Feria de San Isidro: Leo Valadez, a tumba abierta.

Por Zabala de la Serna.

Un galán asomó por toriles con el sol en lo alto de las 19.10 de la tarde. Discreído pertenecía a la ganadería de García Jimenez (Matilla), remiendo de la menguada corrida de Torrealta. Colorado, cuajado, veleto, muy serio pero hechurado, cinco años pasados, se dio en todos los tercios con prontitud, humillación y fijeza. Leo Valadez, que confirmaba alternativa, también lo dio todo en las tres fases de la lidia. Desde el saludo por caleserinas -en el saludo, sí, con el capote a la espalda-, la réplica por crinolinas al quite del Fandi por chicuelinas, las banderillas con el buen toro arreando. Y en la muleta -esa apertura de rodillas con un molinete- la misma disposición, enredada por el viento. Algún natural dibujó cuando la embestida aminoró el fuego de su caldera, perdiendo en algún momento las manos. Un espadazo sensacional, firme imagen de todoterreno.

El cartel de matadores banderilleros, tan en boga en los 80, escenificó su sentido cuando El Fandi invitó a Manuel Escribano y Valadez a parear. No fue fácil el alto toro de Torrealta para el lucimiento del tercio; Fandi, más hábil, planteó su intervención al sesgo y al violín. El aire condicionó la faena. Una vez halló Fandila los terrenos más protegidos, se rajó el toro. Que había demostrado no tener humillación y venirse por dentro. En tablas, el granadino lo hilvanó, abriéndole los embroques y dejándole la muleta puesta después. Sin brillos pero con eficacia. Como la que tuvo la media estocada en sitio exacto. El palco envió un aviso con el toro rodado. Lo mismo le pasó a Manuel Escribano, que expuso con un enemigo feo y desagradable. Una máquina de repartir derrotes, embistiendo recto. En su haber, una arrojada larga a porta gayola, el arriesgado par del violín al quiebro y la solvencia con tan hostil enemigo.

La tarde exigía una profesionalidad sorda, curtida, no valorada lo suficiente. Así le sucedió a El Fandi con un cuarto de Torrealta mejor hecho, bastote, acodado de cuerna, que no paró de moverse, un torbellino de casta. Ciertamente complicado por cuanto nunca terminó de humillar ni, en consecuencia, entregarse. Una máquina de repetir arrancadas, una tralla constante, vencido o venciéndose. Fandi, que ya lo había pasado mal en banderillas, sudó tinta china con su muleta. Y tapó mucho los defectos, imperceptibles a ojos del público, que se decantó por el torrealta irreductible.

En las antípodas, el quinto toro, de García Jiménez, que traía un son excepcional, una categoría superior, esa manera de colocar la cara en los vuelos y, sobre todo, ese punto para salirse de ellos. Esa veta mansita que amagaba con irse para siempre volver. Manuel Escribano, al margen de todo lo suyo -la apuesta a portagayola redoblada con el quiebro por los adentros-, ligó tres series de naturales como epicentro mayor de la faena, con asiento y reunión. El cierre de faena, a dos manos, la trincherilla, podían hacer presagiar la oreja. Pero la colocación trasera y desprendida de la espada restó, la petición no cuajó y la vuelta al ruedo supo a poco. Y a menos supo la imperceptible ovación para Filósofo, un sueño de toro que se arrastró entero.

El último de Torrealta devolvió la corrida a su dureza. No tanto como los anteriores, pero también muy complejo y desabrido. Leo Valadez, variadísimo con el capote, bordó con sus compañeros el tercio de banderillas más completo. Toreaba su primera corrida en España tras su alternativa en 2017 y se entregó a tumba abierta. Como si no hubiera mañana. Un volteretón puso la nota trágica. La fortuna al quite. Sólo la taleguila rota, un corte en la cabeza. Otro espadazo dejó de nuevo muy alto el pabellón de México, enarbolando el estandarte de quien pide guerra y sitio. Una oreja a sangre y fuego. A las 21.26 abandonaba la plaza como un héroe.

Monumental de las Ventas. Domingo, 22 de mayo de 2022. Decimoquinta de feria. Tres cuartos de entrada. Toros de Torrealta, de desigual y fea presentación y dos de García Jiménez (1º y 5º), hechurados, serios y de notable juego; encastado uno, de gran son el otro.

El Fandi, de azul marino y oro. Media estocada arriba. Aviso (silencio). En el cuarto, media en lo alto (silencio).

Manuel Escribano, de negro y oro. Estocada trasera. Aviso (silencio). En el quinto, estocada casi entera desprendida y trasera (petición y vuelta).

Leo Valadez, de espuma de mar y oro. Espadazo (petición y saludos). En el sexto, gran estocada (oreja).

Publicado en El Mundo

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