El toreo se hace eterno en Alicante con José Tomás.

El diestro de Galapagar corta tres orejas y cuaja para la historia una gran faena al segundo toro de Garcigrande.

Por Sixto Naranjo.

Después de Jaén, muchos fieles tomasistas amagaron con renegar de su fe después del combate nulo en el coso de La Alameda. Que si los toros, que si el formato, que si la pobre imagen del Dios laico de la tauromaquia… Dos meses después, Alicante ha sido nuevo punto de encuentro de aficionados de todos los lares del mundo al reclamo de una nueva actuación de Jose Tomás. Un nuevo lleno y una ciudad repleta de gente acudiendo a la llamada del toreo. Nadie se acordaba ya de Jaén y todo era ilusión y pasión por ver de nuevo a JT.

Un rugido salió de los tendidos cuando pasadas las 19,35 sonaron clarines y timbales. Y ahí estaba la fina figura del torero embutida en un terno grana y oro.

El primero llevó el hierro de Juan Pedro Domecq. Sin probaturas ni subalternos para testar al toro. La verónica abriendo el compás, pero en animal reponiendo. Lo solucionó el torero con un soberbio toreo por Chicuelo. Enganchando adelante la embestida, quebrando en el momento exacto y ajustándose al máximo con el toro. Cumbre la tercera de ellas. El tercio de varas fue un mero trámite. El del hierro ducal, muy en la línea de los productos que está lidiando este año, se movía sin clase y se violentaba cuando Tomás le obligaba por abajo en el toreo en redondo. Pero no movió las zapatillas para ligar una tanda de una precisión absoluta por este pitón. Al natural la sosería y la falta de entrega brotaron con más claridad por parte del toro. Lo intentó el madrileño, que volvió a la diestra para dejar una tanda de ajuste y sitio asfixiante. Pero hasta ahí llegó el toro y la faena. La estocada viajó muy trasera, aunque resultó mortal. La oreja de los fieles no cogió suficiente fuerza y la petición no llegó a ser mayoritaria. Una ovación recompensó lo realizado.

De Garcigrande fue el segundo, un toro de liviano trapío y escasas carnes que perdió las manos de salida. Las protestas arreciaron pese al buen puyazo que cobró Pedro Irurralde. En el quite por gaoneras los brazos se movieron con templanza y largura. Al pupilo de Justo Hernández, pese a las protestas, se le atisbaban buenas condiciones al embestir. Y fue al natural donde se conjuntaron el concepto tomasista y el buen fondo del “garcigrande”. Dos tandas de la mejor zurda de JT. Quietud, suavidad, largura, profundidad, ceñimiento. La segunda de ellos sumó más de la decena de muletazos ligados. Se pedió la cuenta entre el delirio del personal. Alicante estalló de verdad. El toreo bueno, al fin y al cabo, es lo que tiene. Emociona y conmueve. Y un final por ayudados que resultó asombroso por la composición y el mando. La espada volvió a caer trasera y desprendida. Aún así, las ganas del público provocó que desde el palco asomase el doble moquero.

El tiempo muerto tras la lidia de este segundo se antojó necesario. Tanta intensidad en lo taurino y emocional necesitaba de unos minutos para paladear y comentar con los compañeros de tendido.

Tras la pausa de hidratación saltó el de Victoriano del Río. Más cuajo que los dos primeros y al que José Tomás quitó por chicuelinas. El toro se mostró pegajoso en el capote de Sergio Aguilar durante estos primeros tercios, en lo que sobresalió un comprometido tercer par a cargo de Rafael Viotti. El del hierro madrileño sacó genio en una primera tanda a derechas. A más sometimiento del torero, más protestaba el animal. Le cambió el pitón y al natural hubo la misma entrega. Nula. Regresó a la diestra y cuando le estaba apretando de verdad por abajo el toro se quedó a medio viaje y le lanzó un terrible hachazo al bajo vientre del que salió milagrosamente indemne. Un final rotundo por manoletinas ceñidas al máximo y una estocada contraria le hicieron sumar un nuevo apéndice al grito de “¡torero, torero!”.

La tarde, después de tantas emociones, se desinfló en el sexto de Domingo Hernández, un ejemplar de escaso perfil y muy venido a menos desde el inicio de faena. Expuso el de Galapagar y toreó con mucha suavidad por ambos pitones. Pero faltaba oponente para dotar al conjunto de mayor emoción y consistencia. Lo cazó al tercer intento.

Cuando el reloj marcaba las 21.15 y el torero enfilaba la Puerta Grande, la eterna pregunta sobre el futuro del mito de Galapagar sobrevolaba los tendidos de la plaza de Alicante… ¿habrá sido la última corrida de José Tomás? Solo él será capaz de resolverla.


FICHA DEL FESTEJO

Alicante, domingo 7 de agosto de 2022. Lleno de “No hay billetes”.

Toros, por este orden, de Juan Pedro Domecq, de correcta presencia y juego manejable pero sin casta ni empuje; Garcigrande, terciado pero de un gran fondo, con un buen pitón izquierdo; Victoriano del Río, bien presentado, exigente. Domingo Hernández, terciado y venido a menos por su falta de casta.

José Tomas, como único espada: saludos tras petición, dos orejas, oreja y silencio tras aviso.

Publicado en COPE

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