura.

Fue en el hotel más torero y el acto en que el gerenense presentaba su gesta fue todo realizado con material sensible, empezando por las formas de Juan Ramón Romero, conductor del acto.

Eventos así agrandan un arte asaeteado que sobrevive porque da la impresión de ser infungible y a salvo de esas hordas que no aceptan la confrontación ideológica. Mereció muy mucho la pena lo que acabó siendo un canto a la grandeza de ese arte único en el que se muere de verdad.

Publicado en El Diario de Sevilla

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