Feria de Otoño: Un espectáculo gaseoso, de levedad insoportable.

Por Carlos Ilián.

Entrada de lujo en la plaza de Madrid que sube la moral en estos tiempos depauperados, de plazas casi vacías, como ha ocurrido nada menos que en Bilbao. Por desgracia el espectáculo no ha correspondido al marco del mismo. Para colmo el público, este nuevo público, dispuesto a ovacionar cualquier detalle y muy propenso al triunfalismo se ha estrellado con un tostón en la deliciosa y otoñal tarde madrileña. El triste espectáculo ha empezado a cuajarse con la insoportable corrida de El Pilar, tan bajita de casta y tan blandita que apenas dejaba algún márgen para hacer el toreo.

Diego Urdiales, al que ya en Madrid le han borrado de la lista de toreros proletarios y lo han registrado en la de potentados, se ha visto sometido a un estricto control de su actuación en ambos toros, y ambos tan blandos y descastados que apenas le dejaban un espacio para desgranar muletazos sueltos, alguno muy de su firma especialmente en el primer toro. Derechazos y algún natural para cubrir el expediente, ni más, ni menos.

Juan Ortega ha interpretado el toreo a la verónica en su primer toro con cadencia y tersura, algo de agradecer en estos tiempos donde el capote se maneja como una herramienta de trabajo pero casi nunca como una tela para bordar las verónicas y otras suertes. En el último tercio metió pico y se los echaron en cara los aficionados de vitola, los pocos que van quedando pero que afortunadamente todavía hacen oir su voz.

El quinto toro, una borrega claudicante pero que se humillaba le sirvió al sevillano para entretejer algunos muletazos sueltos de templada factura, todos por el pitón derecho y aderezados con muletazos por bajo de buen gusto. Faenita de pellizco que remató de un espadazo en lo alto. El palco no atendió la exagerada petición de oreja y Ortega se dió una vuelta al ruedo muy protestada.

Pablo Aguado y su levedad quedaron más que patentes en sus dos toros, especialmente en el tercero. Tan solo el reposo en los lances a la verónica y en el quite por delantales se pueden registrar con buena nota en un balance muy pobre de su actuación. En este tercer toro Aguado se conformó con el andar de mírame y no me toques, dejando algún detalle de temple en los derechazos y absoluta levedad en el toreo sobre la mano izquierda. El sexto toro, un montón de carne y de raquítica casta no le daba otro márgen a Aguado que un trasteo vacío de contenido.

Plaza de Madrid. Cuarta corrida. Asistencia: 20.096 espectadores (más de tres cuartos de entrada). Toros de El Pilar (3), desiguales de presentación, blandos y muy bajos de casta. Diego Urdiales (5), de verde botella y oro. Estocada (silencio). Estocada corta corta y tendida (silencio). Juan Ortega (5), de azul soraya y oro. Dos pinchazos y estocada. Un aviso (silencio). Estocada delantera (vuelta con protestas). Pablo Aguado (4), de azul marino y oro. Estocada corta y tendida (saludos). Pinchazo, pinchazo hondo y tres descabellos. Un aviso(silencio).

El cartel de hoy: Toros del Puerto de San Lorenzo para Uceda Leal, Morante de la Puebla y Ángel Téllez.

Publicado en Marca

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