Monumento al toreo caro en Alcázar: Ángel Téllez indulta al sexto.

Más de media plaza para asistir al encierro de El Torero. Morante de la Puebla abrió la tarde con un toro que no fue fácil. Primero a la verónica para después cuajar una faena que fue un compendio de suavidad y temple dando los tiempos justos, gracias a los molinetes y los de pecho. Estocada trasera y caída para oreja.

En su segundo, la faena fue primorosa. Toreó aseado de capote y templado en el final de la media un comienzo de faena sentado en el estribo por alto sacó al toro a los medios en series templadas por ambos pitones. Mató recibiendo y la estocada cayó baja pero el clamor para las dos orejas fue un anime. Antes, se vivió el drama en el tercio de varas, al derribar al picador, donde el respetable pidió a gritos el auxilio por el caballo, operado por el veterinario Luis Plaza.

Emilio de Justo firmó una faena muy variada con un capote excelso llevando el toro hasta la misma boca de riego para después hacer un quite por chicuelinas. Brindó el torero al equipo médico. Con la muleta el toro antes de empezar se estrelló contra las tablas y mermó sus facultades. En la muleta, llevó a cabo tres series extraordinarias por el pitón derecho pero cuando cambió siguió en el mismo tono alcanzando lo mejor en los desprecios por abajo y volapié hasta la bola para obtener dos apéndices.

En su segundo, bordó el toreo al natural como hacía tiempo, con un temple de lentitud mano baja y rematado todo muy atrás. Hubo petición de indulto para el toro, sin éxito. Una oreja. Su final por manoletinas con la pierna abierta de un riesgo impresionante, lástima de la espada que cayó muy baja y dos golpes de verduguillo dejaron el premio en una oreja; faltó sensibilidad en la presidencia para otorgar la vuelta al ruedo al toro que fue largamente aplaudido en el arrastre

Por su parte, Téllez con la muleta sacó dos tandas finales de mucha quietud a pies juntos y una finalización por manoletina rematada con un de pecho soberbio. Oreja. Pero lo mejor estaba en el final. Delirio en el sexto con una faena con mayúsculas, donde indultó al toro. Dos orejas y rabos simbólicos ante el clamor de los tendidos. El delirio del toreo en el sexto y la faena con mayúsculas para recordar en la memoria eternamente. Ángel Téllez bordó el toreo por ambos pitones. Toreó como los ángeles, como su propio nombre, y la plaza en pie enloquecida pidió el indulto para el toro. Al final de tanta poesía taurina tanto temple y tanto gusto Ángel Téllez indultó al toro, dos orejas y rabos simbólicos ante el clamor de los tendidos.

Publicado en La Tribuna de Ciudad Real

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