Feria de Abril: Daniel Luque, lidiador total, por la Puerta del Príncipe.

Daniel Luque, a hombros, por la Puerta de Príncipe de La Maestranza de Sevilla. ARJONA/PAGÉS.

El diestro sevillano cortó tres orejas tras una apabullante demostración de valor, entrega y dominio.

Por Antonio Lorca.

Merecidísima la Puerta del Príncipe para Daniel Luque. Más pronto que tarde tenía que tocar la gloria con las yemas de los dedos un torero en reconocida progresión, transfigurado en un lidiador total, que ha ofrecido en La Maestranza toda una lección magistral de toreo comprometido, en un derroche de valor, entrega y compromiso.

Se veía venir a pesar de la tremenda voltereta que sufrió cuando muleteaba a su primero, que lo enganchó de mala manera, lo levantó del suelo, se lo pasó de un pitón a otro, y la sensación es que llevaba cornada cuando, por fin, se pudo escapar de los terrenos del toro. No fue así, por fortuna, y Luque pudo continuar una labor muy meritoria ante un animal codicioso e incómodo al que doblegó sin aparente esfuerzo, sobrado de facultades y oficio.

Pasó a la enfermería y junto a los médicos estuvo hasta que sonaron los clarines para la salida del sexto de la tarde. Con el muslo izquierdo vendado para tapar la rotura de la taleguilla, Luque no pudo lucirse con el capote, —solo pudo hacerlo en toda la tarde en un quite por gaoneras apretadísimas al segundo—, y se enfrentó a un toro astifino que acudió con presteza y empujó en el caballo, que no hizo nada destacable en banderillas y llegó al tercio final envuelto en interrogantes.

Pero el torero lo tenía claro. Brindó al respetable desde el centro del anillo, y en cuestión de segundos, visto y no visto, se había hecho el amo del ruedo. Luque obró el milagro de abducir al toro, se hizo uno con él, de tal modo que la imagen resultante no era otra que la torería, la simbiosis perfecta entre un hombre inteligente y un animal exigente. Y entre ambos desplegaron emociones por toda la plaza en una faena en la que sobresalieron la firmeza, la claridad, el oficio y la entrega del torero, y la humillación, la fijeza, la seriedad y la casta del toro.

Luque asentó las zapatillas, colocado siempre en el terreno justo, y desplegó una tauromaquia basada en la ligazón, el ceñimiento, la quietud, la hondura y la firmeza. El arte del toreo, en suma.

Fue una labor sobre la mano derecha, con una sola incursión con la zurda que acabó en un cambio de manos henchido de garbo torero.

La faena terminó con un abanico de vistosas luquesinas, el toro ya absolutamente entregado, y una estocada perfectamente ejecutada aunque cayó trasera y evitó una muerte sin puntilla del animal. La plaza se cubrió de pañuelos, y el presidente no tuvo duda: le concedió las dos orejas de una sola vez, prueba evidente de su convencimiento.

Méritos también acompañan a El Fandi y Perera.

Es muy meritorio —dicho completamente en serio— que el torero granadino continúe en primera línea tras 22 años de alternativa. Su toreo nunca ha provocado pasiones y el tercio de banderillas, en el que ha sido capitán general, ya no obra el milagro del alboroto de antaño. Pero ahí sigue, dando capotazos y muletazos entre el general silencio del público, y él como si tal cosa. Le tocaron en suerte dos toros dóciles y con carita de buenos, toros de carril que se llaman, y el torero hizo lo que sabe, que no llegó a los tendidos.

Y mérito el de Perera, que cortó una oreja sin peso alguno tras una labor insulsa, irregular y vacía ante el toro más noble de la corrida, el segundo, un santo varón. Y se alargó en exceso ante el soso quinto, con el que tampoco dijo nada relevante. Fueron sus subalternos Curro Javier y Javier Ambel los que sí destacaron en el tercio de banderillas.

Pero el foco estaba en el Paseo de Colón, donde un hombre dolorido sonreía feliz con el merecimiento de los grandes toreros.

El Parralejo/El Fandi, Perera, Luque

Toros de El Parralejo, -el quinto, devuelto-, correctos de presentación a excepción del anovillado segundo; cumplidores en varas; nobilísimos los dos primeros, codicioso el tercero, manso el cuarto, soso el quinto y exigente el sexto.

El Fandi: media estocada muy baja y trasera y un descabello (silencio); estocada (ovación).

Miguel Ángel Perera: estocada caída aviso (oreja); estocada aviso (ovación).

Daniel Luque: estocada (oreja); estocada trasera (dos orejas). Salió a hombros por la Puerta del Príncipe. Fue volteado por su primero y sufrió un varetazo en el costado derecho y un fuerte golpe en el pecho de pronóstico menos grave que no le impidió continuar la lidia.

Plaza de La Maestranza. Cuarta corrida de abono de la Feria de Abril. 28 de abril. Media plaza.

Publicado en El Pais

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