Por Javier Lorenzo.
Roberto Domínguez le echó leña al fuego cuando ya se han cerrado las contrataciones en las grandes citas del inicio de curso, con Luque como gran damnificado. Es sabido que los tentáculos de Roca fueron más allá de sus carteles.
Llamó la atención que con Luque en el paredón, Roca mostrara ahora su deseo de entrar como si nada en Arles, plaza de primera regentada por Juan Bautista, apoderado de Luque, y donde reina el torero de Gerena —como en el resto de Francia— por sus méritos en el ruedo.Ahí manda y el dinero es para él como para el que más. Roca envía ahora un órdago con cara de niño bueno culpando a Luque de que le impone sus condiciones. ¿Acaso esperaba que Luque le pusiera la otra mejilla en Arles? ¿Otal vez encontarse a un lobo con piel de cordero? Es curioso que ahora le lance el reto para septiembre, cuando la temporada ya esté casi vencida, cuando Luque y el toreo entero desea verlos cara a cara en los mejores escenarios ya y como gran atractivo de un año en el que los alicientes llegan entre alfileres. Entre otras cosas porque al toreo le faltan rivalidad, competencia y piques como éste que vayan más allá de los comunicados y de las acusaciones fuera del ruedo. Ahí, en el ruedo, y delante del toro, es donde los toreros dirimían siempre sus cuestiones, su orgullo, su estatus de figura, la corona, el trono del toreo y, claro, su parné. Eso, cuando el triunfo y la sangre en el ruedo tenían valor y se cotizaban al alza en una bolsa que hoy está más devaluada que nunca.

A Roca el veto se le ha vuelto del revés. Y con el último comunicado, más. En ese vis a vis, venció Bautista a Domínguez. ¿Teme ahora Roca que el veto a Luque le pase factura en la temporada en Francia en la que queda señalado ¿Teme Roca que el sabido veto se le vuelva a la contra con los públicos en España?
A día de hoy, es evidente que el peruano es el torero que mueve a más público; igual que Luque tiene más predicamento entre los aficionados, minoría respecto a los primeros. A Roca le falta la contundencia y autoridad que tiene en la plaza Luque como éste carece del mando que Roca tiene en las taquillas. De ahí que las empresas se doblegaran a sus exigencias de Andrés en las primeras contrataciones del año. Es otra evidencia que Roca Rey bajó el pistón en 2023 y que de Pamplona en adelante ya no llenó las plazas como antes, comenzó a tambalearse y llegó fundido al final del curso, de triunfos y de mente. A Luque, con una campaña aplastante, solo le paró un toro en El Puerto de Santa María en agosto y aún así resolvió con autoridad, renqueante y mermado, citas clave de la última parte de un año que en otra época le hubiera consagrado como máxima figura.
Dice Roberto Dominguez que «nadie puede obligar a un torero a estar donde no quiere». Tampoco a nadie a ponerse delante de un toro. Por eso solo los toreros son capaces de hacer lo que muchos mortales solo pueden soñar. Y como de soñar se trata esas cuestiones personales entre dos toreros el aficionado, que es el que paga, recuerden, sueña con ver cómo se dirimen en la plaza. Ese duelo en lo alto, en un coso relevante, sería el revulsivo efervescente que le falta a la temporada y al toreo. La guerra de comunicados está bien para enredar el invierno. A la afición le da igual que se hablen o que no, que se arreglen o haya acercamientos fuera de la plaza, lo que quiere es verlos en plenitud en la plaza y, si es juntos, mejor que mejor. Que lo arreglen y que se citen ahí, en el ruedo y manden al carajo las acusaciones y los comunicados.
Publicado en La Gaceta de Salamanca





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