Bravura, casta y trapío en una interesante feria de Céret 2022.

Las ganaderías de Dolores Aguirre y Alejandro Vázquez destacan en un ciclo en el que solo Alberto Lamelas y el novillero Diego Peseiro lograron trofeos

Por Alejandro Martínez.

Como peregrinos del Camino de Santiago —a estas ferias toristas del sur de Francia bien se las podría bautizar como Camino del Torismo—, un año más, cientos de aficionados españoles se desplazaron el pasado fin de semana hasta la pequeña localidad de Céret, situada a menos de 20 kilómetros de Cataluña, para rendir culto al toro. El principal reclamo, las corridas de Dolores Aguirre y Palha, anunciadas el sábado 16 y el domingo 17, respectivamente.

Y el viaje mereció la pena. Aunque a la corrida de Palha le faltó motor y fiereza, la de Dolores Aguirre sí cumplió con las expectativas. Salvo los lidiados en segundo y tercer lugar, uno por complicado y otro por afligido, el resto de los toros de la divisa sevillana derrocharon grandes dosis de casta y ofrecieron un buen espectáculo en todos los tercios.

Notable fue la pelea de alguno de ellos en el caballo, hasta el que se arrancaron con prontitud y viveza, para después meter los riñones y romanear. Fue el caso del quinto, de nombre Carafea, que derribó a caballo y picador tras elevarlos en el aire y estamparlos contra las tablas en una escena espectacular.

Esa tarde hicieron el paseíllo Alberto Lamelas, Román y Maxime Solera. El primero, al que le correspondió el lote más completo, fue el único que logró pasear un trofeo (de escaso peso). El jienense, todo pundonor, anduvo por debajo de sus dos oponentes, encastados y exigentes, pero de buen fondo. Los mejores muletazos llevaron la firma del francés Solera que, sin embargo, pinchó con la espada. Un desconfiado Román, por su parte, pasó un trago, especialmente frente a su primero, el más dificultoso.

Al día siguiente, por la mañana, se anunciaba una novillada con el hierro —desconocido para muchos— de Alejandro Vázquez Sánchez, de encaste Núñez. Y el encierro resultó de lo más interesante. Para empezar, salvo el utrero lidiado en primer lugar, los animales que salieron por chiqueros lucían un trapío sobresaliente. Cumplidores la mayoría en varas, ofrecieron grandes posibilidades de lucimiento por su encastada nobleza. El mejor, Hidalgo, jugado como cuarto, fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre.

Y si bien sus dos compañeros, José Rojo y Leandro Gutiérrez, no estuvieron a la altura, Diego Peseiro sí aprovechó la oportunidad. El novillero portugués, que clavó banderillas con gran acierto, ejecutó muletazos estimables por ambas manos, anduvo certero con la espada y se marchó a hombros por la puerta grande tras cortar dos orejas, una a cada ejemplar de su lote.

Uno de los toros de Dolores Aguirre arrancándose al caballo. PHILIPPE GIL MIR.

El mismo domingo, ya en jornada vespertina, se cerró la feria con la esperada corrida de Palha, muy bien presentada y astifinísima. ¡Qué forma de rematar en los burladeros de salida, sin astillarse un pitón! Pero, sin ser mala, resultó más decepcionante. Menos el sexto, orientado y muy complicado, los siempre temibles astados portugueses desarrollaron una nobleza excesiva, llegando incluso a perder las manos en varias ocasiones. Pese a todo, cumplieron en varas en mayor o menor medida y alguno, como el que abrió plaza, demostró su fondo encastado.

Ese primero le tocó en suerte a Sánchez Vara, que fue obligado a saludar una ovación tras el paseíllo, por su meritísima actuación en 2021 ante la peligrosa mansada de Reta de Casta Navarra. De nuevo brillante en sus labores como director de lidia, clavó banderillas con enorme exposición y dejó algunos muletazos de buen estilo. Sergio Serrano y Damián Castaño, que completaban el cartel, expusieron menos de lo que la ocasión requería y no pasaron de voluntariosos.

Una interesante feria que este año conmemoraba el centenario de las Arènes de Céret y que ha tenido una buena respuesta de público. Si en la novillada se cubrió algo más de la mitad del aforo, en las dos corridas se superaron los tres cuartos de entrada. Aficionados fieles, pero exigentes, que volvieron a reivindicar el toro íntegro y encastado, y el tercio de varas, como ejes y protagonistas de la tauromaquia.

Publicado en EL PAIS

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