Así vio la prensa la actuación de Isaac Fonseca en Las Ventas de Madrid.

Isaac Fonseca regreso a Las Ventas en uno de los carteles de más expectación de la feria de otoño de Madrid y que puso el cerrojazo de su temporada 2023. Así vio la prensa su actuación.

De SOL y SOMBRA.

EFE- Javier López: Uno de los más completos fue el tercero, un buen ejemplar de Toros de Cortés con el que Isaac Fonseca, valiente a carta cabal y muy generoso con el astado, sin embargo, evidenció sus carencias artísticas.

Porque toreó bien el mexicano de capote y hasta llevó la congoja al tendido cuando, de rodillas, se lo dejó venir de largo en la apertura de faena para, sin moverse ni un centímetro, pegarle un escalofriante cambiado por la espada. Pero en lo fundamental faltó un plus más de apuesta, porque, por mucho que le ligó los muletazos por uno y otro pitón, aquello no pasó de correcto.

Y más o menos lo mismo con el “anovillado” sexto, aunque este si tendía a meterse más por los dos pitones, lo que propició que en una de las primeras tandas le pegara a Fonseca una voltereta de espanto, prendiéndose nuevamente en el suelo por la chaquetilla en unos momentos de verdadera angustia.

Con la plaza sobrecogida de más -parecía que nunca habían visto una voltereta- el mexicano, con la cara y el vestido totalmente ensangrentado, aprovechó ese fervor para sacar a relucir su toreo más tremendista. Y es que a corazón pocos le ganan a este torero, que hace lo sabe hacer y no engaña a nadie.

Carlos Ilián – Marca: El mexicano Fonseca tuvo enfrente las dos versiones del toro de lidia, el primero de Cortés, para hacer el toreo, para consagrarse. Pero el chico, queriendo estar a la altura, se perdió entre muletazos muy despegado, tirando líneas. Se le había ido el toro que todos sueñan encontrar en Madrid. La otra cara la del manso a tablas la enfrentó en el sexto. Y en ese toro vivió un trance angustioso al ser volteado y luego embestido con saña en el suelo. Estuvo a merced del toro que lo zarandeó introduciendo el pitón por la chaquetilla. Un milagro que ese pitón no encontrara carne. El chaval salió del trance con la cara ensangrentada pero vivo y entre muletazos, exponiendo ante el manso, cerró una actuación en la que el valor no tapó las carencias.

Patricia Navarro – La Razón: Isaac Fonseca pegó una larga cambiada en el tercio en el intento de despertarnos del letargo en el tercero. Se echó el capote a la espalda después con los mismos mimbres en un “aquí estoy yo”. Y todo iba bien encaminado con un animal de Toros de Cortés, que tenía prontitud y mucha largura en el viaje. Con él se había desmonterado Juan Carlos Rey tras parear. El problema fue cuando llegó la hora de la verdad. Justo después de brindar a la infanta Elena, que ocupaba una barrera de la plaza. Hubo un pase cambiado por la espalda de rodillas de infarto y después mucho intento de toreo, de largo, pero todos los muletazos cogieron el camino erróneo a la profundidad: tan ligado como por fuera y rápido. Y entonces lo que pudo ser una apoteosis acabó en un intento fallido de reconquista. Y el toro, con su querencia con rajarse, lo tenía dentro.

Volvió a nacer en el sexto. La cogida que sufrió Fonseca fue de las que dejan sin respiración. Impensable que saliera ileso, en apariencia y pudiera continuar. Cambió el ánimo de la plaza en la faena, a pesar de que tiró por el camino del tremendismo más absoluto en la plaza que se presupone más seria.

Pla Ventura – Toros de Lidia: Es cierto que, Fonseca era esperado en Madrid en una corrida que se había ganado a pulso tras su triunfo en la Copa Chenel. Imagino sus ilusiones y las comparto. Claro que, una cosa son las ilusiones y otra muy distinta la realidad que nos toca vivir. Y, Fonseca, en el día de hoy ha vivido una tarde en la que hay que resaltar la suerte que ha tenido en la cogida que ha sufrido en su segundo enemigo; el toro le ha prendido por el muslo, le ha lanzado al aire y, una vez en el suelo le ha metido el pitón por la espalda pero, el toro se ha contentado en romperle la chaquetilla y ahí volvió a nacer.

Su primer enemigo de Victoriano del Rio le ha ofrecido muchas posibilidades porque era noblón, sin el menor peligro y con un gran recorrido en sus embestidas. Fonseca ha estado tesonero, con una voluntad de hierro pero, es una pena, se le ha ido el toro en el vacío de la nada como antes decía. Era su tarde soñada y se habrá marchado al hotel con la sensación de fracaso y, a su vez, con la dicha de salir ileso del trance que antes comenté. Convengamos que, el azteca ha dado todo lo que tiene, nada ha dejado por hacer pero, tras matar a su enemigo en la plaza ha quedado ese ambiente de tristeza por parte de los aficionados que querían premiar al diestro pero que, él solo lo ha impedido al no entender al animal que tenía delante. Se segundo era más complicado y Fonseca se ha empeñado en hacer lo mismo que en el toro anterior y, por ahí ha llegado la cogida. Lo que si ha quedado claro es que Fonseca, en lo sucesivo, tendrá que apuntarse a las corridas encasadas porque como le salga otra como la de hoy en Madrid, su futuro puede ser muy negro.

Gonzalo I. Bienvenida – Aplausos y El Mundo: En tercer lugar salió un toro de Cortés, muy serio y amplio en todos los sentidos. El mexicano estuvo muy entregado y decidido después de brindarle la faena a la Infanta Elena, que presenció la tarde desde una barrera. Dándole mucha distancia lo citó de largo empezando la faena de rodillas pasándoselo por la espalda. Cuando acortó distancias parte del público se había posicionado a favor del toro y precisamente fue cuando le enganchó la muleta varias veces ensuciando la faena. Trató de remontar por bernadinas de nuevo dando distancia. Mucho riesgo y poco eco. Estocada desprendida. Silencio tras aviso.

El sexto era un tanque de Victoriano del Río con una alzada y un volumen tremendo. Isaac Fonseca salió resolutivo, con afán de dar la vuelta a la tarde. El toro apuntó una movilidad que creció en el tercio de banderillas y embistió sin mucha clase en la muleta, pero obedeciendo. Le pegó una fuerte y angustiosa voltereta, un auténtico palizón, recibiendo varios derrotes en la espalda siendo arrastrado por la arena, al ser prendido por la chaquetilla. Finiquitó por manoletinas, de nuevo pasando la embestida muy cerca. Estocada de la que salió trompicado y descabello. Saludos tras petición.

Sixto Naranjo – COPE: No entraba por los ojos el primero de Victoriano del Río con el hierro de Toros de Cortés. Muy abierto de cuerna y de agalgadas hechuras. Isaac Fonseca salió a por todas desde que se abrió de capote. Vistoso y vibrante con el capote y después, inteligente al ver la alegría en el viaje que mostró el toro del hierro madrileño. Hubo ligazón y temple, pero a las series les faltaba la reunión necesaria que Madrid demanda para que aquello cruja de verdad. Todo fue a menos después, toro y faena.

Para cerrar la ‘Escalera de la Hispanidad’, el sexto tuvo más kilos que seriedad por delante. Lamentable lo que salió por chiqueros. Fonseca esta vez tiró de lo que mejor sabe hacer. Su arrojada verdad ante un animal que tuvo más movilidad que entrega. La entrega la puso el azteca, que fue volteado de forma espectacular en el centro del ruedo. Un milagro que el pitón no calase en la anatomía del torero. Los más jaraneros comenzaron a gritar ‘torero, torero’ de forma totalmente extemporánea y excesiva. Tras la estocada hubo una leve petición que dejó todo en una ovación de despedida.

Antonio Lorca – El País: Apareció el mexicano Isaac Fonseca con una larga cambiada de rodillas en el tercio y lances a la verónica con el tercero, quitó a continuación por saltilleras, brindó a la Infanta Elena, y se plantó de rodillas en el centro del ruedo con dos pases cambiados por la espalda. Lució al codicioso animal al citarlo de lejos hasta en cuatro ocasiones y muletearlo con entrega, celeridad y escasa profundidad entre la indiferencia de un público más pendiente de las protestas y los vivas a España. No se desanimó el torero y continuó por derechazos limpios y unas bernadinas ceñidas para que su labor, injustamente, fuera silenciada.

Con otra larga de rodillas recibió al anovillado sexto y una tanda de vistosas chicuelinas. Brindó al público, comenzó por alto, dos pases cambiados por la espalda y derechazos templados sin que nadie le hiciera caso. Ahí fue cuando sufrió un espectacular volteretón, el toro lo encunó por una de las piernas, lo buscó con saña en la arena, le introdujo el pitón izquierdo por debajo de la chaquetilla y el zarandeo fue largo y dramático. Manchado de sangre -del toro, por fortuna- se levantó desmadejado, y entonces, sí, la plaza lo animó con gritos de ‘torero, torero’, que tampoco era el caso. Siguió envalentonado por manoletinas, acabó de una estocada perpendicular y quedó la impresión de que su labor no había sido justamente reconocida por la plaza.

Emilio Martínez – Diario Crítico: Por desgracia el único momento de emoción fue la espectacular voltereta del mexicano en el último: zarandeado y perseguido con saña por el bicho, cuyo pitón derecho le atravesó la chaquetilla sin herirle. Fonseca, apalizado, hecho un ecce homo y con la faz ensangrentada, derrochó testosterona para hincarse de rodillas y jugársela de nuevo mientras al público, en pie, se le ahogaba el corazón. Parte del cual pidió una oreja inmerecida por el resto de la una faena vulgar aunque con enorme entrega.

La que mostró, con la variedad capotera, toda la tarde sin perdonar un quite en los de su lote y en su turno en los de Talavante. Pero con valor y disposición máxima aún no basta en la cátedra venteña, ya que hay que torear mandando en la embestida, sin la ventaja del pico y rematando detrás de la cadera. Y así se le fue el único animal con presencia y cierta codicia su primero, que se salvó de la quema.

Rosario Pérez – ABC: «¡Torero, torero!», tronó cuando Isaac Fonseca enseñó su raza en el sexto después de una dramática cogida, con el pitón atravesando la chaquetilla. Un cuadro de espanto que luego sería el del milagro de volver a nacer. Sin mirarse, con la cara ensangrentada, regresó con un arrojo que conectó con los tendidos. Cada vez más rajado Verbenero; cada vez más bravo el espada, que se tiró a matar con rectitud. En saludos quedó la recompensa, pero se ganó el respeto de Madrid. Como se lo ganó con los palos un soberbio Juan Carlos Rey frente tercero, el más chico, el más codicioso y el más embestidor, Bolero de nombre. Tuvo el de Morelia la generosidad de lucirlo en los medios en las distancias largas –y la listeza de cambiarlo de terrenos cuando quiso pirarse a chiqueros–, aunque luego el público no sería tan generoso con el torero, más dispuesto que cuajado. Y es que César sólo hay uno.

Fernando Fernández Román – República: El toro de Cortés, “Bolero” de nombre, fue el toro de la corrida, el que más y mejor apretó en varas, el más bravo y encastado, acudiendo con alegre movilidad a la muleta de Fonseca en una faena donde se vieron pases largos y templados, bien ligados, con el torero bien encajado, entre una censura sonora y terrible. Fonseca no es un exquisito, cierto es; pero no merecía el desprecio que “atesora” la mentecatez de una afición definitivamente desnortada y a la deriva, provocando además la desmesura de un trasteo rematado con una estocada defectuosa, propiciando el sonido de un aviso. Por tanto, ¡ahora o nunca!, debió pensar el muchacho de Morelia. Y se fue para el toro como un jabato, tirando su moneda a cara o cruz.

Sin embargo, este colorado era un barbián de siete suelas, por lo cual, el arrojo del torero –nunca reconocido– acabó en una cogida espeluznante. El toro lo prendió horriblemente, lanzándolo al aire, haciendo un ovillo de nácar y oro por el suelo, restregándolo por la arena y metiendo el astifino caramelo del pitón por el espaldar de la chaquetilla. Unos milímetros más profundo el derrote, y le saca las entrañas al muchacho. Volvió a la cara del toro con la suya ensangrentada por la de la bestia, y siguió toreando de rodillas, asómbrense, ¡con una sonrisa en los labios! Todo esto provocó que el resto del público –los del miáu no cuentan—se pusiera en pie y le tributara a este Fonseca una delirante ovación –¡viva México, carajo!–, como si quiera demostrarle su admiración y respeto, que es lo mínimo que debe primar en una plaza de toros de supremo rango, como la de Madrid. Pues, nada: palmas de tango. Entró a matar o a morir Fonseca y la espada se atravesó, desluciendo tan dramático final. Cuando descabelló al primer intento, aún sonaron, además de un aviso, más palmas de tango. Ni siquiera le permitieron dar la vuelta al ruedo.

Deja un comentario