Morante de la Puebla: “Muchos toreros buscan la faena perfecta, a mí eso me aburre”

Morante por Luis Olmeda Paris.

Por Javier Lorenzo – La Gaceta.

La mañana siguiente a un fin de Feria siempre tiene un encanto especial. Un silencio distinto. Un aroma de resaca. Como un vacío de repente. La tristeza alegre de que la vida sigue. En Salamanca —tras la tarde estelar del domingo en La Glorieta, con Morante, Talavante y Roca Rey a hombros, que colapsó las taquillas casi una semana antes— amaneció el día nublado y húmedo. El suelo estaba mojado. El dorado inigualable de la piedra milenaria de la Salamanca monumental lucía con un color especial. Como las baldosas de la Plaza Mayor, la Rúa… Son las nueve y media y vamos al encuentro de Morante de la Puebla, que ha robado el corazón de la afición charra. Otra vez. Fue como la renovación de un idilio inmarchitable. Es la gran debilidad de La Glorieta, que a su vez es una de las plazas predilectas del cigarrero (La Puebla del Río, cosecha del 79). Llega impecable vestido. Tono azul. Camisa discreta estampada en flores, que cubre una elegante americana, con ligero relieve en color más intenso; y pantalón más claro, de seda, suelto y corto de pierna, que da aún más protagonismo a unos zapatos espectaculares. Relucientes y negros. Los estrenó en Ronda para calzar el vestido goyesco con el que toreó en La Maestranza malagueña hace apenas tres semanas. Del ruedo a la calle. De la Rúa a la casa de Las Conchas, bajar la calle Compañía siempre tiene un encanto distinto y más haciendo el paseo al lado de un genio. Almeida le echa el mismo arte que el de La Puebla al toro en la sesión de fotos, mientras Pedro Jorge Marqués desvela las citas que quedan por delante hasta llegar a las cien de este año de los fastos del cuarto de siglo de alternativa. Un anticuario sale raudo ante la presencia del maestro y le ofrece un periódico hecho trizas del día después del entierro de Manolete. Morante no lo duda. En la calle Meléndez, el de La Puebla sugiere hacer la entrevista en la Plaza Mayor. No le importa que le paren, no niega ni una foto ni un autógrafo. Atiende a todo el mundo que se le acerca. Dicho y hecho, allí estamos. ¿Y si le propusieran torear en esta plaza? Le digo: ¿En la plaza Mayor? “Sería bonito…”. Y de repente pierde la vista por la majestuosidad de un espacio inigualable, distinto y único. Monumental, como el toreo de Morante.

–¿Cómo valora su paso por La Glorieta?

–Muy intensa. Dos tardes. La corrida de Galache era un compromiso moral y, a la vez, de mucho gusto. El año pasado salió muy bien, no deja de ser un encaste distinto. Costó trabajo encontrar figuras para anunciarse pero al final se consiguió un cartel, digamos, muy del gusto de Salamanca. Y luego, después del éxito del año pasado le planteamos a la empresa una segunda tarde. Nos pidieron tiempo para pensarlo y al final lo aceptaron…

–¿Se lo tuvieron que pensar?

–Eso nos dijeron, que lo iban a pensar y después dijeron que sí, que encantados. Así fue la jugada.

–¿Tanto cuesta encontrar compañeros para esas corridas?

–Sí, no solo esta de Galache, sino cualquier otra de un rango, digamos, distinto a lo habitual, claro que cuesta. Ante este tipo ganaderías, la mayoría de las veces, me veo en la tesitura de ir un poco solo, pero se van logrando las corridas y también el propósito de torear las 100 corridas.

–¿Qué ha encontrado y porqué surge esa apuesta tan personal con el toro de Galache?

–Mira, yo no tenía un conocimiento directo. Lo conocí en Ciudad Rodrigo, pero antes siempre encontraba toreros, que hablaban muy bien. Y pensaba, si hablan tan bien, si van a tentar, si salen encantados, me preguntaba ¿por qué luego no la matan? Si disfrutan tanto con las vacas. Entonces, me parecía injusto que estuviera en el ostracismo algo de lo que se hablaba muy bien nadie le diera cuartel. Y así empezó. Con el tipo de toro tan precioso que tiene, que es una maravilla genética, con esas pintas y esos colores… Soy un enamorado del toro distinto, solo verlo en la plaza es un espectáculo. Y también lo hice por justicia con el ganadero de no aburrirse y de no tirar la toalla. Paquito dice que me debe mucho… no lo se.

–Dice que hay que ponerle a usted un monumento…

–(Risas) Que haya tenido que llegar yo desde Sevilla para enseñar algo que es de aquí, me parece extraño pero a la vez me siento más identificado porque lo considero como parte de una creación mía. El compromiso es total con él, pero no por el ganadero, por su forma, por su tipo de toro. No a todos los toros se le puede hacer las mismas faenas. Este es distinto. No todas las corridas tienen que ser de Galache, pero sí que es bueno ir volviéndolas a enseñar y que el aficionado, el público se vaya interesando. Y ahí sí que vosotros tenéis, en especial tú, también tienes parte de culpa, porque siempre has intentado enseñar mucho su historia, sus valores y el tipo de encaste al que pertenece.

–Y cuando se encuentra con ellos, ¿qué particularidades encuentra? A ese cuarto de Galache, casi nadie apostaba por él.

–Ni yo tampoco. Le decía a Paquito, eres tan buen amigo mío, que me tengo que quedar quieto a la fuerza a ver si triunfo, pero es un toro que tiene una embestida y una humillación especial. También tiene problemas. El otro día hablando con Paula, le dije que tenía que verla por televisión, porque le iba a parecer muy interesante. No se si mejor o peor, pero si interesante por su forma de embestir. Embisten muy despacio. Van muy andando por eso a veces cuesta trabajo estar delante. Tienen muchos matices que no son fáciles, pero también te da una satisfacción especial al pegarle un muletazo bueno. Con Domingo (López Chaves) —cuando sale un toro con esas características tan buena como salió Chillón—, me decía no había estado a gusto del todo. Pero yo le decía que había habido muletazos con mucha belleza. Es un toro que puede plantearte problemas pero a veces te da un muletazo que es distinto a todos. Eso es interesante en el toreo. Y unido a mi compromiso por bregar un poco en la diversidad de encastes, Galache es uno de los principales.

–Casi era extraño verle con un toro de Cuvillo en La Glorieta…

–(Risas) Si, sí…

–¿Se siente identificado con Salamanca como Salamanca se identifica con usted?

–Salamanca ya forma parte de mi vida. Estoy muy identificado. Aquí se mantienen las tertulias, las reuniones de toros. Encontrarte a tanta gente que hable de toros… Cuando era pequeño en Sevilla pasaba mucho, hoy menos. Las ciudades cuanto más grandes son pierden parte de la identidad. Y Salamanca la mantiene más que Sevilla. Aunque son dos ciudades parecidas, con su campo alrededor lleno de ganaderías: Me gusta Salamanca porque aún huele a pueblo y yo que he nacido en un pueblo, sigo viviendo en un pueblo y mi vida la he pasado en un pueblo es algo que valoro. Y Salamanca la sigue manteniendo y mira que es una ciudad universitaria que podría perderlo un poco. Aquí todos son taurinos, todos están a favor del toreo, de las tradiciones veo una nobleza más de pueblo que en otros sitios. Salamanca mantiene su Campo Charro, siendo tan austero, no como el sevillano. Es algo que me gusta y me siento identificado, como con su plaza de toros. Y ahora encima he vuelto a triunfar.

–¿Cuándo y cómo se plantea un año especial, este de los 25 años de su alternativa? ¿Cuál es el objetivo de las 100 tardes?

–Primero porque se ha dado la oportunidad de tener el atractivo para las empresas de poderlo cumplir. Hoy es casi imposible torear 100 corridas como antes. Después de una pandemia, de tantas malas noticias, me gustaba crear una noticia… LA GACETA es una excepción con una apuesta por el toreo y la información taurina admirable. Hoy en día es tan poca la información de toros que se da en periódicos o teles nacionales, que parece que estamos condenados al ostracismo. La gente no se entera, el que no es aficionado. Me gustaba la idea de decir, mira este año he toreado 100 corridas. Me parece una noticia extraordinaria y aunque cueste trabajo, merece la pena. Tengo familia y ahí surge un vínculo marcado para no estar tanto tiempo fuera de casa y jugándote el físico, pero quería hacerlo. Y era este año o nunca. Creo que para el toreo, si lo logro, sería extraordinario. No sé si será la primera vez que un torero de 25 años de alternativa llegue a esa cifra, pero sería una noticia importante. Y decir que esto no es está de capa caída, que el toreo está vivo.

Morante es quien saca al toreo de la pandemia. Cuando otros en 2021 no quisieron torear, usted se echa la temporada a cuestas, se convierte en el nombre del año y este, lejos de esconderse, se ratifica para multiplicar esa apuesta. Y llega la variedad de encastes, el número de festejos y un compromiso más alto en las grandes ferias. ¿Se siente como el torero que sacó al toreo de la pandemia?

–Me siento un torero comprometido, un torero al que le gusta estar pendiente del toreo en general, de la noticia, de la salud que pueda tener cada plaza, cada sitio. Me gusta ayudar a empresarios que hacen una gran labor y creo que son el futuro. El toreo, los buenos toreros vienen y pasan, pero lo importante son los buenos empresarios que saben mantener ese interés general en las corridas de toros y no por las corridas de toreros.

–¿Importa más el toro que el torero?

–Para mí sí. El torero bueno, el de época no nace todos los días ni todos los años, pero los toros se tienen que seguir dando. Pertenecen a nuestra cultura, y a nuestra fiesta. Entonces, me gusta colaborar y ayudar a esos empresarios que son capaces el día que yo me vaya seguir manteniendo esto con atractivos si no tanto artístico en la plaza, sí social y que la gente lo viva como una fiesta. Eso para mí es muy importante. Pegar pases lo pega cualquiera, pero ser capaz de reunir a tanta gente y que se lo pasen bien. Otros muchos empresarios están esperando siempre al torero taquillero; pero no solo se puede esperar eso. Lo meritorio es hacer que ese torero taquillero pueda llegar el día de mañana. Para eso hay que mantener viva una tradición, un compromiso y ya llegará.

En esa lucha, en ese órdago por llevar el toreo a todos los rincones del mundo, por matar lo no mata nadie, por comprometerse en las grandes ferias más que nadie. En esa apuesta por lanzar el futuro del toreo, ¿Se siente solo?

–Soy peculiar y sé que tengo un estilo para el que no es fácil mi camino. Tampoco tengo muchos compañeros que me acompañen, esa es la realidad. Hay toreros con más valor y serán más capaces de todas las cosas, pero a veces si me siento un poco solo, cuando hay ciertos lugares y ciertas ganaderías, me siento un poco abandonado. Oigo eso “Bueno, dejarlo a él, déjalo que ya…” (Hace un silencio prolongado)

–…Con su locura (le digo).

–Eso es ¡Ahí va! Esa es la palabra. Con su locura. No es una locura mía, es el bien de todos y de futuro del toreo, pero claro hay que hacerlo. Y ahí viene el problema. Es un camino difícil y los caminos difíciles cuando uno está comprometido hay que hacerlos.

Una tarde como la del domingo, con esa expectación, con un triunfo tan rotundo después; con tanta gente joven en los tendidos, acaba, os suben en hombros y de repente aparecen en el ruedo decenas de chiquillos de Juventud Taurina. ¿Esa juventud y esa fuerza es la que da sentido a esto? Demuestra que hay pasión, vida y futuro.

–Cuando terminó el festejo, comentaban que el delegado no deja saltar a la gente. ¡Cómo va a ser eso! Decía yo. Si lo bonito es que el público, los chavales, saquen a los toreros a hombros y que se llene el ruedo de público.

Que sientan cerca al ídolo…

–¡Claro! Eso es precioso. Que esto no es el fútbol, somos gente pacífica. Es la afición del pueblo, es distinto, es cultura. Entonces… ¡Cómo no los van a dejar! Recuerdo que un niño me agarró de la pierna y no me soltó en toda la vuelta al ruedo, y yo pensaba se la llevará a su casa de la emoción que tenía y la ilusión que desprendía

Con todo eso es con lo que hemos crecido todos los que nos sentimos identificados con el esto…

–La autoridad no dejó pasar a muchos. No sé si es legal o no, pero a mí me parece precioso que después de una corrida de éxito la gente quiera participar y sacarte a hombros. Dejarlos que te toquen. No es lo mismo después de una tarde desastrosa, porque alguno puede ir a insultarte, pero en una tarde así, es bonito que se llene el ruedo de alegría y eso es lo que se vivió el domingo, mucha alegría.

–¿Cómo se pasa de la tormenta de un toro a la gloria del otro en apenas una hora de diferencia?

–Bueno, pertenece a mi tauromaquia, a mi forma de entender el toreo, pero se sufre. Uno tiene la esperanza de que en el segundo se le pueda dar la vuelta al marcador. Pero claro, de entrada, ya vas perdiendo. Sufres. También ese sufrimiento te hace sacar la entrega y el amor propio. Eso fue lo que pasó.

–Una de las claves de la tarde fue cómo se tira a matar al 4º…

–(Silencio prolongado) La clave verdadera fue el ojo del toro (y ahí se desternilla de risa). Ese toro tenía una nube (una telilla blanca que tienen algunos en el ojo tras rozarse con algún palo o cardo en el campo que les dificulta la visión). Estuvieron por la mañana dándole mil vueltas al toro en los corrales, y determinaron que el toro veía, pero seguía teniendo esa nube. El presidente dijo que se lidiaba y si había algún problema al salir al ruedo que se lo notificara y que él rápidamente echaría el toro para atrás. Empezó a blandear, y pensé… “Es mejor que se caiga”. Veía que iba a ser otro petardo, pero tampoco se caía. Y si no se cae, el presidente no lo puede devolver. Y entonces me acordé del ojo (risas). ¡Coño, el ojo! ¡El toro no ve! Y como el presidente me dijo que en cuanto viera algo raro… eché mano del ojo. La realidad fue esa. El toro no se cae, el toro no se cae, y pensé vamos a echarle mano al ojo porque si no el petardo iba a ser monumental. Por eso creo el presidente tuvo parte de culpa del éxito.

Se puede decir que quien tampoco lo veía claro era Morante… (le digo con ironía)

–Sabía que el toro no era de éxito. Y sabía que el sobrero era feo. Pero estás en Salamanca, estás con ilusión de que salgan las cosas bien. Y si llega otro petardo, otra vez los insultos. Había que hacer lo que fuera para intentar darle la vuelta a aquello. El presidente mantuvo su palabra y lo devolvió. Y esa fue la clave verdadera de mi éxito. Y es importante de contarlo.

–Esta aventura de Morante ¿hasta dónde va a llegar?

–Uno nunca sabe, cuando empezaba pensaba que jamás iba a ser capaz de ponerme delante de un toro con estos pitones tan grandes como los que toreamos hoy. Que iba a defraudar a los que me apoyaban porque no iba a poder. Y mira, con el tiempo, una cosa, otra… No se a dónde voy a llegar ni el tiempo que estaré. Lo que sí tengo claro que es que el año que viene va a ser una temporada distinta totalmente. No voy a torear tanto. Ya no pega. Y más en mi estilo, en el que no me gusta repetir las cosas. Se que va a ser difícil decir que no, porque voy a tener muchos compromisos, pero va a ser un año de muchos menos festejos.

–¿Y la variedad de encastes la va a mantener?

–Seguramente. Galache es mi buque insigne, además Paquito, con la amistad que tenemos… Habla poco, me gusta su personalidad, su pausa, yo también tengo la mía. Hemos congeniado bien. Por supuesto. Será una temporada distinta, no de tantas corridas, está ya pasará a la historia. Mi objetivo es darle gloria al toreo, pero no darle… ni hacerlo igual ni darle monotonía. No se lo que haré.

Unos decían que Morante no era torero de tanto número…

–Si, sí.. Eso me motiva.

–Y encima ha mantenido la esencia y una regularidad impropia en un torero como usted.

–Y, sobre todo, intentar hacer cosas diferentes durante tantas corridas. Un detalle aquí de una cosa, otro de otro. Es fácil caer en la monotonía, es lo más normal que le puede pasar a un torero. Que sepan tus faenas de memoria. Se va a poner aquí, va a hacer esto, lo otro… mantener entre tantas corridas la regularidad y ese suspense de qué pasará y todo eso… Eso es lo que más me hace disfrutar. Es más, cuando hay una corrida en la que no pasa algo extraño, o algo raro, no me quedo satisfecho del todo, me gusta la variedad, la sorpresa, la intuición, la creatividad, y con tantos festejos a veces se queda uno diciendo, ¿Y ahora, qué hago? Pero, por suerte, siguen saliendo cosas distintas. El domingo por ejemplo le hice una cosa al toro que nunca había hecho, de andarle por detrás, por delante, por detrás con la muleta… Y eso sorprendió a la gente y me motivó a mí mucho. Ser capaz de hacer cosas que nunca había hecho y seguir sorprendiendo. Eso es lo más difícil cuando se torea tanto. Y para mí, es lo que más valor le doy. Otros a lo mejor no le dan tanto valor, quieren la faena perfecta, la hacen un día, la hacen otro, otro, otro, las faenas perfectas, la estocada perfecta. Eso me aburre. Y ¿qué hago ahora? ¿Qué invento hoy?

–Y si mira para atrás casi da vértigo. Ve la faena de Sevilla, Madrid, Pamplona… Ve tantas cosas que uno dice, ¡qué año!

–Y lo que queda…

–¿Qué tarde recuerda?

–Tengo mala memoria, una frase de Nietzsche, que encontré en un azucarillo y dije, la voy a poner aquí (y la lleva dentro de la funda de su móvil). “La ventaja de tener mala memoria es que se goza muchas veces de las mismas cosas”, me hizo gracia, y como soy tan despistado. Muchas veces me hablan de una faena de este mismo año y no me acuerdo…

–Enhorabuena por segundo año consecutivo y gracias por atendernos…

–Gracias sobre todo a tu periódico, a LA GACETA, espero que sigáis manteniendo la ilusión como la intentamos mantener todos por defender y potenciar el toreo. Que no se aburran tus directores, díselo de mi parte. La información taurina le da al periódico una magia especial, por el territorio que ocupa el periódico, a todos los que son aficionados, que aquí son todos. Es algo que al periódico le viene bien. Díselo también.

Publicado en La Gaceta

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