“Los que verdaderamente hacemos daño a la profesión somos nosotros mismos”: Finito de Córdoba.

Por Salvador Giménez.

Córdoba está bulliciosa. Son vísperas de días muy señalados en el año. La gente camina de un lado hacia otro. Todo son prisas. Las fiestas navideñas nos traen estas cosas cada año. Muchos se vuelven cuando ven al protagonista de esta entrevista. Algunos lo conocen, a otros les suena y otros, los menos, no saben quién es, pero a todos les llama la atención su figura. El torero, además de serlo, debe de parecerlo. Juan Serrano, Finito de Córdoba, lo es y, además, lo parece. Espigado y elegantemente vestido (los años parecen no pasar por él), nos habla en exclusiva sobre su ya larga trayectoria como torero.

Decía Manolete que a él le encantaba oír el agua en los canalones, señal del invierno, tiempo del reposo del torero; ya que estamos estrenando este invierno, ¿qué balance podemos hacer de la temporada 2022?

-Ha sido una temporada atípica. Después del año pasado, de haber toreado diecinueve tardes, de conmemorar los treinta años de alternativa y que se me haya tenido tan poco en cuenta, es atípico, molesto. Ha sido un número reducido de festejos, pero cuando uno está preparado, está siempre uno con el toro en mente y el traje de luces.

-De todas maneras, a pesar de ser una temporada corta, ha sido intensa y ha habido momentos relevantes. La corrida flamenca de Lucena fue un hito. Ha tenido sus premios, ha tenido su repercusión.

-Fue bonito. Soy amante del flamenco, un mundo que siempre ha estado unido al toreo, dos mundos que son mi vida, y nunca había tenido la oportunidad de hacer algo de esta manera. Creo que hubo momentos muy intensos en esa faena y escuchar la voz del maestro Mercé mientras uno expresa lo que siente como torero, pues no es nada fácil, de hecho es muy difícil, porque siempre se dice que poder adaptar una voz a la velocidad o la condición que en ese momento te está mostrando el propio animal no es fácil. Pero por momentos, pues sí, se consiguió, y yo creo que todos los que estuvimos presentes lo vivimos.

-Volvamos a la temporada tan atípica ¿A qué causas podemos achacar que Finito no haya estado en esas plazas? Después incluso de haber dado la cara en los años malos de la pandemia.

-Eso es lo peor, el no tener la explicación o contestación para dar respuesta a esta pregunta. Esto es un mundo de negociaciones, y cuando uno negocia se pone de acuerdo o no, pero es que ha habido muchos casos en que ni siquiera han existido negociaciones; en otras muchas ocasiones ni siquiera han descolgado el teléfono. Así está la sociedad, así está el toreo, tal y como me imagino otros muchos sectores. Desgraciadamente se han perdido las formas, los valores.

-¿Se han perdido del todo en el mundo del toro, paralelo a la sociedad, esos valores que antiguamente se respetaban?

-Tampoco del todo, porque hay muchas personas en el mundo del toro, aficionados y en general en la sociedad que siguen teniendo esos valores. El problema es que no se transmiten, no nos hacemos respetar de la manera que siempre se hecho respetar la gente del toro. Afortunadamente hay mucha gente joven que se te acerca con muchísimo respeto, con esa educación y esos valores. Yo creo que los toreros somos los mayores culpables de cómo está el sector, aquí no hay que echarle las culpas a nadie externo, que bastante daño nos están haciendo, los que verdaderamente hacemos daño a la profesión y al toreo somos nosotros mismos. Muchas veces pienso que si a mí se me trata así, cómo no tratarán al resto que va por detrás. Muchachos que son capaces de salir triunfadores de Madrid, Sevilla, que han hecho una temporada extraordinaria y que hace 25 o 30 años tendrían sesenta o setenta corridas de toros y podrían mantener a su familia cómodamente. Falta regularización, buscar un equilibrio donde nadie salga perdiendo. El toreo es un mundo para disfrutarlo.

-¿Qué diferencia hay entre aquel adolescente que llegó de tierras catalanas, hace cuatro décadas, y el matador de toros consagrado de hoy?

-Bueno, en los valores, en las formas, en la manera de pensar, en la personalidad, no ha cambiado nada afortunadamente. Sí es verdad que me he equivocado evidentemente muchísimas veces, he aprendido de esos errores y sigo aprendiendo, de lo cual me sigo alegrando, porque siempre hay algo que corregir y eso es importante en la vida, es lo que te ilusiona con el paso del tiempo y de los años. La profesión me ha brindado la oportunidad de ir evolucionando como torero en cuanto a técnica, sapiencia y conocimiento de los animales y eso es una manera de enriquecerse de la profesión, de lo que uno ha elegido. Los toreros nos jugamos la vida de una manera muy consciente, porque sabemos a lo que vamos cada tarde que nos vestimos de torero. Pero también lo hacemos en el campo, en la carretera, incluso practicando deporte, en muchos sitios, tenemos una actividad de máximo riesgo, no solo en la plaza sino también fuera de ella.

-En cierto sector de la afición, digamos el más radical, se está reclamando que en esta época surja una figura, tal como hizo en su día Antonio Bienvenida, que denunciara la manipulación de los pitones de los toros. ¿Qué opinión tiene de este tema?

-Desde hace mucho tiempo, incluso en mis primeros años de matador de toros, cuando se hablaba de la manipulación y aún no existían las fundas protectoras de hoy en día, yo siempre decía, bueno, bien, se manipulan los toros, pero ¿a favor del empresario, el ganadero? ¿O a favor del torero? Seamos transparentes y que el aficionado sepa realmente. Hablen con los ganaderos y díganle en cada camada, sin fundas, a cuántos toros se les lastiman los pitones y se les quedan romos durante la crianza del animal. Estamos hablando del 60% posiblemente. Ahora, también pienso que cada vez se manipulan menos con las fundas que se han creado, pero ya no estamos hablando de integridad, porque al toro se le puede poner esa protección en los pitones para que no pierda ese calibre y esa dimensión de pitón, que perdería sin lugar a dudas en todas las ganaderías. Con esas fundas para tener intactos los pitones, a día de hoy, no se habla de una protección para el ser humano y me parece tremendo. Nos jugamos la vida y hay compañeros que no les queda ni para pagar la cena, ni para comprarse un capote, novilleros que se exponen, que están matando autenticas corridas de toros, y queremos luego defender el futuro cuando no hacemos nada para defenderlo. Los chavales no tienen bagaje para afrontar, o enfrentarse, a las novilladas que hoy en día se están lidiando.

-También se habla en esta época de que el escalafón de matadores de toros está muy envejecido. Aunque hay nuevos valores como Tomás Rufo, Ángel Téllez o Francisco de Manuel ¿Qué opinión tiene de los nuevos toreros que aparecen?

-A mí me satisface el hecho de que salga gente joven con esas condiciones, haciéndole al toro que se lidia hoy en día, que es muy serio. Sí es verdad que gracias a la selección que se ha llevado a cabo por parte de los ganaderos se está criando un toro con una obediencia, nobleza, con una humillación, recorrido, fijeza, y con una serie de virtudes que nos permiten expresar el toreo como no lo podíamos hacer en otros años. Eso tenemos que agradecérselo a ellos, pero también es verdad que nos ponemos delante de un toro tremendamente serio.

-¿En qué ha cambiado el toro, la materia prima, en todos estos años en la profesión?

-Hoy morfológicamente está bien hecho, un toro armónicamente fino, pero muy serio, con mucha seriedad, la cara, el toro cinqueño. Habría que cambiar muchas cosas del reglamento; un día durante la pandemia, hablando con Ricardo Gallardo, le dije “¿por qué no se vuelve ahora al utrero?”. Habrá parte de aficionados, o el purista de turno, que me juzguen. Pero, ¿qué supone esto? Pues un año de crianza, veterinarios, alambradas que no las parten, bajas en la ganadería, porque hay un 20-25% entre las peleas, lesiones. Es decir, se evitaría un gasto tremendo. Y al señor que pueda juzgarme por esta propuesta yo le diría, véngase usted conmigo al campo y que vea, sin saberlo, las novilladas que hay para el año que viene, y cuando haya dado su aprobación, que vea que tiene seriedad, que está muy bien presentada y que es muy torera, le diré: ¿pues sabe usted que es una novillada y estamos en el mes de diciembre? Falta comunicación, falta transmitir nuestros valores, enseñar, mostrar lo que es el toreo, que te acompañen al campo. Al final las corridas esas de los pueblos que se mataban, las llamadas toreras, muy bonitas, cada vez existen menos, la selección cada vez va más por arriba. Deberíamos ser los profesionales quienes elijamos delante de qué toro nos tenemos que jugar la vida. ¿Por qué? Porque sería todo más fácil para todos, pero bueno, quieren el toro grande, exigen, allá ellos, por eso tienen un mérito tremendo los compañeros.

-Son los pecados del toreo de hoy ¿no?

-¿Quién alza la voz? ¿Quién es el que da un golpe en la mesa? Pero no ya en el ruedo, porque ellos –los toreros jóvenes- ya lo han dado, y lo han dado para que se le abran las puertas. Luego, evidentemente, tienen que seguir manteniendo un ritmo en la temporada, y que llegue a final del año y digan el hecho de triunfar en Madrid o triunfar en Sevilla o hacer esta temporada me ha valido para tener estos beneficios. Pero no, beneficios no, que cuenten lo que quieran, a mí no me lo pueden contar porque yo he pasado por todo ello, afortunadamente, más otras muchas cosas que me quedarán por pasar y descubrir, pero algunas ya he vivido, con algunos al lado, que conozco del sector a un porcentaje alto.

-Volvamos a Córdoba. La carrera de Finito de Córdoba está unida al Coso de los Califas. En 2014 y 2022 estuvo ausente de los carteles de feria, aunque las cotas artísticas más importantes en 2021 corrieron de su cuenta. ¿Cómo se ha llevado esa ausencia?

-Esto es muy sencillo, soy un hombre transparente y no me importa que se sepa la verdad. Cuando me quedé fuera con Ramguertauro en 2014 fue porque cerré el contrato con Julián Alonso en 90.000 euros y después vino diciendo que eran 70.000. Faltaron a lo firmado. El año pasado actué en la corrida que organicé por y para Córdoba, con dos novilleros de la tierra (Rocío Romero y Lagartijo) y que fue todo un éxito de público. Ver a tanta gente joven fue maravilloso. Yo estoy muy agradecido a Córdoba porque me ha demostrado mucho, se me ha exigido como al que más, pero también porque sabían que yo podía dar mucho más de sí. Después de toda esa ilusión le propuse a Rafa Centeno que le comentase a Garzón que quería comer con él para proponerle organizar dos actos culturales, o bien torear un toro, tentar compartiendo con aficionados prácticos… Se trataba de fomentar la afición en Córdoba. No hubo respuesta. Me volví a encontrar con Garzón en febrero en el AVE y él me dijo que lo que quisiera, pero le respondí que ya íbamos tarde. No ha habido negociación para Córdoba, lo único que hable con Garzón, José María, es lo que hablamos en el AVE y punto. Es todo muy fácil, una negociación y una contratación, con cinco minutos nos basta. A mí no me tienes por qué estar contando una cosa, mañana quedamos otra vez, pasado otra.

-La plaza sigue ahí

-Ah hombre, claro por supuesto.

-Y ahora que tenemos de nuevo ambiente porque viene gente como Manuel Román, Fuentes Bocanegra, Manuel Quintana, los cuales apuntan condiciones más que interesantes. O incluso el mismo Lagartijo, que después de cortar dos orejas la tarde de su alternativa no ha vuelto a ponerse el traje de torear.

-Yo les tengo mucho cariño a todos los que has nombrado y un gran respeto, y la verdad es que ilusiona el hecho de que se despierte nuevamente en Córdoba el deseo y la ilusión de volver a ponerse en carretera para ver a un muchacho, como es el caso de Manolito Román. Que por cierto me mandaron una entrevista que le hicieron, hablaba del maestro Chiquilín con el que había coincidido en la Escuela, de las novilladas de Canal Sur, y luego le dijeron de mí y dijo que no había coincidido conmigo, que tendría el deseo, que le gustaría. Yo recuerdo que con él he coincidido un par de veces en lo de Fuente Ymbro. No entendí nunca esas declaraciones, conmigo sí ha coincidido, bueno, pues que comentase eso… no me gustan las mentes olvidadizas. Si yo cometo un error hay que tener la suficiente personalidad para afrontarlo. Me parece muy bien la labor que se hace en la Escuela, y lo de Canal Sur me parece perfecto, pero que sean transparentes y hablen claro. Manuel Román es un chico educado, correctísimo, con unos valores tremendos, y tiene unas virtudes enormes, pero vamos despacio, que esto está realmente difícil. En el caso de Boca (negra) igual, si a Boca tú le hablas de mí me imagino que me tendrá un respeto, como yo a él. O el caso de Lagarto, de Lagartijo, que lo adoro, ahora nos hemos distanciado porque yo digo lo que pienso. A todos les pongo muchas cosas de ejemplo para lo que se van a encontrar y no les sorprenda. A Lagartijo se lo dije una vez entrenando antes de la alternativa, Dios quiera Lagarto que cortes los dos rabos, porque aún cortando los dos rabos, te quedas en tu casa. Es duro ¿no?, cortó dos orejas, pues mira donde está, y vamos a ver lo que pasa, tiempo al tiempo. No soy el malo por dar estos consejos, yo me lo he llevado al campo, le he dado todo lo que he podido y más, y encantado de hacerlo, pero ha llegado un momento en que nos hemos distanciado.

-La temporada 2023 ¿Qué previsiones hay?

-Pues no lo sé, a día de hoy es triste. Podría decir han llamado ciertas personas, tengo ilusión con esto, lo más fácil siempre al final, pero para qué nos vamos a engañar, vamos a esperar a ver qué pasa, a lo mejor mañana cambia todo y cambia el rumbo.

-¿La carrera de Finito de Córdoba atisba ya el punto y final?

-No, siempre lo dejaremos en puntos suspensivos, porque el punto final en la carrera de un torero no existe, yo creo que no existe.

Publicado en El Diario de Córdoba

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