Opinión: Ilusión y pasión… por los novilleros.

Estoy convencido que ante el oscuro panorama que vive la tauromaquia en México, como lo hacen los novilleros en cada tarde en que se visten de luces, no hay mejor forma de enfrentar la vida que con pasión e ilusión.

Por Antonio Casanueva Fernández.

La presentación de los carteles de las novilladas anunciadas en la plaza «Nuevo Progreso» de Guadalajara me provocaron ilusión que, según la Real Academia de la Lengua, es una «esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo».

Estoy convencido que ante el oscuro panorama que vive la tauromaquia en México, como lo hacen los novilleros en cada tarde en que se visten de luces, no hay mejor forma de enfrentar la vida que con pasión e ilusión.

Albert Camus utilizó el mito de Sísifo para explicar que cuando el espíritu de lucha es auténtico, no puede triunfar la desesperanza.

Sísifo fue un astuto personaje griego que consiguió engañar a los dioses y hasta a la muerte misma.

Como castigo, Zeus y Hades lo condenaron a arrastrar una enorme roca desde el suelo y hasta la cima de una montaña.

Al estar a punto de llegar, la piedra cae haciendo que Sísifo tenga que volver a empezar. El proceso se repite hasta la eternidad.

Camus utiliza a Sísifo como metáfora de la condición humana. Para él, la vida está caracterizada por el absurdo, es decir, lo irracional, lo chocante, lo contradictorio.

Algo así como lo que vive la fiesta de los toros en México: intentos de prohibición, amparos, incertidumbre en la Ciudad de México… Camus interpreta a Sísifo no como un personaje desesperado, sino a un hombre que acepta su destino.

Las experiencias, aunque parezcan absurdas y repetitivas, adquieren valor cuando las hacemos propias, les damos sentido y encontramos –a partir de lo que parece absurdo– propósito a nuestra vida.

Camus creía que el respeto hacia nosotros mismos aumenta cuando aceptamos esas situaciones dolorosas, y aún así, como Sísifo, nos esforzamos en transformarlas. Tenemos que actuar como si el mal pudiera ser derrotado.

Y si no volteen a ver a los novilleros que entrenan de manera incansable. Saben que las oportunidades son escasas.

Que cuando se presentan, depende de un sorteo, de que el novillo embista, que las condiciones ambientales no les sean desfavorables, que el público se un poco empático con ellos y qué sé yo cuántas otras vicisitudes hacen que ser figura del toreo sea casi un milagro.

Y esto ante un entorno de intentos prohibicionistas, insultos e incomprensiones. Sin importar nada, los novilleros luchan y llegan a la plaza con un desbordante optimismo.

Como no sentirme esperanzado ante la vocación de los chavales. Y más en este 2022 en que se anuncian en Guadalajara novilleros a los que he tenido la oportunidad de ver desde niños y ser testigo de su intensa lucha y su crecimiento como toreros.

Tres tapatíos: Julián Garibay, que ha sido apoyado por Juan Pablo Corona, formado desde chavalillo por Antonio Bricio, y que lo mismo entrenaba en la ganadería de San Constantino, y que este año viajó a España para entender otros encastes y afinar su técnica.

Por otra parte, Rubén Núñez, que regresa a su natal Guadalajara después de haber triunfado como novillero sin picadores en los pueblos de España y de haber llegado, incluso, a la plaza más importante del mundo donde se llevó el galardón en la final del certamen «Camino a las Ventas», cuya imagen corresponde la foto que ilustra este texto.

Y el más joven, Jairo López, que aprende la técnica del toreo en la Academia Taurina de Guadalajara y que, en algunas actuaciones como becerrista, sus muletazos largos y profundos me hicieron evocar el sentimiento y la sensualidad característica de toreros mexicanos como Manuel Capetillo, Silverio Pérez o El Callao.

Se presentan otros novilleros a quienes conocí en el CART y que he seguido con emoción desde entonces. El hidrocálido José Miguel Arellano, quien fuera el máximo triunfador de aquel certamen, por encima incluso de españoles que después se volvieron punteros en el viejo continente como Manuel Perera, Calerito, Jorge Martínez o Christian Parejo.

El zacatecano César Pacheco, que entrena y sueña más que nadie. Y el torero de dinastía, José Alberto Ortega, quien a base de valor ha triunfado lo mismo en La México que en Huamantla.

La pasión de estos novilleros me contagia ilusión y me hace pensar que en México volveremos a tener una figura de época, que entusiasme y llene las plazas de toros.

Así que me llena de optimismo ver anunciados en la plaza «Nuevo Progreso» a Julián Garibay, Rubén Núñez, Jairo López, José Miguel Arellano, César Pacheco y a José Alberto Ortega.

Charles Baudelaire, poeta francés del siglo XIX, también empleó a Sísifo para ilustrar la valentía de un artista que, ante la mala suerte, es visto como héroe:

¡Para levantar un peso tan abrumador,

Sísifo, sería menester tu coraje!

Por más que se ponga amor en la obra,

el arte es largo y el tiempo es corto.

Publicado en Intolerancia Diario

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