Leo Valadez salva una tarde del abismo en Cintruénigo.

El torero mexicano corta 4 orejas y sale a hombros por la puerta grande.

Por Jesús Rubio.

Pasaban doce minutos de las 6 de la tarde cuando rompió el paseíllo mientras en taquilla se agolpaban más de un centenar de aficionados para hacerse con un billete.

Tuvo buen son el tercero y eso le permitió a Leo Valadez colocar tres pares de banderillas con fluidez. Enganchó al público el mexicano en ese instante. El inicio fue de rodillas con la muleta. Después sin exigirle demasiado, aplicó una lidia en la que llegó a cruzar esa línea que separa los terrenos que verdaderamente queman y que tuvo enganche. Cerró la obra metido entre los pitones con varios circulares y dos naturales con mucha hondura. Se tiró a matar con fe y técnica y dejó una estocada en todo lo alto. Dos orejas.

Conectó de nuevo al público con el sexto desde el saludo capotero y vibró en el tercio de banderillas. Después Valadez logró una faena que tuvo momentos de gran transmisión; porque cuando el toro se vino abajo, él mexicano puso el resto y le cortó otras dos orejas, para sumar un total de cuatro.

Y LLEGÓ EL CUARTO DE LA TARDE

Un suspiro duró el primero de la tarde; que fue tan noble como soso y se apagó en el momento que entró al caballo. Gonzalo Caballero estuvo insistente con la muleta pero no logró que fluyera el toreo y luego se le atravesó el descabello.

Y aquí va la otra cara de la tarde. Bochornoso lo que se vivió con el cuarto, el segundo de Gonzalo, que fue bis ya que el titular se partió una mano. El sobrero fue del mismo hierro y acusó una falta de visión notable. Caballero se lo quiso hacer ver al presidente con gestos, también el resto de la cuadrilla, pero no les atendió la petición de devolución y el público se comenzó a inquietar, y bastante bien se comportó porque les estaba robando un toro en la cara. Y eso duele y mucho cuando se pasa por taquilla. Con la plaza despejada porque Caballero se negó a lidiarlo m, el toro campaba a sus anchas. Sonó el primer aviso; después el segundo; y el tercero que anunciaba que el animal debía regresar a los corrales. Vergonzoso el actuar del presidente. ¿Ordenado por alguien? Puede ser.

LA ACTUACIÓN DE JAVIER MARÍN

Con dos afarolados trató Marín de levantar el ánimo con el quinto pero la losa de lo vivido en el cuarto ya pesaba; y sumado a que el toro no ofreció grandes opciones, todavía más. Al astado le costaba desplazarse, y cuando lo lograba era áspero y se quedaba corto. Marín se justificó por ambos pitones pero el mal uso de los aceros empañó el gran esfuerzo del torero de la tierra.

Con su primero sufrió porque se quedaba tan abajo que le era imposible sacárselo cuando llegaba a la altura del estaquillador.

Al final el torero mexicano lo puso todo en el sexto para llevarse al público y endulzar un amargo trago cortando otras dos orejas. A hombros se marchó entre gritos de ‘México’ y ‘torero’. Y felices todos.

Fuente: Diario de Navarra.

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