Los toros vuelven a Mallorca por la puerta grande, con triunfo de Juli y Fandi.


Por Diego Sánchez.

Hace ahora un lustro, PSOE, Podemos y MÉS unieron sus votos para prohibir las corridas de toros en las Islas Baleares. Lo hicieron con una norma que desnaturalizaba el espectáculo, evitando plantear una abolición total que el Tribunal Constitucional (TC) ya había considerado ilegal en el caso de Cataluña. La maniobra no salió adelante y el TC falló en 2018 que las restricciones aprobadas por la izquierda y los separatistas eran incompatibles con la preservación de la tauromaquia que exige la Ley 18/2013, en virtud de la cual dicha tradición artístico-cultural está reconocida como parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de España.

En agosto de 2019, el Coliseo Balear de Palma de Mallorca reabrió sus puertas y celebró su 80 aniversario con un histórico festejo al que acudieron casi 9.000 espectadores. Sin embargo, la pandemia dejó en blanco la temporada 2020, mientras que en 2021 solo fue posible organizar un festival en la plaza de toros de Inca. El espectáculo estuvo a punto de agotar el aforo permitido por las autoridades, que en cualquier caso se redujo a 2.000 espectadores debido a los protocolos sanitarios asociados a la pandemia del coronavirus.

De modo que este 2022 tenía que ser el del regreso de la Fiesta al Coliseo Balear. Para que así sea, la Casa Matilla echó el resto y, mostrando un gran compromiso con la supervivencia del toreo en las islas, anunció dos corridas programadas en horario nocturno. La primera, anunciada para el 4 de agosto, reseñó seis toros de Zalduendo y contó con los diestros Morante de la Puebla, Julián López El Juli y Cayetano Rivera Ordóñez. La segunda, celebrada el 5 de agosto, encerró seis toros de Luis Algarra para David Fandila El Fandi, José María Manzanares hijo y Andrés Roca Rey.

La primera noche

El primer festejo tuvo el contratiempo de la lesión de Morante de la Puebla, que fue sustituido a última hora por el joven matador toledano Tomás Rufo, una de las más importantes promesas del toreo. Rufo tomó la alternativa hace menos de un año y ha sido uno de los triunfadores de la última Feria de San Isidro. Como es habitual, el festejo se celebró entre ciertas presiones de varios grupos de antitaurinos. Además, no se permitió la entrada a menores, en línea con las continuas trabas y restricciones que viene adoptando el gobierno balear para perjudicar la actividad taurina.

El Juli cortó una oreja a cada uno de los toros de su lote y exhibió el gran momento en el que se encuentra con dos faenas en las que supo entender el comportamiento de los astados de Zalduendo, potenciando sus virtudes y tapando sus defectos. El madrileño demostró temple, saber hacer y capacidad, amén de la inteligencia que tantos éxitos le ha brindado.

Tras el silencio que escuchó con la breve faena al segundo de la noche, Cayetano Rivera Ordóñez dio una vuelta al ruedo en el quinto de la tarde, viendo así reconocido el tesón que exhibió con el peor lote de la corrida. Tomás Rufo fue ovacionado en el tercero y logró un trofeo con el cierraplaza, culminando así una buena presentación en las islas.

El juego de la corrida de Zalduendo estuvo por debajo de lo esperado, de modo que la terna se esforzó al máximo por animar la corrida y agradar al respetable, que cubrió más de 3.000 asientos del coso y se mostró animado y cariñoso con los toreros.

La segunda noche

Fue el granadino David Fandila El Fandi quien triunfó en la segunda corrida del verano, celebrada el 5 de agosto. Ante unos 6.000 espectadores, el veterano torero desplegó todo su repertorio y cortó una oreja en cada toro de su lote. Su variedad capotera (chicuelinas, zapopinas…) y la espectacularidad en banderillas (siete pares a lo largo del festejo) hicieron las delicias del respetable. El buen uso de la espada rubricó una noche de triunfo.

Una oreja cortó José María Manzanares ante el segundo de la noche, un buen toro de Luis Algarra. El público llegó a reclamar un segundo apéndice, que la presidencia se negó a conceder. En su segunda actuación, el torero alicantino dio una vuelta al ruedo en reconocimiento a su generosa entrega con el parado y reservón quinto.

Roca Rey, que sigue demostrando su poderío en la taquilla, se topó con un exigente tercero al que supo reducir y templar, hasta terminar la faena montado en sus pitones. En el sexto toro tuvo el detalle de brindar su faena a su apoderado, el torero Roberto Domínguez, que tomó la alternativa en Mallorca hace ahora medio siglo.

Publicado en Gaceta

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