¿Dónde se celebró la primera corrida de toros?

Por Raúl Mata.

El mundo de la tauromaquia siempre ha estado unido a la historia de España. El toreo es una de las tradiciones más arraigadas de la cultura española, además de ser una de las más famosas a nivel mundial y, a su vez, una de las más polémicas. Del idioma griego ταῦρος, taūros ‘toro’, y μάχομαι, máchomai ‘luchar’) se define como “el arte de lidiar toros tanto a pie como a caballo”.

Es originaria de España y se remonta a la edad de bronce, en donde solo la realeza era digna de demostrar su valentía frente a un toro, al contrario de lo que se cree, el rejoneo es la expresión más antigua, los escritos datan del año de 1455 en España. Y esto no sería posible sin el toro bravo. Estas historias se entrelazan de tal manera en la que se cree que los primeros enfrentamientos fueron con los uros animales de caza que a pesar de no ser una raza endémica de España fue allí donde se encontró uno de los mayores asentamientos.

Ya en la Biblia se encuentran referencias al sacrificio de toros bravos en holocausto de la divina justicia, considerándose al toro como símbolo de fortaleza, fiereza y acometividad. Y de este modo se encuentran igualmente referencias a los holocaustos religiosos que celebraban los íberos. En ellos sacrificaban a los toros bravos desafiándoles en espectáculos públicos.

Además, los antecedentes de los ritos con toros se remontan a la Edad de Bronce. En las culturas de la antigüedad el toro ha sido un símbolo importante como elemento identificador de ritos y sacrificios de animales cuyo fin era favorecer la fuerza de los guerreros o la fertilidad del ganado; también fue frecuente su empleo en las ofrendas, ceremonias funerarias o rituales de paso. De estas antiguas tradiciones existen vestigios procedentes de culturas como la indo-iraní, mesopotámica, egipcia y europea, entre todas ellas las referentes a la Península Ibérica tienen relevancia por su relación directa con las tradiciones taurinas que desembocaron en la tauromaquia o toreo, tradiciones culturales que fueron más tarde llevadas a otros países, como Portugal, Francia, México, Perú, Colombia, Venezuela o Ecuador.

Ya en los inicios de la Edad Media los testimonios documentados en torno a la tauromaquia indican que las fiestas y juegos de toros ya estaban asentados en la Península ibérica procedentes de los antiguos rituales con toros en los que se practicaron diferentes formas de burlar a las reses, y que se tomaban con aire festivo y lúdico.

La historia sitúa la primera corrida de toros documentada se sitúa en el año 1128, en la boda de Alfonso VII de Castilla (hijo de Urraca I de León) y Berenguela de Barcelona. Tuvo lugar en la localidad de Saldaña (Palencia). La crónica de la época recogía: “…en que casó Alfonso VII en Saldaña con Doña Berenguela la chica, hija del Conde de Barcelona, entre otras funciones, hubo también fiestas de toros”.

Saldaña es un municipio y villa española de la provincia de Palencia en la Comunidad Autónoma de Castilla y León. Centro comarcal de la comarca de Vega-Valdavia, está ubicada en la orilla del río Carrión.

Sin duda son los condes de Saldaña, de cuyo Castillo las ruinas aún subsisten, los que llenan la historia y la leyenda locales. La literatura popular recuerda a Bernardo del Carpio, hijo de Sancho Díaz, conde de Saldaña, y de la princesa Ximena, hermana del rey Alfonso II de Asturias. El rey, que se oponía a este matrimonio, encerró en una mazmorra al conde y envió a un monasterio a su hermana.

Posteriormente, fue la cabeza del condado de Saldaña-Carrión cuyos condes, según documentos musulmanes, pertenecían a la familia de los Beni Gómez, siendo su primer conde documentado Diego Muñoz. Vasallo del reino de León durante el siglo X, compartía su frontera oriental con el condado de Monzón, el cual fue finalmente repartido entre el incipiente condado de Castilla y el propio condado de Saldaña-Carrión.

Existen indicios documentales en los que se afirma la participación de los condes de Saldaña-Carrión y de Castilla en diversas revueltas contra el reino leonés aprovechando épocas de debilidad del mismo durante el siglo x y que desembocaron en la independencia de facto del condado de Castilla.

El 8 de marzo de 1126 falleció en la localidad de Saldaña la reina Urraca I de León, reina de León e hija de Alfonso VI de León, conquistador de Toledo. Después de su defunción, el cadáver de la reina fue llevado a la ciudad de León, donde recibió sepultura en el Panteón de Reyes de San Isidoro de León.

Saldaña fue la cabecera de más de cien lugares, señorío del marqués de Santillana y uno de los centros de formación más importantes del país. La antigua Gili-Zalan, luego llamada Saldania, se hizo famosa por sus luchas contra Roma, cuya dominación fue larga y fecunda. Lo atestiguan los alrededores, que son un inagotable filón arqueológico, en gran parte intacto.

A partir del siglo siguiente de la primera corrida contrastada, en el XIII, se extiende la tradición de “correr los toros” para festejar bodas, bautizos, funerales… Mientras que la nobleza iba a caballo, el pueblo llano corría a pie.

La llegada de los Borbones supuso una mayor separación de la nobleza y la tauromaquia. Los Borbones lo consideraban una fiesta bárbara y de mal gusto, por lo que los nobles se alejaron de ella, aunque el pueblo llano continuó corriendo “a pie”.

Durante el primer tercio del siglo, hasta 1733 cuanto más en Sevilla, los varilargueros, los conocedores y mayorales de las ganaderías, sucedieron a los señores; pero a partir de esta fecha el matador de a pie se impone indiscutible en el favor del público.

Tanto que, cuando la dinastía trató de acercarse al pueblo, tuvo que transigir con la Fiesta que estuvo así presente en los fastos de la Monarquía, como lo fueron la coronación de Carlos III en 1759 y la boda del Príncipe de Asturias en 1765. Por eso durante el reinado de Carlos III se construyen dos de las plazas más antiguas y monumentales que aún existen: las de las Reales Maestranzas de Caballería de Sevilla (1761) y de Ronda (1784). Algunos, como el maestro Barbieri y el libretista José Picón en Pan y Toros, vieron en esta nueva actitud una manera de apartar al pueblo de la cosa pública. En 1761 aparecen los primeros carteles de toros: de 1763, anunciando la inauguración de la temporada en Sevilla, es el más antiguo que se conserva.

Durante este época se da a conocer el primer torero de renombre de la historia, Francisco Romero y Acevedo, que fue fundador de una dinastía taurina fundamental para la historia de la tauromaquia, se le atribuyen importantes aportaciones en un periodo clave en el que se definió la lidia moderna a pie, como fue el uso de la muleta y del estoque para matar al toro frente a frente. Padre del también matador Juan Romero, su nieto fue el gran torero Pedro Romero.

En los primeros años del siglo XVIII, en Ronda, Francisco Romero, al final de una corrida de toros, pidió autorización para matar él mismo al toro. Después de citar dos o tres veces al toro con un lienzo, Francisco Romero estoqueó al toro con ayuda de su espada. Pronto se repitió la nueva suerte en otras en otras plazas y se convirtió en un auténtico profesional, dando inicio al toreo a pie como espectáculo moderno. El uso de lienzos —blancos y colgados de un palillo— es probablemente anterior al torero rondeño, y su evolución hacia la muloeta fue paulatina durante este poco conocido periodo taurino, pero es posible que Francisco Romero sí generalizase su uso para matar al toro frente a frente y como instrumento de la lidia.

Publicado en La Razón

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