Álvaro Alarcón, merecida Puerta Grande.

Valor, entrega y buenas maneras de la terna ante una noble, encastada y agradable novillada de Fuente Ymbro; al sexto se le dio la vuelta al ruedo.

Por Antonio Lorca.

El toledano Álvaro Alarcón se presentaba en Madrid como novillero y era el menos conocido y placeado de la terna; de los tres novilleros es, quizá, el que tiene un concepto menos pulido del toreo, pero cortó tres orejas y salió a hombros por la Puerta Grande. Tres orejas de verdad porque las ganó a base de quietud, entrega, disposición y toreo largo un joven de corta estatura pero de corazón grande, batallador y con arrestos para emocionar a los tendidos.

Manuel Diosleguarde cortó una sola oreja porque falló con el estoque en el cuarto, pero volvió a confirmar que le sobran valor y elegancia; y Jorge Martínez pechó con el peor lote y dijo a todos que tiene madera para ser un torerazo. Inexplicablemente, el presidente se equivocó al no concederle la oreja del quinto, pero quedó patente una desbordante torería que, seguro, no habrá caído en saco roto.

Los tres jóvenes triunfaron porque les adornan condiciones para ello y porque contaron con la inestimable ayuda de los novillos de Fuente Ymbros, correctos de trapío, justos para lo que se suele lidiar en esta plaza, que hicieron una aceptable pelea en varas a excepción del primero, nobles y agradables en el tercio final; deslucido fue el segundo y con sentido el quinto, y al sexto, de encastada nobleza, se le dio la vuelta al ruedo.

Por una vez, toros y toreros se pusieron de acuerdo para protagonizar una buena tarde y confirmar, felizmente, que el toreo tiene futuro.

Y lo tiene con Álvaro Alarcón, que no parece ser un exquisito, pero le adornan agallas para salir airoso de un compromiso tan importante como ha sido su debut en Las Ventas. Buen novillo fue el tercero, que metió la cara con codicia en el tercio final, y Alarcón lo muleteó con oficio y buenas maneras de principio a fin. Se superó ante el encastado sexto, extraordinario por el pitón derecho, que aprovechó el novillero, las zapatillas siempre asentadas en la arena, con una encomiable actitud. El novillo fue a más en una larga faena, al igual que su lidiador, confiado y sereno, que conectó emocionado con los tendidos.

Diosleguarde confirmó su buen corte, su sabor torero e innata elegancia. Tiene oficio, mando y personalidad, y baja la mano. Toreó con hondura a su primero (un poco frío, quizá, por la sosa nobleza del animal), y no le perdió la cara al cuarto, menos claro, pero que le permitió lucirse en varias tandas con la mano derecha. La estocada hizo guardia y borró la posibilidad de un triunfo redondo.

Y el más curtido, el más hecho, el más torero, Jorge Martínez, se encontró con un lote poco propicio. Muy deslucido su primero, y un quinto que buscaba el cuerpo del torero, al que arrolló repetidamente con aviesas intenciones. Pero este novillero, serio y sin aspavientos, demostró que tiene valor de verdad; aguantó una voltereta en el segundo, que desarrolló sentido, y ni se miró; y el quinto, en apariencia más noble y dócil descubrió los muslos del novillero y se empeñó en empitonarlo repetidamente por el lado izquierdo. Martínez no solo no se asustó, sino que insistió con la zurda, y a final de la faena consiguió trazar unos más que aceptables naturales. Tras matar de una gran estocada, la mayoría del público quiso premiar la raza y el pundonor del torero, pero el presidente no lo vio así y se ganó una más que merecida bronca.

Ricardo Gallardo, el ganadero, y el mayoral de Fuente Ymbro acompañaron a Álvaro Alarcón en su vuelta al ruedo con las dos orejas. Discutible o no, es una imagen muy alentadora para la tauromaquia, necesitada de toros encastados y nobles y novilleros con pundonor.

Fuente Ymbro/Diosleguarde, Martínez, Alarcón

Novillos de Fuente Ymbro, correctos de presentación, cumplidores en varas a excepción del primero; nobles y agradables en el tercio final; encastado el el tercero y deslucido el segundo. Al sexto se le concedió la vuelta al ruedo.

Manuel Diosleguarde: estocada trasera (oreja); estocada que hace guardia aviso y un descabello (silencio).

Jorge Martínez: estocada caída (ovación); aviso gran estocada (fuerte petición y vuelta al ruedo).

Álvaro Alarcón: estocada (oreja); gran estocada (dos orejas, que las paseó en compañía del ganadero, Ricardo Gallardo, y el mayoral de la ganadería). Salió a hombros por la Puerta Grande.

Plaza de Las Ventas. 23 de mayo. Decimosexto festejo de la Feria de San Isidro. Algo más de media entrada (14.645 espectadores, según la empresa).

Publicado en El País

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