En la parodia sin toro, Diego Urdiales fue el mejor.

Por Carlos Ilián.

Que a este público de ahora, de aluvión en tardes de figuras, el toro le importa un pimiento, o sea una m…se puso crudamente de manifiesto ayer en Zaragoza, una plaza que no hace muchos años se podía clasificar, junto a Madrid, como la más exigente y que este 14 de octubre se entregó a una parodia sin toro con apenas leves protestas de los pocos que van quedando con escrúpulos y criterio.

Lo de Juan Pedro Domecq, la «juanpedrada», que nos persigue con saña, protagonizó en La Misericordia un bochornoso espectáculo para quienes todavía creemos que el trapío, la casta y la bravura deben ser intocables si queremos que esta tauromaquia que sentimos muy adentro no termine de precipitarse por el abismo de esta fiesta pospandemia, o sea del gin tonic y los tontitos del triunfalismo y el pantalón pitillo.

Aunque Madrid ya no es lo que fue todavía mantiene cierto nivel de exigencia en los reconocimientos de las corridas y desde luego de los seis de ayer en Zaragoza no pasa ni uno solo. Una chotada incalificable que entre su invalidez y su nula casta le sirvió a Morante de la Puebla para inventarse en el cuarto, lisiado perdido, una faena en la que echó mano de un cuidado exquisito para mantener la vertical del pobre animal y entre los ayudados por alto, el relumbrón de molinetes y afaroalados, con algunos apuntes en el toreo en redondo y al natural, leves pinceladas que encandilaron a la gente. Morante debía pensar como le estaba saliendo de bien la parodia. Claro, no lo vamos a discutir esa parodia tenía música, la de Morante, que suena muy armoniosa, Claro que cortó una oreja y me extraña que no le pidieran las dos.

El que estuvo a punto de lograrlo fue Diego Urdiales quien en la parodia de ayer hizo lo mejor, digamos que como en las corridas bufas fue la parte seria. El quinto, también renqueante, salió un tanto respondón e incómodo en la forma de reponer las embestidas. Diego, con tanta cabeza como autenticidad en las suertes, fue componiendo una faena que tomó vuelo en el toreo de retazos al natural. El toro de tres embestidas se templaba en una y ahí estaba la muñeca y el temple de Urdiales para cuajar los mejores muletazos, especialmente al natural. No faltaban los tropiezos en la tela porque el de Juan Pedro punteaba en el remate de la suerte.

Pero hasta en estas ocasiones tan poco edificantes como la corrida de ayer los toreros a la antigua, que se exigen con la pureza por delante, la nota suena muy alto. Si Urdiales acierta en el primer intento le piden las dos orejas. Cortó una.

Alejandro Talavante anda como una sombra del pasado aunque ayer quiso sacarse la espina del bochorno de los tres avisos en Madrid el miércoles. Al el becerrote que salió en tercer lugar lo recibió con faroles, así, por las buenas, y luego se templó con el percal en delantales. Hasta ahí parecía que se enderezaban las cosas para el extremeño pero la falta de fuerza del pobre animal solo le permitió andar en un trasteo sobre ambas manos sin entidad alguna, y lo que nos ha dejado perplejos: Talavante planteó todos los muletazos al hilo del pitón, a distancia sideral. Enfrente no había otra cosa que un morucho sin peligro. Sí, ahora mismo es solo la sombra de un gran torero. Ah, el sexto no tenía un pase.

El cartel de hoy: Toros de José Vázquez para Cayetano, Ginés Marín y Ángel Téllez.

Publicado en MARCA

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