Opinión: Cuando se torea con el alma.

Por Gaspar Silveria.

Cayó el telón en la Plaza de Toros Mérida para nuestra temporada 2021-2022. Un cerrojazo para la buena empresa que se ha esforzado y ha conseguido traer carteles bien conformados con encierros dignos.

Para el juez de plaza y sus asesores que, a diestra y siniestra, han mantenido el buen prestigio de nuestra afición y la categoría de nuestra plaza.

Para la Comisión Taurina que lo ha apoyado a él y al Ayuntamiento en velar por la fiesta brava en Mérida con firmeza, así como lo hizo el doctor César Briceño Navarrete, quien intervino desde el callejón, apoyado por las autoridades y los aficionados, para evitar que un solo banderillero cubriera el segundo tercio en uno de los toros de la corrida del sábado pasado.

Finalmente, un cerrojazo también para la afición, que ha sabido responder en medio de circunstancias difíciles de pandemia, económicas, de cambio de día —sábado por domingo— y a pesar de múltiples tentaciones beisboleras, vacacionales y de todo tipo.

Un cerrojazo que deja algunas tareas pendientes. Una cuadra de bueyes para manejo y acarreo de los toros, quizá una mejor iluminación en el interior de toriles, un mejor control de personas en el callejón, mayor personal de seguridad oficial y algunos otros detalles.

El cartel para el digno colofón era muy atrayente a partir de un Andrés Roca Rey que se ha situado en uno de los lugares cumbre de la tauromaquia mundial. Un torero con una capacidad increíble y una entrega absoluta que nos hace recordar y mantener presente, con cada actuación suya, aquel pequeño poema de Juan Belmonte que es de una verdad, de una belleza y de una actualidad impresionantes:

«Si quieres torear bien, olvida que tienes cuerpo.Se torea con el alma,como se sueña y se juega, como se baila y se canta» Juan Belmonte

Y ha sido precisamente ese manojo de palabras, el rasero de esta última corrida que tuvo de todo.

Comenzó con una alteración acordada y difundida en redes —pero no anunciada en la plaza—, en el orden de la lidia por compromisos previos de Luis David para viajar a Aguascalientes.

Continuó con la gran decepción de los primeros tres astados de la ganadería de Villa Carmela, rodando por la arena en múltiples ocasiones —y los otros tres ocasionalmente— por obvia debilidad, después de haber saltado al ruedo con buen tranco y sin haber sido castigados demasiado en varas.

Continuó con un Luis David Adame toreando con limpieza, entregado, aunque sin conectar demasiado con el público, que, necesitado de alegrías y satisfacciones, a la altura del cuarto ejemplar, le concedió una oreja de la que ya nadie recuerda nada.

Con Roca Rey el cuento es siempre otra cosa.

Él es base de cartel y con su toreo genera expectativas inmensas a las que, a como dé lugar, les hace frente para superarlas y mantenerlas.

Al quinto de la tarde —toro de reserva por haberse despitorrado el de turno—, le cuajó grandes muletazos esquivando algunos derrotes que estuvieron a punto de pegarle una cornada.

Una oreja bien concedida fue la correspondencia justa a su actuación.

En cuanto a Héctor Gutiérrez, ha sido sorprendente, con tan pocos festejos en su haber de matador de toros, la parsimonia que posee. La tranquilidad, la claridad de cabeza y el valor a toda prueba que conjunta con el conocimiento del toro, de sus terrenos y sus posibilidades.

A su primero le ha hecho buenas cosas y se ha llevado un gran susto con tremenda voltereta, afortunadamente sin mayores consecuencias.

Con su segundo, de presencia y encornadura impresionante, nos ha mostrado una tauromaquia que despierta grandes ilusiones y expectativas por él. Estuvo sobrado de sapiencia y de valor, con poder y con clase y, entre gritos de “torero-torero” se ganó a la afición de la Mérida.

Por ello al final de la corrida y de la temporada salimos de la plaza felices de haber sido testigos de tres toreros que nos han recitado a Belmonte. Que han toreado “como se sueña y se juega, como se baila y se canta”, porque los tres, con diferente estilo y en distinta medida, se han olvidado sin aspavientos del cuerpo… y han toreado con el alma.

Publicado en El Diario de Mérida

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