A Morante le quedan 70.

Por Fernando Bermejo.

Morante recogió a la hora de comer su segundo Premio ABC, y pocos me parecen.

Cuando salimos de verdad a comer -una pinchadita- a los amplios terrenos de los que dispone a los efectos el ABC, el apoderado y gurú y todo Pedro Jorge Marques -médico dentista reza su cuenta de Twitter- confesó mientras nos preparábamos para la fotito: «No llevo la agenda encima, pero le quedan 70».

Morante asintió: «Es que quiero llegar a las cien».

70 corridas, y estamos en junio ya. Efectivamente, lo de Morante está siendo histórico.

Lo del año pasado ya lo fue, y de ahí el Premio en Josefa Valcárcel. En su discurso se acordó de la dura temporada 2021, cuando «ni podíamos ir a cenar con la cuadrilla porque estaba todo cerrado, no podíamos celebrar los triunfos». Aclaró rápido que no todos fueron triunfos, señalando con inusitado énfasis la tarde -corta, plana, rauda- de El Puerto con Prieto de la Cal. Qué prontito nos fuimos para Tarifa.

En el jardín de Vocento, moteado de almohadillas rosas como el vestido de Ayuso, con la barra suficientemente lejana para ahuyentar el peligro, acechante en el puesto de Montecristo y Vega Fina, en el jardín Morante hablaba bajito, como en el discurso. Coca cola cero en mano. Serio, concentrado, igual que delante del toro.

Es más deportiva o académica que otra cosa, pero la faceta unívoca, continua, de Morante en sus últimas grandísimas faenas ha sido la concentración. Sé que en taurino eso de la concentración no tiene mucha venta; vende más el arte y el valor, la inspiración y el embrujo. Todo eso lo ha tenido y tiene Morante, pero en la cara del toro se le ha visto absorto, ensimismado con el toro, con su obra. Con la elaboración minuciosa de su obra, muchas veces con un toro que parecía que no iba a servir. Concentración absoluta del artista. Ni un guiño a las masas, apenas el que proviene del pase de pecho o cambio de mano desmelenado. Así en Sevilla, y no sólo en las tardes de clamor, también con esa perfección de lidia total hasta la muerte del miura en el ya inolvidable San Miguel que nos regaló o con la primera faena de la corrida de Jandilla en feria que tanto ignorante nos destapó.

Así en Madrid en Beneficencia, concentración absoluta con el de Alcurrucén, al que dominó y se agarró a los lomos en memorable foto.

Morante hablaba bajito en el jardín de Vocento y en el discurso, después de Ayuso, que cifró en 70 los millones de impacto de la recién acabada Feria de San Isidro. Como las corridas que le quedan esta temporada a Morante.

-Es que quiero llegar a a las cien.

Publicado en El Independiente

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