¿Semana mexicana o antimexicana en España?

Por Alcalino.

Mientras la fiesta en nuestro país se reduce a contadas funciones en poblaciones y plazas pequeñas –pueblerinas, se decía antes de que la corrección política nos alcanzara-, en la temporada española saltaron esta semana con sonoridad nombres de matadores y novilleros nuestros que se están jugando la piel y el porvenir por aquellos cosos. Aunque, entre indicios, confirmaciones y engañosas apariencias no todo huele muy bien que digamos.

Isaac Fonseca: alternativa… ¿y frenazo? No es ni será la primera vez que un novillero mexicano se doctora en Francia, aunque tampoco sea Dax el lugar más a propósito para una alternativa de postín, ni lo que la arrolladora campaña del moreliano a lo largo de la temporada española merecía. Primer aviso.

Con todo, el cartel del pasado jueves 11 prometía mucho más de lo que la realidad mostró: ni Manzanares ni Roca Rey consiguieron hacer nada con un encierro perplejo y parapléjico de Núñez del Cuvillo y solamente Isaac consiguió, luego de estoquear al bicho del doctorado (“Dudosito”, de 505 kilos) arrancarle una vuelta al ruedo a la decepcionada afición del mediodía galo que llenaba la plaza. Debe haber sido la tarde más deslucida del arrollador limeño durante su presente campaña europea y la peor torada de Cuvillo en años, pues por muy ganadería comercial que se le considere no suele echar al ruedo seis tullidos aquejados de algo semejante a la apnea del sueño, como efectivamente sucedió. Segundo aviso.

¿Y ahora? Habrá que ver con lupa lo que venga. Porque Isaac Fonseca, dada su condición no ya de simple puntero en sazón para el doctorado sino de coleccionista de puertas grandes, triunfador absoluto en Valencia, Sevilla, Madrid, Pamplona –cualquier cosa-, y sin duda el novillero más interesante que ha pisado arenas españolas en los últimos años, tendría que tener, ya matador, un buen fajo de fechas aseguradas en las principales ferias que pueblan por racimos los meses de agosto y septiembre, e incluso sitio de honor en las otoñales de la Maestranza y Las Ventas. Con lo cual debe entenderse merecido acceso a carteles fuertes, no como partiquino en tercias de relleno con toracos que nadie apetece.

Porque si fuera éste el opaco porvenir que le espera –eso o la nada, habrá que ver— sería no el tercero sino el enésimo aviso de que el sistema español sigue tan excluyente, chauvinista y xenófobo como desde mediados del siglo pasado. Y con la hipocresía por delante, sin siquiera la franqueza con que los Lalanda, Fortuna, Bienvenida y Ortega echaron al mar a nuestros toreros en 1936. Boicot del miedo lo llamó Juan Belmonte, en una de sus muchas frases certeras. Y tan lapidaria que sigue conservando vigencia.

Joselito, de nuevo en hombros. Fue en la apertura de la feria de Huesca y era apenas la sexta actuación del hidrocálido este año entre España y Francia. Y su tercera puerta grande, demostración palmaria de que atraviesa el hidrocálido por su mejor momento como torero, mente despejada, ánimo alegre, cuerpo relajado y alerta, poder y entrega en perfecta conjunción. No extraña, por tanto, que haya cortado tres orejas, por una que Antonio Ferrera cobró del abreplaza y otra más en premió a ciertas temeraridades del local Jorge Isiegas con el sexto astado.

Su primera faena, dicen, fue realmente extraordinaria, a tono con la clase de un gran toro de Bañuelos; el otro no salió igual pero lo mismo se arrimó, le pudo y lo desorejó. La gente lo aclamaba a coro -¡Joselito! ¡Joselito!–, el ganadero, luego de abrazarlo, recordó que de once veces que José Guadalupe Adame se anunció con sus toros, once veces abrió alguna puerta grande, empezando por la tarde de su alternativa (Arles, 07.09.2007).

¿Servirá todo esto para que le haga justicia el sistema? Si nos atenemos a la historia la respuesta sería un no rotundo. Y no nace de la adivinación sino de la estadística.

Valadez en San Sebastián. Ayer, en la segunda de la corta feria donostiarra –tres festejos, ya no la semana tradicional-, Leo descerrajó la puerta grande de Illumbe luego de cortar una oreja a cada toro de su lote de Juan Pedro Domecq, mientras sus alternantes Cayetano y Ginés Marín abandonaban la plaza a pie. Lo cual no significa que no hubieran estado entonados, pues cada cual cobró la oreja de uno de los suyos. Para que todo saliera así de bien medió el milagro de que los de Juan Pedro embistieran, quebrando la racha de mansedumbre supina que venía caracterizando sus encierros a lo largo de la temporada.

Para Leo era apenas su cuarta presentación del año en España, aunque vale aclarar que en plazas menos chungas que las que ha pisado Joselito Adame. Una oreja en Madrid y dos en Pamplona lo acusan, si bien San Sebastián marcó su primera aparición en carteles de espadas no banderilleros. No era malo el de ayer, aunque tampoco puede decirse que haya alternado con figuras punteras, esa media docena de privilegiados que son los que aprueban o tachan alternantes y ganaderías. Como en los casos de Fonseca y Joselito habrá que estar muy pendientes del trato que en lo sucesivo les dispensen empresarios y periodismo. A ver si siguen o no hablando de él y Adame como “figuras en su país” y clasemedieros tirando a lo bajo en España, sin importar lo poco o mucho que triunfen sobreponiéndose a la incómoda posición en que se les mantiene.

Santiago López, con el pie derecho. Santiago López, jalisciense, es uno de tantos jóvenes mexicanos que, para hacerse toreros, decidieron emprender esa aventura que pasa por cursar aprendizaje en alguna de las escuelas taurinas que pueblan la geografía española y, una vez egresados, buscar un mentor que les consiga novilladas, sin picadores primero y con caballos después. Porque el medio nacional ya no da para que puedan curtirse con utreros sin necesidad de cruzar el Atlántico.

Luego de una prometedora campaña inicial por esos villorrios de Dios, Santiago López debutó con picadores en Alcalá del Júcar, risueña población albaceteña, el pasado miércoles 10, anunciado en mano a mano con Francisco José del Mazo para lidiar cuatro utreros de La Oliva. Resulta, sin embargo, que su alternante fue lesionado por el primero de la tarde y el tapatío se quedó con el resto del encierro. Su balance: vuelta al ruedo, dos orejas, dos orejas y la salida en hombros. Nada mal para empezar. Habrá que desear y esperar que el triunfo se le vuelva un hábito, y se prolongue hasta hacer del chico la figura que sin duda sueña ser.

El éxito de Santiago confirma que México sigue siendo una cantera de toreros virtualmente inagotable. Y que, en última instancia, somos los mexicanos –taurinos, ataurinos o antitaurinos— los ciegos y sordos a la histórica evidencia. Y quienes oyen o vislumbran algo más, o son indiferentes o palmariamente ignorantes o militan en las huestes decididas a acabar con la Fiesta exterminando toros, toreros, afición y todo lo que se mueva por ahí.

Publicado en La Jornada de Oriente

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