Venturas y desencantos de un apoderado taurino romántico e independiente (Manuel Campuzano).

El torero Francisco de Manuel ha roto repentinamente con su representante tras su reciente éxito en Las Ventas y ha puesto su carrera en manos de la casa Matilla.

Por Antonio Lorca.

El pasado mes de mayo, el torero Francisco de Manuel y el taurino sevillano Manuel Campuzano sellaron con una sonrisa y una copa de vino su acuerdo de apoderamiento. De Manuel había tomado la alternativa en 2021, carecía de representante y contratos, y estaba inmerso en las eliminatorias de la Copa Chenel, de la que se proclamó triunfador el 16 de julio.

El torero cortó tres orejas el pasado 12 de octubre en la plaza de Las Ventas y salió por la Puerta Grande con todos los honores. Diez días más tarde, su padre llama por teléfono a Campuzano y le comunica escuetamente que la relación profesional se da por finalizada y que, a partir de ahora, la carrera de su hijo va a ser dirigida por Matilla, el taurino —empresario, ganadero y apoderado— más poderoso y oscuro del negocio.

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Curiosamente, días antes de la corrida de Las Ventas, el torero concedió una entrevista a la Fundación Toro de Lidia, organizadora de la Copa Chenel, y afirmaba textualmente lo siguiente sobre su todavía apoderado: “Una de las cosas más importantes en las que me ha influido Manuel ha sido renovarme la ilusión y darme un aire y esperanzas nuevos. Tenemos una gran relación, ha confiado en mí desde el primer momento en el que nos juntamos. Campuzano me ha aportado mucho en la forma de ver mi concepto, en pulir cosas, en mejorar como torero, y eso se ha ido viendo en mi paso por la Copa Chenel. En cada corrida creo que he mostrado un crecimiento, y eso en gran parte ha sido por su ayuda, ya que se ha preocupado de estar conmigo, hacerme campo y luchar por mí. Estoy muy contento, y en el poco tiempo que me lleva apoderando le tengo que agradecer muchas cosas de las que me han pasado”.

Y hasta hoy.

“El torero que triunfa prefiere el cobijo de una empresa influyente antes que demostrar sus agallas para ser figura y no dejarse manejar por nadie”

Manuel Campuzano (Gerena, Sevilla, 1970) nació predestinado para estar ligado profesionalmente al mundo del toro; no es vano es hermano de los matadores Tomás y José Antonio, del picador Enrique y del novillero Javier. Él también vistió el traje de luces, y tomó la alternativa en la localidad pacense de Zafra el 9 de abril de 1994, aunque su carrera fue efímera a causa de un accidente de tráfico que le produjo graves lesiones en la columna vertebral.

Las circunstancias lo apartaron de los ruedos, pero no del toro. Se especializó en labores de intermediación ganadera, y, poco a poco, se hizo un hueco en el sector del apoderamiento independiente desde la modestia de no pertenecer a una empresa poderosa e influyente. “Yo soy un bohemio y un romántico del toro”, afirma Campuzano. “Nunca he estado con un torero por dinero. Lo apodero si le veo algo e intuyo que puede funcionar; y siempre con jóvenes en circunstancias difíciles, cuando las casas grandes no les hacen caso, porque prefieren lo fácil: esperar a que triunfen, colocarlo en 40 corridas y cobrar la comisión”.

Campuzano tiene muy claro que un apoderado como él debe ser, ante todo, un psicólogo. “En mi caso”, explica, “me he encontrado con toreros derrotados a los que he tratado como un amigo, les he dado calor y he intentado convencerlos de que son los mejores; creo que es muy importante trabajar con la persona y transmitirle ilusión, que es la antesala del triunfo”.

“La relación con los empresarios de las plazas es dura, sobre todo si el torero no tiene fuerza”, añade. “Esto es lo que hay, te dicen, y si vas a un pueblo pretenden muchas veces que aceptes menos dinero que el que marca el convenio”.

Manuel Campuzano hace hincapié en que, por lo general, los ayuntamientos frenan las opciones de los toreros jóvenes y modestos al exigir en sus pliegos que solo se contraten diestros de los grupos A y B —los que han lidiados un mínimo de 37 y 13 festejos, respectivamente, el año anterior—, con lo que se impide las promoción de los nuevos o los más desfavorecidos, a no ser que triunfen en plaza de primera categoría.

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“Hay que dar motivo para que te contraten en ferias importantes, y ahí radica la extrema dificultad para los toreros y apoderados como yo porque ese es un círculo vicioso”, concluye. Campuzano aprendió el oficio junto al rejoneador Andrés Romero, a quien ayudó en sus inicios, con Manuel Escribano durante tres años, seis junto a Javier Cortés, con el novillero Borja Collado, y desde mayo con Francisco de Manuel.

Con todos, asegura, ha entrenado intensamente en el campo, y para ello ha contado con la disposición de los ganaderos con los que trabaja, que han facilitado la preparación de los toreros. “Pero, a veces, te cansas”, se lamenta Campuzano. “Te esfuerzas en la carrera de un torero y aparecen personas que quieren mandar e interfieren tu labor”. “Mire: yo soy consciente de que si Francisco de Manuel sigue conmigo después del triunfo de Madrid, tratarían de no contratarlo en las primeras ferias o hacerlo de mala manera, porque la intención de los grandes es aburrirte para que no lleves a nadie con posibilidades. Si hay una migaja, la quieren para ellos”.

Por esa razón, cuenta el apoderado que le planteó al torero hasta cuatro opciones de empresas reconocidas que pudieran estar interesadas en representarlo, y que él llamó a Antonio Matilla para que apoderara al torero, pero que este le envió un mensaje al día siguiente en el que le decía que ya hablarían.

“Sacar adelante a un torero que está hundido no interesa a una gran empresa; prefiere que destaque y cobrar comisiones”

La idea inicial y firme de Campuzano era, no obstante, que él continuaría en el equipo de Francisco de Manuel, dedicado especialmente al cuidado de la persona y al entrenamiento en el campo, pero no ha sido así. “Ejercer como apoderado independiente es muy complicado”, añade. “Sacar a un torero que está hundido no lo hace una gran empresa, no le interesa. Prefiere que otros hagan ese trabajo y, después, lo secuestran”. “Otra variante, y no pequeña”, prosigue, “es que un torero que triunfa prefiere el cobijo de un apoderado influyente antes que demostrar sus agallas para ser uno de los grandes y no dejarse manejar por nadie”.

Pregunta. ¿Se siente usted dolido por lo sucedido con Francisco de Manuel?

Respuesta. Sí. Creo que me han utilizado y se han aprovechado de mi buena fe. Yo llamé en mayo al torero para apoderarlo, hemos trabajado juntos y ahí están sus declaraciones. Pero él o su padre han hablado a mis espaldas con otras personas y me han quitado de en medio. La verdad es que no sé quién ha llamado a quien, pero a mí me han borrado.

P. Pero Francisco de Manuel le habrá llamado…

R. No. Y me ha fastidiado, ciertamente. Ha estado viviendo en mi casa, comiendo con mi familia, le hemos lavado y planchado la ropa y lo hemos acompañado al médico cuando ha hecho falta. El hecho de no despedirse demuestra la clase de persona que es.

(Este blog ha invitado al torero a dar su opinión, pero Francisco de Manuel ha preferido ignorar el mensaje recibido).

Publicado en EL PAIS

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