No extraño una fiesta que no vi, si no una que no veo Por Bardo de la Taurina.

La Casa Blanca, vecindad del barrio de Tepito que tuvo a su Abraham Lincoln en versión de doble, y a ello obedece la leyenda que de ahí tomo el nombre el vecindario, entre sus venas cuenta con una funeraria pa’ uso de exclusivo de los palmados que ahí viven. Cómo estará la cosa que el colgadero de diablitos de la luz es más grande que el propio infierno, con el agregado que nadie de la compañía de luz se atreve a entrar a medir los medidores y muchísimo menos a cortarles el servicio. Por ese rumbo también hay una concha acústica por aquello del arte y la cultura, a propósito ¿Por qué en la Asociación de Toreros el representante cancelo las ‘Tertulias Culturales’ que eran exitosas y remunerativas? Y así quieren usar la cultura cómo arma de defensa…

Bueno a esa Casa Blanca en 1978 llegó un día en troupe el elenco de “Los hijos de Sánchez” con figurones como; Anthony Quinn, Katy Jurado, Dolores del Río… quien usaba como neceser un estuche de esos de piel piteados que los toreros usan pa’ guarda la montera y que le había sido obsequiado por un torero avecinado precisamente en Tepito que lo fue Jaime Bravo, que era tan bravo con el toro y tan guapo, con un erotismo que lo mismo se lo peleaban las hembras que los no muy machos. Bravo fue amigo de la estrella hollywoodense desde los tiempos de la «Tijuana Taurina» donde los de luces eran verdaderos ídolos, como algo curioso decía Lolita ya con unas aceitunas martineras entre pecho y espada -que el mejor alternante de seda pa’ las sábanas de seda era Jaime Bravo ¡Vaya tía!

Después de a haber cargado por semanas el neceser/montera el Bardo regresó veinte años después a la Casa Blanca, en compañía de su compadre Pablo Huerta “El Charro de las Alturas” que ésta semana se palmó en un proceso de muerte anunciada y sufrida, se había desunido de otra caterva de la Plaza México que dejó de ser libre, pa’ ser personal, por ello Pablo paso a formar democráticamente la Porra la de Las Alturas allá en las primeras filas de los generales de sol donde pintaron su coto y en donde metían a la hora de la corrida un anafre con carbón, bistecs, tortilla y salsita rebosadas a granel, con chínguere y alipuses más pegadores que un puyazo, los que ya venían a media vara, pues desde la hora del sorteo le empezaban a dar pa’ dentro en el parquecito.

Con esa presencia charra, no disfraz, la que acompañaba fumando puros dejaba sentir su ánimo en el fortalecimiento del grupo, reforzado por invitaciones calé a manera de convivencia y también de reconocimientos de lujo, que fueron entregados a lo distinguido del medio, con eventos solventados por ellos que es como debe de ser, pues pa’ mamar la chichi de la empresa cualquiera. Pablo vivía frente a la Casa Blanca y a la hora que fuera en su ferretería que era bisagra del histórico sitio, siempre había un remedio pa’ la cruda. Ahora pa’ los adeptos de la Santa Muerte, decirles que su capilla se halla a una cuadra de ahí y su día de festejos es el primero de cada mes, lo informo por si quiere usted arrimarse por ahí y darnos un abrazo.

La banda de las alturas esta de luto.

Ya muy en cortito conocimos el entramado subterráneo del barrio que si existe y en la colonia Morelos paisajeamos el auténtico bajo mundo donde hay que ir sin calzones, porque o te los roban o se te caen por aquello de que el miedo no anda en burro, todo pa’ llegar a comer ahí los famosos huesitos, donde ya encarrilado le propuse que creara una auténtica Porra Plaza / Porra México / Porra Tendido, pa’ dotar al coso monumental de una expresión libre, pesada, conocedora, seria y hasta temida, que desde el tendido le prendiera ardor a la enjundia torera y a la vez mandara a freír espárragos a los toros lecheros y fuera moralmente sancionadora no de periodistas que libremente ejercen la Libertad de Prensa sino de los cómodos – melcocheros- que tanto han engañado a la Fiesta y la han ido matando dulcemente como lo que son unos diabéticos de los medios, pero sobre todo se le pedía el reproche empresarial, claro, cuando así lo ameritara algún hierro ganadero.

Fue reacio cuando el Bardo convocó a que el público no asistiera a la inauguración de una temporada, por el silencio que tuvo en ascuas a la afición, cuando el cambio de empresa. Se recibió una llamada del consorcio al móvil del escribano, manifestando mil razones pa’ no levantar olas y Huerta pensó que eso podría acarrear consecuencias a su grupo… Pablo conoció a una enamorada a la que delante de nosotros le entregó el anillo de compromiso, se vino la pandemia, su enfermedad lo fue minando hasta apuntillarlo y con Pablo Huerta padre se perdió una posibilidad de que el tendido de la Plaza México fuera macho y cabal, más que social y bullanguero, sin dejar de soslayar que con una lupa del tamaño del ruedo se pueden encontrar aficionados conocedores y en forma milagrosa hasta comprometidos.

II

Hoy la Fiesta esta agarrada de la cola por el ninguneo de políticos maricas (bueno pa’ no hacernos bolas por culeros) y desadaptados sociales, que confunden la imposición con el no meter las narices donde no les llaman, todo ello aprovechando la anorexia que impide que la Fiesta sea un espectáculo en lo general y no un carrusel de vanidades de luces sin watts, de toros en su mayoría aniquilados por el ‘Canal Toro de España’ que nos muestra otro tipo de reses que se aceptan precisamente por carecer de un Porra como la que se pretendía juzgadora y justiciera con el espectáculo inexistente, porque como atinadamente dijera el maestro Rafael Cardona: «No extraño una fiesta que no vi, si no una que no veo».

Hoy en día pululan escuelas taurinas, que lo que deberían de ser es Centros de Inducción a la Fiesta Brava, con teoría, práctica, historia, cultura, arte, ejercicio, trato, relaciones públicas y léxico pero hasta ahí, porque si seguimos con la cantaleta de que la Fiesta es tradición de cinco siglos, entonces los toreros deberían de ser hijos de la vagancia, de las mujeres, del vino y del tabaco o si no ¿en qué quedamos? ojala esa sea la visión del Matador Juan Luis Silis que se inicia en esta aventura bajo el nombre de «El Centro de Formación Taurina de la Ciudad de México». La apuesta no es llevar niñitos a que se asusten con tanto concreto vacío en la plaza, ni que vayan al Registro Civil y se cambien el nombre por el de Isaac Fonseca, sino que sepan que igual que existen otras artes, existe una denominada Tauromaquia que goza más que de historia de atractivos presentes, porque los atractivos se viven, se sienten, se palpan y su historia desde luego que es interesante, aunque hoy en día esta dormida dentro de una pantalla digital.

Juan Luis Silis es un ejemplo de vida, de entereza, de lucha por la supervivencia, de orgullo, de honor y todas esas experiencias son las que pienso el podrá aportar y bienvenidas y aplaudidas porque provendrán de un guerrero y eso no tiene nada que ver con enchílame otra…becerra.

Y una nota muy personal a quienes van asistir al «El Centro de Formación Taurina de la Ciudad de México» ahí se van a formar como aficionados o hasta como aficionados prácticos, porque no de cualquier escuela van a salir toreros profesionales. La ventaja que van a tener quienes asistan a este Centro, es que es el único lugar dónde el académico titular es un verdadero, auténtico e increíble sobreviviente no de la toreada sino de la vida, porque Juan Luis Silis, sí, ya le vio las mejillas a la muerte, y conocer a alguien con esa cualidad pues está cañón y reitero siempre valdrá más estar junto a un hombre que, junto a un orfebre.

Vayan al ‘El Centro de Formación Taurina de la Ciudad de México’ ahí junto a La Plaza México, antes de que nos encapsulen la Fiesta Brava en los museos.

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