¿Con quién ha roto Alejandro Talavante?

Por Jesús Bayort.

¿Se puede ser buen torero siendo una buena persona? La máxima periodística de Kapuscinski tendría una cristalina extrapolación en la figura de Alejandro Talavante, colmado de bondad y adoleciente —o eso parece— de orgullo torero. Su rostro no se ha descompuesto una sola vez en su annus horribilis. Ni escuchando los tres avisos ni despidiendo a sus compañeros, cuando estos salían a hombros. Es mala señal que se deje de sentir y de padecer por el triunfo ajeno. Aunque se quiera torear como los ángeles, no está de más coquetear con Satanás cuando se pisa el albero.

Alejandro Talavante ha roto con José Miguel Arroyo. Hasta ahí, algo esperado. Pero no es ésa la única ruptura que se le espera. ¿Cortará también con su indolencia? Si en la esfera futbolera todo se tolera mientras el balón atraviese los tres palos; en el planeta de los toros (casi) todo se permite mientras haya una conjunción con el de los rizos. Y cuando eso no ocurre, todo sienta mal. El affaire con los futbolistas, el zarcillo en la oreja o la sumisión por el imperio de los ‘likes’ en las redes sociales.

Joselito‘ sería parte del problema, pero no su totalidad. El verdadero embolado es tener la mente en otra película; olvidar el bushido, el ajuste con los animales y la ambición por el triunfo. Se equivocaron el apoderado y el poderdante en arrancar directamente en Madrid. Después de cuatro años fuera del gran circuito, convenía amortiguar el tragantón. Un mínimo de rodaje para darle mayores motivos al milagro, ése que nunca llegó. Cuando parecía remontar el bache, otra vez caía por el precipicio.

Le conviene resetear su mente y arrancar el 2023 de otra manera. Ahora no le queda otra opción que tomar nuevamente la mano del sistema para suavizar la cuantía de una factura que se antoja cara en este nuevo curso. Ese mismo entramado que dejó meses antes de su retirada, y con el que tantas veces se dejó querer. Su situación no es la misma que la de hace justo un año y precisamente ahora no se puede permitir su exclusión de las ferias.

Talavante es un grandioso torero, a la par que frágil de mente y permeable en su tauromaquia. Corbacho lo moldeó a su antojo, Curro Vázquez le descubrió el talento que atesora y Joselito le imprimió su propio carácter. Empezó pegando barrigazos durante la pandemia y terminaron dejando estampas demasiado expresivas mientras quemaban nicotina por los callejones. La ruptura estaba cantada, como cantado está el cambio de rumbo que debe tomar. En su muñecas, y en su mente, está. Suerte.

Publicado en ABC Sevilla