Señor ¿Por qué permites que haya imbéciles?…

Por Antonio Casanueva Fernández.

Uno de los incidentes más lamentables del mundial de Qatar 2022 sucedió al término del partido Argentina-México. El boxeador Saúl “El Canelo” Álvarez acusó al futbolista Lionel Messi de haber pisoteado y limpiado el piso con la playera de la selección mexicana.

El lamento se hizo viral, se generó polémica y llovieron críticas contra el boxeador que terminó disculpándose.

El suceso me recordó una situación similar que vivió Rodolfo Gaona al principio de su carrera en España.

Rodolfo Gaona impresionó desde sus primeras presentaciones como novillero. Entre 1907 y 1908 triunfó fuertemente en Puebla, en la antigua Plaza México y en el recién inaugurado Toreo de la Condesa.

En Guanajuato, causó tal impacto que el periodista Joaquín González “El Quino” escribió, en el periódico local “El Barretero”, lo que se repetiría en muchas tardes después de las actuaciones de Gaona: “Las campanas de León tocan a Gloria”.

Tras semejantes éxitos y después de haber toreado 122 novilladas, su maestro Saturnino Frutos “Ojitos” decidió llevarlo a España.

El inicio en España fue complicado. Ojitos no tenía los contactos, además el ambiente era cerrado. Para dar a conocer a Rodolfo, tuvieron que rentar un par de plazas y organizar ellos mismo las corridas.

Finalmente, el público español solicitó a las empresas que empezaron a contratar a Gaona. Durante su primer viaje a España, inauguró la Plaza de Vista Alegre en julio 1908 alternando con Bombita y Machaquito.

El crítico Serrano García Vao “Dulzuras” escribió: “El público vio en él algo extraordinario y su trabajo en conjunto hizo concebir grandes esperanzas” (citado en “Uno al Sesgo” (1922) “Los ases del toreo. Rodolfo Gaona“. Madrid, España: Ediciones ALFA, página.17).

Al año siguiente toreó 32 corridas, no sin dificultades. Para tratar de cerrar su paso avasallador, le inventaron una calumnia. Algo similar a lo que intentaron en México con “El Canelo” Álvarez para desviar la atención del fracaso de la selección mexicana.

Por los ambientes taurinos empezó a circular el rumor de que Gaona había pisoteado una bandera de España. Fueron los mismos toreros y subalternos los que intentaron presentarlo como anti-hispanista para desacreditarlo con el público que lo estaba convirtiendo en su torero predilecto.

La ventaja es que frente al toro lo único que cuenta es el valor, la verdad y la estética del toreo. Ahí, Gaona superaba a todos los de la época.

En “Mis veinte años de torero”, el libro íntimo en donde Rodolfo Gaona le contó su vida al periodista Carlos Quiroz “Monosabio”, da su opinión sobre el incidente.

“Sin embargo, la calumnia idiota siguió su camino y me causó muchos dolores de cabeza.

Y, aún, todavía no falta quien le dé crédito.

Señor, ¿por qué permites que haya imbéciles?”

No fue la única peripecia extra taurina que tuvo que superar Rodolfo Gaona. En 1909 apareció en los periódicos la noticia de que se había encontrado muerta a la señorita María Luisa Noecker. En el cuello, el cadáver llevaba un medallón con un retrato de Gaona.

El maestro leonés fue llevado a prisión y los periódicos siguieron morbosamente el caso. María Luisa Noecker era admiradora de Gaona, pero –por lo que declaró el propio matador– nunca llegaron a conocerse.

No obstante, pasó más de veinte días detenido. Al salir libre, los aficionados lo recibieron como héroe, pero surgieron también sus detractores. A partir de entonces, los aficionados en México se dividieron entre gaonistas y antigaonistas.

Gaona se retrató con varios políticos de la época como Madero, Álvaro Obregón o Victoriano Huerta. Venustiano Carranza utilizó, como pretexto, una fotografía en la que el joven matador aparecía con Huerta durante una comida en Tlalpan, para acusarlo de traidor, robarle la totalidad de su patrimonio –con la figura de la incautación– y prohibir las corridas de toros en la capital de México.

Pero quizá la faena más difícil que Rodolfo Gaona tuvo fuera de los ruedos sucedió en 1917. Gaona dominaba todas las suertes. Era un hombre elegante, apuesto y distinguido.

Los padres de la afamada actriz Carmen Ruiz Moragas lo vieron como la perfecta tapadera del amasiato que sostenía el rey Alfonso XIII con su hija. Envolvieron al torero y organizaron una relación que finalmente terminó en boda.

Cuando Gaona se enteró de que había sido engañado y de que había un tercero en la relación, se separó de ella.

Pero ya era demasiado tarde. Estaba en boca de todo Madrid que la actriz le ponía los cuernos con el mismísimo rey de España. A consecuencia de los cuchicheos, Gaona sufrió una fuerte depresión y los públicos, a partir del escándalo, lo trataron con dureza y desprecio.

Todavía tuvo tardes de triunfo, pero no volvió a sentirse a gusto en ruedos españoles. Decidió regresar a México donde tuvo un años de gloria superando a figuras españolas como Marcial Lalanda o Sánchez Mejías .

Años después volvió a España, pero el sindicato de toreros no lo dejó vestirse de luces. En una tarde en Madrid, el público lo reconoció en el tendido y le pegaron una de las grandes ovaciones que se recuerden en aquella vieja plaza, un tributo a la carrera de un grande.

El éxito de Gaona estuvo fincado en la fortaleza de su carácter. Se sobrepuso a embistes y artimañas de poderosos en México, como Venustiano Carranza, y en España, como Rey Alfonso XIII. Superó intrigas, envidias de toreros y hasta al intento de veto de José Gómez Ortega “Gallito”.

Su voluntad, templanza y fortaleza fueron superiores a las dificultades. Su personalidad le permitió cultivar la sensibilidad de artista y superar cualquier obstáculo o conflicto.

De esta manera, dejó un ejemplo para cualquier torero mexicano que quiera triunfar en el complejo y cerrado mundo taurino español.

Publicado en Intolerancia