Obispo y Oro: Feria de Cali: ¿De la Libertad? Por Fernando Fernández Román.

Me pongo a escribir cuando en España agoniza el año veintidós del siglo veintiuno; un año de operaciones siniestras en lo político y de inoperancias endémicas en lo taurino. Lo políticamente siniestro es cosa que compete a las columnas de sólido fuste que sustentan la estructura de Opinión de este periódico, sobre todo, a las especializadas en los entresijos, vaivenes y jeribeques de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial de este país; por tanto, no meteré el cuezo en el pretil ajeno, aún a sabiendas de que, en esta República “de las ideas”, tengo libertad para lidiar el toro de la política si las circunstancias así lo quieren; y esta que me impulsa a plantarme ante la luminosidad expectante de la pantalla blanca de mi ordenador bien pudiera ser una de ellas: En Cali (Colombia) la política ha intentado cercenar una de las ferias taurinas más importantes de América, que este año incluía en sus carteles el tradicional festival taurino, anunciando la participación del niño-prodigio español que ha impactado, asombrado e ilusionado a los aficionados del mundo, de todas la edades: Marco Pérez; un salmantino de quince años que tiene revolucionado al personal –¡y de qué manera!–, al punto de cortar este año un rabo en la Maestranza de Sevilla, en el reciente festival que organizó el torero Emilio Muñoz a beneficio de la Hermandad del Gran Poder. El empresario de la feria de Cali es el también español Alberto García, un joven e intrépido organizador de espectáculos taurinos, a través de su empresa Tauroemoción, que, poco a poco, se está haciendo un hueco en el sector. Este año –a la vista de la eclosión del citado niño-torero–, se le ocurrió integrarlo en el cartel del festival programado para el día 29 de diciembre, junto a nombres de toreros españoles y colombianos que participaban en las corridas formales de la feria. Era, digamos, la principal novedad de la cartelería, porque su fama ha alcanzado niveles impensables hace apenas dos años. Fenómenos de este tipo se han dado desde que el mundo (taurino) es mundo. Guerrita, Gallito, los niños de Bienvenida, Enrique Ponce o El Juli son los primeros que se me vienen a la mente, pero alguno más habrá. A pesar de su temprana edad, se hicieron famosos en su etapa de becerristas, aunque tuvieran que emigrar a las Américas hasta que cumplieran los dieciséis, mínima edad a que obliga la Ley española para actuar en novilladas. En este momento, el tal Marco Pérez es un diamante limpio y neto, una piedra preciosa y rutilante que fascina a cuantos le ven en acción por vez primera. Nada hacía prever que los políticos colombianos encontraran en él el clavo ardiente al que agarrarse para intentar suspender – “o prohibir”, decían ellos—la feria taurina en aquellas hondonadas del Cauca.

El caso es que, con apenas veinticuatro horas de antelación, Alberto García y la propiedad de la plaza de toros caleña recibieron un comunicado admonitorio, conminándoles a que retiraran la participación de Marco, so pena de suspender o prohibir el resto de la feria. Y, de paso, también, el de una Amazona, anunciada posteriormente como Mariana Mantilla, solo que, en este caso, es una chiquilla de unos doce años, que montaría a caballo junto al elenco de Amazonas que este año desfilarían por el ruedo de Cañaveralejo, algunas, montando lo que allí se conoce como El Rolls Royce de los caballos de paseo: el de Paso Fino Colombiano. De modo y manera que Marco y Mariana han sido algo así como los chivos expiatorios de una argucia política –una más– para intentar prohibir la tauromaquia en Colombia, tras el frustrado intento de hace mes y pico.

El auto que expide el Ministerio del Trabajo, Dirección Territorial del Valle del Cauca, cuyo documento poseo, comienza así: “… se ordena la paralización o prohibición inmediata de trabajos o tareas en la fiesta taurina que se viene desarrollando en la plaza de toros Cañaveralejo de Cali, con ocasión de la feria de Cali 2022 que se viene llevando a cabo desde el pasado 25 de diciembre de 2022 hasta el próximo 30 de diciembre del mismo año que tiene carteles para la temporada decembrina y se mantiene el anuncio de la llegada de toreros entre los cuales se encuentran adolescentes como Marco Pérez, de 15 años de edad, quien participa como novillero en la jornada del 29 de diciembre de 2022, la niña Mariana Mantilla Lemus en el marco de la actividad llamada ”Amazonas para la feria de Cali 2022”, durante los días 25 al 30 de diciembre de 2022”.

Hago cita literal, expresamente, para que se vea la calidad de la redacción de los ejemplares administrativos que pululan en torno a la hornada de políticos que rigen aquél país. La sintaxis es ramplona y apenas existen las comas. Así están las cosas en mi querida Colombia, con Petro en la Presidencia del Gobierno buscando resquicios por donde socavar la fiesta de los toros en territorios, como el vallecaucano, con hondas raíces taurinas. En esta ocasión, no han conseguido más que impedir la participación en Cali de un chiquillo español y de una niña colombiana; aquél, para realizar el arte del toreo hasta sus últimas consecuencias con un eralito, es decir, con un toro en fase adolescente, y ésta sobre la montura de un precioso ejemplar de la raza autóctona del país; pero la feria tiró para adelante y hoy termina con el mano a mano entre Emilio de Justo y Luís Bolivar, con toros de Victorino Martín, el ganadero triunfador de la pasada edición. Un España-Colombia en toda regla.

Ya ven cómo está el patio más allá del Océano. La feria de Cali, la muy famosa del Señor de los Cristales, es un ciclo de festejos anual que precisa la unión de los estamentos taurinos –aquéllos, estos y los de más allá– para fortalecerla y revitalizarla, haciendo causa común frente al acoso antituarino que la avasalla. Este año ha estado a punto de romperse por el afán prohibicionista de un gobierno que se dice democrático. Pónganse también las pilas en España, porque aquí tampoco estamos para tirar cohetes en lo tocante a unificar proyectos y aunar voluntades para afrontar el inmediato futuro con optimismo. Entre animalistas y políticos izquierdistas de sesgo “anti”, estamos apañados. Anteayer, nada más conocerse el veto a Marco Pérez, los tres diestros que componían el cartel, Alejandro Talavante, Emilio de Justo y Andrés Roca Rey, obligaron al chiquillo a salir al tercio para corresponder a la ovación de un público que, puesto en pié, entrechocaba las palmas de las manos con inusitada fuerza entre gritos de ¡libertad!, ¡libertad!, ¡libertad!

Curiosamente, Alberto García quiso que este año su feria de Cali llevara ese título: la feria de la Libertad…. Ya, ya.

Publicado en República

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