Feria de San Fermín: El palco, una ignominia.

Carece de toda lógica, aunque así lo establezca el reglamento navarro, que un concejal presida una corrida en plaza de primera categoría.

Por Antonio Lorca.

Resulta inimaginable que el alcalde de Madrid ejerciera de árbitro en la final del partido de la Champions futbolera en el caso de que tal espectáculo se celebrara en esa ciudad. Pues esa situación tan extravagante se produce en Pamplona con la fiesta de los toros; el artículo 39 del reglamento taurino navarro establece que la presidencia de las corridas corresponde al alcalde, quien podrá delegar en un concejal. Lo que no dice es si uno y otro deben ser expertos o legos en la materia.

Así, se producen situaciones estrambóticas e injustas como la que ha protagonizado Xabier Sagardoy, concejal del PSN-PSOE, que ha negado una oreja a Daniel Luque cuando la inmensa mayoría de la plaza así lo demandaba. La razón de tal proceder quedará en el baúl de los misterios sin resolver, pero está claro que quien ha aprobado la norma tiene en escasa estima la seriedad inherente a la fiesta de los toros. Un concejal por el hecho de serlo no puede ejercer de presidente de un festejo en plaza de primera, y si eso sucede en Pamplona es porque allí importa más el jolgorio que la tauromaquia.

Pero no es ese el único dilema que ha surgido en la corrida de Fuente Ymbro, una corrida, por cierto, de una impecable presentación, con toros muy serios, de impresionantes arboladuras y encastada y noble condición, aunque ninguno de ellos ofreciera una pelea brava en el tercio de varas.

¿Es justo exigir a un torero que se juegue el tipo de verdad ante un toro como el primero de Luque, al que daba miedo verlo incluso desde la lejanía? Claro que es justo, pero tampoco se debe olvidar que los toreros son seres humanos y su instinto de supervivencia se pone en rojo cuando están delante de unos largos y afilados pitones separados por 80 centímetros.

Y otro dilema más: ¿merece la pena el esfuerzo de torear con hondura y sentimiento cuando la plaza no valora el buen toreo, la mitad de ella está de espaldas bailando y cantando y la otra mitad ni pincha ni corta? ¿No es más recomendable echarse de rodillas y dar cuatro mantazos y, ya enhiesto, una tanda de manoletinas atropelladas para que las peñas presten atención?

Dicho lo cual, la corrida de Fuente Ymbro estuvo muy por encima de la terna, que hizo más de lo que pudo, que fue bastante menos de lo que los toros merecían.

Luque, por ejemplo, volvió a evidenciar que le sobra técnica, seguridad y disposición, pero con ese toro cornalón primero estuvo correcto y guardando la ropa; bien, fácil, pero sin decir nada, sin hondura alguna. Bueno, una tanda de naturales al final de su labor muleteril tuvo empaque, pero no se confió. A pesar de que no hizo concesiones a la galería, la mayoría del público solicitó un trofeo que el concejal negó.

Técnico y dominador se le vio ante el cuarto, pero también acelerado y superficial, en plan pegapases moderno; además, pinchó antes de cobrar una estocada baja. La petición fue minoritaria, pero el presidente no lo dudó y sacó el pañuelo con rapidez. Misterios sanfermineros.

Tampoco brillaron José Garrido y Álvaro Lorenzo, aunque los dos tuvieron momentos de buen toreo. El primero, por naturales ante sus dos toros, pero no supo aprovechar la calidad extraordinaria del quinto, que llevaba dos cortijos en la cabeza y no paró de embestir desde que saltó al ruedo. Eso sí, se hincó de rodillas en el segundo y se adornó por bernadinas en el otro, lo que le permitió pasear una oreja.

Y a Lorenzo le sucedió algo parecido; de su larga faena al tercero solo se recuerda una tanda de naturales templados en una inmensidad de pases anodinos; y ante el soso sexto (un toro de seis años, que solo se pudo lidiar en Pamplona porque así lo permite su humorístico e ignominioso reglamento), no hizo nada relevante y, encima, lo mató de impresentable manera.

Fuente Ymbro / Luque, Garrido, Lorenzo

Toros de Fuente Ymbro, muy bien presentados, serios, cornalones y astifinos, muy desiguales en los caballos, nobles, encastados y con movilidad. Sobre todos ellos destacó el quinto, muy codicioso en el último tercio.

Daniel Luque: estocada (fuerte petición y vuelta al ruedo); pinchazo y estocada caída (oreja).

José Garrido: tres pinchazos -aviso- media estocada y tres descabellos (silencio); estocada baja (oreja).

Álvaro Lorenzo: estocada caída y trasera -aviso- (oreja); pinchazo, media estocada en los costillares y pinchazo (silencio).

Plaza de Pamplona. 8 de julio. Segunda corrida de la feria de San Fermín. Lleno.

Publicado en El País

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