Emilio de Justo, el colmo de la desdicha.

El torero resultó cogido al entrar a matar al primer toro, y el sobresaliente, Álvaro de la Calle, estuvo muy meritorio con el resto de la corrida.

Por Antonio Lorca.

Cuando Emilio de Justo se perfiló para matar al primero de la tarde, la plaza de Las Ventas guardó un sonoro silencio de expectación. El torero tenía en la mano el primer trofeo de un festejo que no pudo tener mejor comienzo. Soplaba una ligera brisa, la tarde soleada, ambientazo de gala en los poblados tendidos, y una sentida ovación había recibido a De Justo, que se presentaba en la puerta de cuadrillas con un traje negro y plata. Roto el paseíllo, el torero acudió hasta las rayas del tercio para corresponder al cariño animoso de los aficionados.

Guapo de hechuras era el toro primero, de Pallarés, al que recibió con seis verónicas hondas, templadísimas, en sintonía con la calidad en la embestida de su oponente. Acudió el toro largo y empujó en el caballo; embistió con alegría en banderillas y permitió el lucimiento de José Chacón con el capote, y de Andrés Revuelta y Jesús Arruga en banderillas. Emilio de Justo brindó al cielo y, sin preparativo alguno, tomó la muleta con la mano zurda y dibujó una gran tanda de naturales, en los que colaboró su oponente con fijeza y humillación. Nobilísimo y repetidor a pesar de que sus fuerzas quedaron mermadas tras una vuelta de campana al salir del caballo, el toro permitió dos secuencias más, naturales hermosos y derechazos hondos, hasta que miró al tendido e hizo ademán de rajarse. Aún hubo una tanda de muletazos con la izquierda, ceñidos y extraordinarios, y dos trincherazos de cartel.

Por todo ello, cuando De Justo se perfiló para la suerte suprema, el primer triunfo de la tarde estaba en bandeja.

Pero llegó la desgracia; sí, la desgracia porque el torero se tiró materialmente encima del morrillo del animal, que lo levantó por los aires, con tan mala fortuna que cayó de cabeza en el ruedo. De Justo huyó como pudo de la cara del animal, y ya en el estribo de las tablas fue auxiliado en primera instancia por sus compañeros. Tras un par de minutos, fue trasladado a la enfermería, e instantes después se comunicaba por megafonía que no podía continuar la lidia.

El colmo de la desdicha, sin duda. Un compromiso tan heroico quedaba hecho añicos a poco de comenzar. Impensable, pero probable; así de dura es esta profesión, que en una décima de segunda rompe todos los sueños y planteamientos.

La corrida quedó en las manos del sobresaliente, Álvaro de la Calle, un torero salmantino que, lógicamente, torea poco y que, de tener la agenda vacía de contratos, se encontró con cinco toros de categoría en la plaza de Madrid.

Una auténtica papeleta, por un lado; y la oportunidad de su vida, por otro. Y el torero hizo de tripas corazón, mostró su mucha vergüenza profesional y no desentonó en ningún momento, más allá de su impericia en la cara de los toros.

A los cinco que le esperaban en chiqueros los veroniqueó con más voluntad que acierto y destacó más por chicuelinas. Al cuarto y al quinto los recibió con una larga cambiada de rodillas en el tercio, y al sexto, de hinojos en los medios.

No desentonó ante el noble y agotado segundo, de Domingo Hernández; algún muletazo estimable robó al inválido y descastado tercero de Victorino; no se descompuso ante las complicaciones del toro de Palha, y mantuvo el tipo ante el aplomado sexto.

Le tocó el toro de su vida, el cuarto, de Victoriano del Río, espectacular en el caballo, al galope en el segundo tercio (saludaron Andrés Revuelta, Arruga y José Chacón), y de una clase exquisita en la muleta; prontitud, fijeza y profundidad en la embestida le permitieron al torero plasmar detalles que no fue capaz de redondear.

Al final, el gozo en un pozo, y Emilio de Justo en la cama de un hospital a la espera de los resultados de esa maldita voltereta que ha echado por tierra un montón de sueños.

Seis ganaderías / Emilio de Justo, en solitario

1º, de Pallarés, bravo, noble y de gran calidad; 2º, de Domingo Hernández, blando y noble; 3º, de Victorino Martín, inválido y noble; 4º, de Victoriano del Río, bravo, noble, encastado y de clase exquisita (se le dio la vuelta al ruedo); 5º, de Palha, bravo y deslucido, y 6º, de Parladé, cumplidor en el caballo, noble y soso. Todos estuvieron bien presentados.

Emilio de Justo: casi entera trasera (oreja); resultó cogido al entrar a matar y, según el parte médico, sufre un traumatismo cervical de pronóstico grave que le impidió continuar la lidia.

Álvaro de la Calle (sobresaliente): estocada atravesada -aviso-, siete descabellos -2º aviso- y cuatro descabellos (silencio); pinchazo, media -aviso- y un descabello (algunas palmas); estocada tendida y atravesada -aviso- y dos descabellos (vuelta al ruedo); media tendida y estocada (ovación); estocada que hace guardia, pinchazo y estocada (silencio).

Parte médico del hospital La Fraternidad: Trasladado el torero a este centro sanitario, señala que se le ha realizado un TAC de columna cervical con fractura estallido de masa lateral izquierda de atlas (C1) y fractura estallido de masa lateral derecha de Axis (C2) sin desplazamientos apreciables. Pronóstico muy grave.

Plaza de Las Ventas. 10 de abril. Lleno. (20.139 espectadores, según la empresa).

Publicado en El País

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