Miura: una medalla que subraya 180 años de historia.

Por Álvaro R. del Moral.

Vaya por delante la noticia: el Consejo de Ministros, a propuesta del ministro de Cultura y Deporte, Miquel Iceta, ha aprobado este martes, 27 de diciembre, la concesión de las Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes correspondientes al año 2022 a 33 personalidades e instituciones de la cultura. Entre los premiados se encuentra la ganadería de Miura, la mítica vacada sevillana que pasta en la finca Zahariche, dentro del término municipal de Lora del Río.

La ganadería loreña, regida en la actualidad por los hermanos Eduardo y Antonio Miura, “posiblemente sea la ganadería de toros más legendaria de la historia de la Tauromaquia”, explica el Ministerio de Cultura en su nota de prensa. “Especialmente destacable es la fidelidad de esta casa a sus orígenes, puesto que, a lo largo de su trayectoria casi bicentenaria, ha mantenido invariable un encaste singular asociado a valores como la bravura, la emoción y belleza del toro de lidia”, concluye el fallo aprobado este martes por el Consejo de Ministros.

Un poco de historia

Pero hay que retroceder hasta 1842 para refrescar una historia conocida. El industrial sombrerero Juan Miura –tatarabuelo de los actuales propietarios– accedió a los deseos de su hijo Antonio, un consumado caballista y amante del campo que fue el verdadero inspirador de la vacada. Juan Miura se hizo ganadero con la compra de una punta de vacas de Antonio Gil Herrera que procedían de Gallardo. Pero la génesis definitiva de la ganadería llegaría siete años después con la adquisición de casi 400 reses de Albareda, procedentes de la mítica torada utrerana de Cabrera que se aumentaron con la compra posterior de la ganadería de Jerónima Núñez de Prado –de idéntica raíz Cabrera– y el cruce posterior, en 1854, con dos toros vistahermoseños de Arias de Saavedra. Se había forjado el legendario toro de Miura enhebrado a un apellido y un concepto que ha permanecido inalterable a lo largo de estos 180 años de bravura y tradición.

Antonio Miura Fernández, ya lo hemos dicho, fue el auténtico forjador de la ganadería que –marcando la pauta del futuro– pasaría a ser dirigida por su hermano Eduardo, el de las célebres patillas, a partir de 1893. Bajo su mando se alcanza la cifra mítica de las mil vacas de vientre y hasta se consolida la leyenda trágica del célebre hierro, marcado por dos muertes que forman parte de la historia doméstica de este país: la de Espartero, cogido por ‘Perdigón’ en 1894 en la plaza vieja de Madrid; y la de Manolete, fatalmente corneado por ‘Islero’ en la tarde infausta del 28 de agosto de 1947 en Linares marcando el fin de toda una época.

Toro de Miura asomado a las tablas de la Maestranza. Foto: Arjona-Pagés.

De Don Eduardo Miura Fernández, la ganadería pasó a sus hijos, los hermanos Eduardo y José Miura Hontoria, los llamados niños Miura que, finalmente, ceden en 1940 la ganadería a Eduardo Miura Fernández, hijo de Antonio, sobrino de José y padre de los actuales criadores, los hermanos Eduardo y Antonio Miura Martínez que también tienen su heredero: Eduardo Miura Fanjul. La relación de la familia Miura con las tierras de Lora era antigua pero fue el matrimonio de Eduardo Miura con doña Mercedes Martínez el que determinó el traslado definitivo de todas las reses a Zahariche, actual solar de la ganadería que marca su territorio con las inquietantes calaveras de cabestros que orlan la puerta del carril.

Antecedentes

La noticia, en cualquier caso, nos lleva a recordar que el reconocimiento del mundo taurino por parte de las autoridades culturales es relativamente reciente. La lista la abrió Antonio Ordóñez en 1996. Pero aquella distinción llegó un poco tarde. Libres de complejos, los franceses ya habían concedido un año antes al genial rondeño la más preciada condecoración de la república: la Legión de Honor. Algunos años y medallas después llegó el escándalo. La concesión de la preciada presea a Francisco Rivera Ordóñez, nieto del maestro, ocasionó un cisma con Morante primero, y la polémica devolución de las medallas de Paco Camino y José Tomás después.

Se trata, en definitiva de la medalla número 29 ligada al mundo de la Tauromaquia. A Ordóñez le siguieron El Viti, Curro Romero, Litri, Pepe Luis Vázquez, el ganadero y rejoneador Álvaro Domecq y Díez, Antoñete, Rafael de Paula, Manolo Vázquez, Ángel Luis Bienvenida, Espartaco, Paco Camino, José María Manzanares, Enrique Ponce, el crítico Manuel Molés, José Tomás, Francisco Rivera Ordóñez, Luis Francisco Esplá, Joselito, Pepín Martín Vázquez, Ángel Peralta, Victorino Martín, El Cordobés, Hermoso de Mendoza, El Juli, Dámaso González, la sastra de torero Natividad González y la Real Maestranza de Sevilla. Ahora se une la ganadería de Miura.

Publicado en El Correo de Andalucía

Newsletter