La Fiesta está Viva: Predicar con el ejemplo.

Por Rafael Cué.

Juan Arturo Torres Landa, conocido en el mundo del toro, los negocios y la vida como “El Pollo”, ha hecho de su existencia un ejemplo. Hace 35 años hizo realidad un sueño, crear un entorno que brindara la experiencia única e irrepetible de vivir una corrida de toros con la máxima categoría. Es así como puso en el mapa taurino e inmobiliario la Plaza de Toros Juriquilla, que sirvió para impulsar lo que es hoy un desarrollo inmobiliario y comercial de primer nivel en Querétaro, donde llegó a establecerse hace 54 años con las ideas claras, la voluntad de hacer las cosas bien y trabajar con ahínco.

No hay grandes secretos detrás del éxito inmobiliario y taurino del querido y admirado “Pollo”. Trabajo, humildad y pasión por lo que se hace. En lo taurino son tres décadas y media de hacer las cosas bien, de lograr carteles alucinantes con figuras y combinaciones de toreros de todas partes del mundo. Estudió a su público, supo ver las necesidades y oportunidades de un medio que parece estar siempre negado a innovar, creó desde entonces una manera distinta de hacer las cosas, pensando siempre en la gente que paga un boleto.

En mi trayectoria profesional taurina, “El Pollo”, ocupa un lugar importante por ser él a quien entrevisté por primera vez para la televisión hace más de diez años. Fue un puente de fiestas patrias del 2012, con amabilidad, sin prisa y generosidad en sus conceptos y sin tapujos, habló de toros, de su manera de entender la vida y la fiesta de los toros. Hubo una frase que me dejó marcado y que pienso debe de ser la mayor premisa de cualquier empresario taurino: “No programes un cartel al que tú no asistirías como aficionado”.

En este corto análisis se puede resumir la claridad e inteligencia de un hombre que se ha colocado en la cima empresarial taurina, por ser coherente con sus ideas, pensar solamente en el público y ser un buen taurino, respetando estamentos, jerarquías y tradiciones.

Uno de sus grandes aciertos es no haberse obstinado en que los toros a fuerza tienen que ser los domingos a las 4 pm. Entendiendo que dado lo atractivo de su oferta, su público no sólo era la afición queretana, sino que a los capitalinos, potosinos, leoneses, etcétera, siempre nos atrajo ir a vivir la emoción del toreo a esa bella plaza.

Aprovechando fechas claves como puentes o épocas en las que figuras extranjeras hacen temporada americana, los viernes por la noche hemos vivido corridas de toros memorables con lo mejor de lo mejor, combinaciones de consagrados con toreros nuevos de potencial probado.

Sin escatimar, la oferta sigue en estos tiempos en los que dar toros es casi obligado para los empresarios dadas las atrocidades de ataques que padece esta cultura. Es vital dar toros, generar volumen de festejos y que el aficionado, al que se le intenta prohibir vivir con libertad, asista y demuestre que el toreo no se toca y que es parte de nuestras vidas.

Este próximo sábado, una vez más, Juriquilla ofrece un cartel lleno de atractivo, ocho toros de la ganadería de Pepe Garfias para el hispano Antonio Ferrera, torero que ha desarrollado su tauromaquia con base en la libertad que le brinda la madurez como artista. Teatral, innovador, creativo y con el atributo real del arte, la libertad de creación. Alternará el extremeño con tres ases mexicanos, jóvenes todos ellos, toreros a los que la afición y el medio debemos abrazar ya como toreros importantes. Ellos son: Leo Valadez, Diego San Román e Isaac Fonseca, este último de polémica temporada mexicana, que se medirá con tres gallos de pelea serios ante la afición queretana.

A celebrar 35 años de la Plaza de Toros de Juriquilla, a festejar la vida del querido “Pollo Torres Landa”, que por cierto fue nombrado hace unos días “Empresario del Año” por el Club de Industriales de Querétaro, y a disfrutar de una corrida de toros, bien pensada y seguramente mejor organizada.

Publicado en El Financiero