La grandeza de Morante.

Morante lo da todo ante un lote de Galache sin suerte y corta una oreja al segundo de su lote.

FICHA TÉCNICA

Seis toros de la ganadería de Galache. Tarde nublada con tres cuartos de plaza llenos.

Morante de la Puebla. Ovación, oreja con fuerte petición de la segunda.

López Chaves. Dos orejas, ovación.

Alejandro Marcos. Ovación, silencio.

Morante de la Puebla será, junto a Roca Rey, la estrella de este ciclo y el único que hará doblete. Vuelve quien jamás dejó a nadie indiferente por su genialidad, por sus maneras artísticas y la solemnidad con la que siempre se mostró en los ruedos desde que era un novillero. Después llegó una larga etapa, siempre abrazado a la genialidad y regalando retazos de su arte que hurgaban en el alma. Y es que Morante, el genio de La Puebla del Río, que no tiene techo, ha roto todos los esquemas en este año que pretende superar el centenar de corridas

Mientras tanto ahí queda su grandeza, la del artista más valiente. O el valiente más artista que ha sido un crisol para beber de las mejores fuentes de la torería. Y es que en Morante en sí confluyen las aguas de Joselito, de Chicuelo, de Félix Rodríguez, de Manolete, de Pepe Luis, de Pepín Martín Vázquez, de Rafael Ortega, de Paula… para construir su inmensa grandeza, junto a sus necesarios dones naturales. Además engrandece la Fiesta, o recuperado cosas perdidas.

Allá donde es acartelado se preocupa que el festejo sea un acontecimiento con la grandeza y categoría que debe tener una tarde de toros, con la liturgia y el rito que envuelve a la Tauromaquia, con la seriedad que debe tener un espectáculo donde conviven el arte y la muerte. Y es que cuando se programa algo tan serio como una corrida de toros es imprescindible mimar cada detalle, desde el cartel donde se anuncia, que el coso esté acicalado para que el público asista al grandioso arte del toreo. Y de ahí que Morante se ha preocupado de todo, alguno como el demostrar las orejas tras el triunfo, cuando en las últimas décadas muchos toreros pedían que se las cortasen muy grandes y las apretaban con la mano, cuando el trofeo debe ser una pequeña parte y mostrarla con índice y pulgar–como se aprecia en la película Tarde de toros–.Y mientras aúpa su nombre al pedestal de los grandes. Al de José y de Juan. Al del Gallo y Belmonte. Al de glorias como Domingo Ortega, Marcial, Manolete, Pepe Luis, Luis Miguel, Ordóñez, Bienvenida, Curro Romero, Camino, El Viti, El Cordobés, José Tomás…

Aquí lo cierto es que estamos con Morante estamos ante un genio que a nadie deja indiferente. Un genio que vive por mejorar y engrandecer la Fiesta –y a Morante jamás lo veremos practicar la horrorosa moda actual de llorar sobre las arenas–, que ha desempolvado muchos capítulos de los mejores momentos. De alguien que sigue creciendo cuando ya suma 25 años de matador de toros y a quien es un acontecimiento ver. Porque Morante en si es el toreo. Por eso es un privilegio haber coincidido en sus tiempos, porque es disfrutar de uno de los más grandes de la historia, quien supo fusionar su duende con el valor. Si a principio del siglo XX, cuando la Fiesta se moría por falta de interés y un escalafón, en su mayoría, muy caduco cuando llegaron José y Juan para revolucionar todas sus esferas, ahora, en el XXI ha sido otro sevillano quien ha sido capaz de darle una corriente de aire fresco para regenerarlo. Y por tanto para engrandecer la Tauromaquia.

Paco Cañamero – Revista de Lances de pluma y pincel – 16 de septiembre de 2022.

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