Álvaro de la Calle, torero sobresaliente en su dedicación y esfuerzo taurino, olvidado.

Estuve en Alba de Tormes viendo la corrida del interesante mano a mano el pasado domingo y allí actuó de sobresaliente de espada el torero salmantino Álvaro de la Calle, ese que tantas loas está recibiendo tras su gesta en Madrid el domingo de Ramos despachando cinco bureles que quedaron en chiqueros por cogida de Emilio de Justo, el torero anunciado.

A Álvaro se le nota confiado, maduro, pleno de forja como torero, curado en sudores y metafísica y que ha entrado por sus propios méritos y esfuerzo con la llamada empresarial para actuar por esas plazas de España en donde le requieren sus servicios.

«¡Ahí va un torero!» decía mi amigo Paco Cañamero mientras mirábamos el festejo junto al inefable FERMÍN, el fotógrafo, que es quien retrató aquella corrida en la acogedora y hospitalaria Villa ducal y consumíamos con delectación un canutillo típico de canela y recorte. Paco recordó una tarde que Álvaro toreó una de Miura en Salamanca, matándola con tremendo oficio y dignidad; u otra, con tintes heroicos, en Gijón, en un mano a mano entre Antonio Ferrera y Javier Castaño con toros de La Quinta, que hirió a ambos y mientras estaban en la enfermería, Álvaro de la Calle tuvo que tirar para adelante frente a un cuajado ejemplar de La Quinta y estuvo firme, decidido, con gusto y torería; le cortó una oreja que no fueron las dos por pinchar previamente a la estocada. Pero esa tarde, en la plaza gijonesa del Bibio, Álvaro dio la verdadera dimensión, aunque a los taurinos se le olvidó enseguida la gesta.

Y aunque su hazaña madrileña ha revivido la vocación del salmantino y algunos medios hayan ignorado por completo su actuación en ALBA DE TORMES, nosotros lo traemos aquí para reconocerle su actuación, su silencio, su dedicación y entrega al arte de torear desde el puesto de sobresaliente de espada.

Álvaro de la Calle merece estar dentro de la nómina de los matadores de toros que apoyan con resolución y su propia vida, sincera y sencilla, la causa de la Tauromaquia.

¡Laus, Álvaro!

Publicado en Federación Taurina de Valladolid

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