Mérida: El relevo viene sólido.

Los toros y las corridas son acontecimientos que no tendrían comparación con otras actividades. Perderían su encanto si fueran como todo lo demás.

Ayer, por ejemplo, se realizó la tradicional corrida de rejones de Año Nuevo en la Plaza Mérida. Los caballistas quieren esa fecha, la tienen marcada en su calendario.

Anunciaron una cartelera a lo sumo interesante. Un caballista portugués que, viéndole actuar sobre las jacas toreras, es un crack, como Cristiano lo es para el fútbol en tierras lusitanas. Y dos mexicanos que, no cabe duda, están llevando el peso en el relevo generacional en el rejoneo del país. Fauro Aloi cortó una oreja, la única de una jornada entretenida y de nota sobresaliente, hasta que apareció el prietito en el arroz, y Tarik Othón encantó con su toreo joven, refrescando la sangre.

El europeo Joao Ribeiro Telles, una pena, se fue con las manos vacías por fallar con el rejón de muerte en dos toros, y cuando se aprobó que regale el que las había de reserva, mala pata la suya y la de quienes esperaban verle triunfar, se estrelló en un burladero y se partió el pitón. Se armó la de Troya entonces porque no encontraron la forma de regresar el toro a corrales, y cuando acordaron que lo mate el subalterno, éste se fue con muleta y estoque, pero no a despachar al toro, sino a torearlo, desobedeciendo las indicaciones de la autoridad que ya decidió que “El Yiyo”, como se conoce al subalterno, no toreará en la Mérida otra vez por no acatar la disposición de los comisionados.

Decía don Russell Gutiérrez Vales de salida que, efectivamente, no se tiene que llenar de orejas la espuerta de los actuantes para que sea una corrida de interés.

Que haya habido solo una fue un saldo bajo para lo que se vio en el ruedo. Voluntad hubo, capacidad igual. Materia prima, digamos que también, pero igual habría que decir que a los seis castaños de Enrique Fraga les faltó un poco de presencia (justitos en kilos) y una chispita de transmisión.

Ribeiro Telles había dicho en los previos que saldría con la ilusión al tope, y pues se vio que disfrutó cada lance que intentó ante la cara del toro. Su doma es de primera figura, clava banderillas con quiebros que, si fuera Hermoso de Mendoza, hubieran reventado de aplausos, torea con los caballos entregando siempre el cuerpo.

Los tiempos cambian y quizá por ello las plazas de toros ahora son difícil de llenar, ante tantas opciones de esparcimiento que se tienen en las grandes ciudades, como Mérida.

De allí que, siempre, los toreros tengan que poner ese extra, como pelearon ayer Aloi y Othón en cada suerte. Pulcro, asentado Aloi, gustándose y gustando, y emocionante Othón, especialmente en esos encuentros de larga distancia hacia el mero cruce de caballo y toro.

Y mención especial los Forcados Amadores de Aposento de Chamusca, Portugal, con seis pegas, tres de ellas al primer intento. Si te rompe el toro la casaquilla o te lanza por el aire, será porque el intento se hizo, y eso vale más que todo. El poner a la plaza a comerse las uñas por la sensación de peligro, es cosa que no tiene precio. Las sensaciones de la Fiesta…

Se viene un año interesante para los toros en la Mérida. Apuesta grande en lo que sigue, con la corrida del aniversario dentro de 27 días, con Macías, Joselito y Roca Rey.

Por Gaspar Silveira Malaver.

Publicado en el Diario de Yucatán

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