Cristina Sánchez: “El neofeminismo destruye todas las conquistas de la mujer”

Fue la primera mujer torero en confirmar la alternativa en Las Ventas, en plena Feria de San Isidro hace ahora 25 años. Mediática, solidaria e inquieta, su activismo se reparte en varios frentes: combatir el neofeminismo y defender la tauromaquia. Ardua batalla.

Por Zabala de la Serna. Fotos José Ayma.

Le decíamos «torera» y ella quería oír «torero». Hace 25 años -12 de mayo de 1998- pisaba la tierra prometida del ruedo más importante del mundo como matador de toros. Cristina Sánchez se convertía en la primera mujer que confirmaba la alternativa, aquella que le bisbiseó Curro Romero en Nîmes dos temporadas antes: «El toreo es acariciar, y las mujeres acariciáis mejor que los hombres». Otro Curro, Vázquez, le cedió los trastos en la plaza de Las Ventas, que ya sabía de su nombre. De novillera fue la primera mujer en abrir la Puerta Grande. Cristina, siempre la primera. Hoy, vive entre proyectos solidarios, cursos de programación neurolingüística y un activismo hiperactivo contra el neofeminismo feroz.

¿Qué se siente como eterna pionera?

En realidad son los pasos a seguir en la profesión de cualquier torero. Yo no emprendí una carrera por ser la única, la primera y todas esas cosas. Empecé por pura vocación, y desde ahí el camino consistía en ir subiendo todos los peldaños: novillero con caballos, alcanzar la alternativa, confirmarla y entrar en el circuito para competir con todos los profesionales. Sé que para la gente sigo siendo algo estadístico, pero lo asumí con normalidad precisamente para normalizar el papel de la mujer.

Sigue siendo una conquista admirable, diga lo que diga su humildad.

Hasta que no adquieres la perspectiva que da el tiempo, no tomas conciencia. Indudablemente me siento orgullosa. Fue un importante abrir camino a esas mujeres. Hoy por hoy ese camino ya está abierto. No hay nada ni nadie que impida a una mujer dedicarse al mundo del toro. El toro, que carece de prejuicios, es el mayor juez. Ese fue mi juez: el toro y no el hombre. Si cuentas con las condiciones para rendir la gloria, no hay trabas. Toreé cientos de novilladas y corridas de toros con todo tipo de compañeros. Mi gran handicap fue la irregularidad con la espada.

Y, sin embargo, en su perfil de wikipedia aún figura la denuncia de haber sufrido vetos por determinados toreros.

No voy a negar la evidencia, sería absurdo y torpe. Sí, hubo algunos. La prensa me persiguió para que revelara los nombres. Incluso me ofrecieron grandes cantidades de dinero. Nunca me ha interesado ese debate. Quería triunfar sin especular con la condición de mujer. Que es lo que hoy sucede mucho. Pisé todas las ferias. Poca gente sabe que toreé 33 corridas en un mes de agosto. Mis números no se justificaban por el sexo, sino por la profesionalidad. Cuando perdí la confianza en la espada, salí de esa élite con la que me estaba codeando.

¿Qué recuerda de la tarde de la confirmación en Madrid en pleno San Isidro?

Flaqueo siempre de memoria. Pero de ese día recuerdo todo. Andaba la gente por la mañana a ver si no sorteaba… Por la tarde me echaron tres toros para atrás. Paré hasta cinco toros. Fui feliz al lado de Curro Vázquez y Julio Robles, a quienes idolatraba desde niña. La pena fue la espada. Ahí me cambió todo. Llevaba una inercia muy buena. Se me abrieron todas las puertas del planeta. Rodaron documentales sobre mi figura en Estados Unidos, en Suecia -lo presenté en Estocolmo-; he estado en Italia, Alemania, Chile, Argentina… Muchos países donde no hay toros. Hoy no sería igual. Los medios de comunicación rehúyen de todo lo que tenga que ver con el toro aunque seas una mujer. El mismo feminismo de ahora lo hace.

Hablemos del neofeminismo. Usted es tremendamente activa en redes y muy beligerante contra esta deriva virulenta del feminismo.

No sólo no han hecho nada, sino que están destruyendo lo que durante muchos años hemos logrado las mujeres, nuestra mayor conquista, que es caminar en igualdad con el hombre. A lo único que aspiran es a fusilarlo. Lo detesto. No soporto que me dirijan. Ni que me digan cómo, cuándo y con quien debo o puedo tener relaciones. Y discrepo mucho de la pretendida paridad que deja en inferioridad de oportunidades al varón. El derecho de la mujer, que debe mostrar su valía, nunca puede crear una desventaja para el hombre. Ni viceversa, evidentemente. Eso se aleja un abismo del verdadero feminismo. Lo han deconstruido.

¿Prescindiría del Ministerio de Igualdad?

Según está planteado hoy, sí. Es nocivo para el feminismo. Lo rompe. Carece de identidad. Desconocen lo que hay que luchar para alcanzar un puesto de trabajo por méritos propios. Su desconocimiento es absoluto. Por lo que dicen y, lo que es peor, por lo que hacen.

Hablemos de la Ley Trans.

Imagínese. Otro retroceso. El deporte femenino se lo están cargando. Me parece una barbaridad. Y nadie pone pie en pared a esta banda de indocumentadas e indocumentados. Es lamentable y muy peligroso.

El último 8-M vimos una campaña del Pacma que mezclaba animalismo y feminismo. El eslogan ‘Por un feminismo sin distinción de especies’ ilustrando la foto de una vaca y una mujer suponía un peldaño más en la degradación.

Una broma. Sin gracia. Todo en el mismo saco con un único ingrediente común: la ignorancia. Desconocen el campo, degradan a la mujer. Carecen de identidad. Y cuando una persona carece de ella no sabe quién es, lo que es y lo que persigue. Pues esta gente hace leyes…

La mujer rural.

Cuando ideologizas el feminismo, cuando haces del animalismo una ideología, los haces excluyentes. Me gustaría saber si han contactado con alguna mujer del mundo del toro. Con una mujer torero. Yo lo soy. Nunca me han llamado. Ni me consideran. Abanderan el sectarismo, y ocupan un Ministerio. Que no es peccata minuta.

Política y toros, mala cosa.

Todo lo que se politiza va mal. El toreo siempre fue un arte transversal. Aquí cabíamos todos. De derechas, de izquierdas. Nunca nos planteábamos qué eras, si rojo o azul. Pero cuando determinados partidos atacan a nuestro sector, te obligan a posicionarte. No renunciaré nunca, sin embargo, a la idea de que el toreo es del pueblo. La cultura es del pueblo. Y el toreo es cultura. Lo quieren en otro envase para aniquilarlo. La pena es la parálisis permanente de la industria taurina.

La Fundación Toro de Lidia es clave. Usted se desligó.

Vital. Trabajé cuatro años en ella. De manera absolutamente altruista. Se logró lo impensable en plena pandemia: unir al sector. Fue un buen primer paso. Para mejorar la estructura, la comunicación, la relación con las Administraciones. Ahí se quedó. No se dio el segundo paso. La Gira de Reconstrucción con Movistar Plus y los certámenes de novilladas con las comunidades adquirieron una importancia transcendental. Pero no puede ser sólo eso.

Trabajó durante años en la televisión de Castilla-La Mancha, luego en Canal Toros. ¿Qué papel juega la televisión en los toros?

Es el ojo del mundo. Y un soporte económico necesario en una industria sin atípicos. Las televisiones autonómicas entran en las casas con el toreo de una manera natural, en abierto. Suponen un caldo de cultivo vital. Para las nuevas generaciones. Su presupuesto, sin embargo, es el que es.

Lo natural es que los toros, el segundo espectáculo de masas de España, habite en los medios…

Ahora le das un premio al periodista que en una televisión en abierto se atreva a informar sobre la tauromaquia. Lo de TVE es indignante. Su silencio pasa a ser censura cuando obvian un hito como el de Morante. La Fundación ha hecho bien denunciando.
Mujer mediática vinculada a proyectos solidarios. Toda la vida. Trabajo en la Fundación Aladina. Más de lo que yo doy, es lo que a mí me reporta. Vivimos en un mundo con mucho ruido, sin solidaridad, ni empatía. Si alguien cae, se le pisa. Todo sucede a gritos.

Reapareció en Cuenca, puntualmente, en 2016, entre Ponce y El Juli, por un proyecto solidario.

Fue el día más bonito de mi vida. Prepararse para una sola corrida es como prepararse para una temporada entera. Mis hijos no me habían visto torear. No quise ser madre hasta que no me retiré. Así que fue enseñarles en modo práctico las lecciones de valores de las que tanto les hablé. Desempolvé el torero, los miedos, incluso el dolor. Se me había olvidado lo que duele torear. El dinero fue para la Fundación de Oncohematología del doctor Madero, en el Niño Jesús. Y salí a hombros con El Juli.

¿Por qué sigue siendo tabú la salud mental, tan en boga en la sociedad actual, en los toros?

El toreo es mundo actual, pero siempre lo apartamos. Deberíamos estar en la sociedad de otra manera. Un terapeuta es como un preparador físico. ¿Quién contrataba a un preparador físico en los años 60? Nadie. Hoy todos los toreros tienen uno. Pues se necesita también quien alinee la cabeza. Un torero soporta un estrés brutal que no sabe digerir. Ojalá yo hubiera contado con uno en mis tiempos. Usamos la cabeza sólo para el toro. Ahora buceo en la PNL.

¿PNL?

Programación neurolingüística.

Caray. No para.

He vivido bajo una exigencia que me enseñó que cuando las cosas no salen es un fracaso. Una exigencia propia. He sido muy dura conmigo misma. Perseguir el sueño de ser torero trajo que me olvidase como mujer. Viví siempre al límite. Cuando me retiré, fui consciente de que había perdido mi identidad. Y tuve que reinventarme, reintegrarme en la sociedad. La PNL me da herramientas.

¿Le motivan las charlas motivacionales?

A la juventud la hemos desmotivado con un aluvión de informaciones negativas sobre su futuro. Tanto, que renuncian a luchar.

Apodera a una mujer torero, Raquel Martín. ¿Se ve en ella cuando empezaba?
De alguna manera. Siempre es bonito.

¿Es tan dura como fue su padre con usted?

Ni mi padre ni yo somos duros. Dura es la profesión.

Publicado en El Mundo

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